Silencio en Ciudadanos

Silvia Clemente ha logrado en un acto apiñar a todo el PP en torno a Fernández Mañueco y evidenciar las enormes debilidades del partido naranja en Castilla y León

Luis Fuentes y Albert Rivera, con Silvia Clementes en un imagen de 2015./Gabriel Villamil
Luis Fuentes y Albert Rivera, con Silvia Clementes en un imagen de 2015. / Gabriel Villamil
ÁNGEL ORTIZ

La tarde del jueves pasado, después de la dimisión a mediodía de Silvia Clemente, expresidenta de las Cortes, y de que causara baja en el PP, ganó fuerza la especulación de que la política segoviana podría acabar en las filas de Ciudadanos. Obviamente, como cabeza de alguna lista. Varias veces respondí a preguntas sobre el tema de compañeros y otras personas con las mismas palabras: sería una locura. Por muchos motivos.

Luego pudimos comprobar, sobre todo fruto del silencio reinante en el partido de Albert Rivera, que la cosa iba en serio. Desde hacía días circulaba por las redacciones de Valladolid la foto de un encuentro de Clemente en un bar de Delicias con un alto cargo del partido naranja. Pero algunos pensamos que algo tan insólito no podía promoverse, a mayor abundamiento, mediante una ridiculez tan cutre como esa supuesta foto robada. Quien la hizo y se ocupó de distribuirla bien pudiese estar a sueldo del Partido Popular, el gran beneficiado no tanto de la marcha de Clemente –eso está por ver– como de las maniobras orquestadas en el seno de Ciudadanos para proponer su fichaje o, lo que es peor, del mutismo de sus responsables.

Sin entrar a valorar la decisión y aspiraciones políticas y personales de Silvia Clemente, legítimas y respetables por supuesto, lo cierto es que en un solo acto ha logrado dos cosas: apiñar como nunca a todo el Partido Popularen torno a Fernández Mañueco y evidenciar las enormes debilidades de Ciudadanos en Castilla y León. Centrémonos en la segunda. Un partido no es una empresa. Ni un club de petanca. Es una organización entrenada para conquistar ámbitos de poder y transformar la sociedad sobre la base de un proyecto político, unos principios y un método que, en democracia, debe ser también democrático. Para alcanzar estos objetivos son imprescindibles fuertes liderazgos personales. Suficiente gente valiosa que tire del carro, que sirva de referencia, que cree cultura –las cosas en este partido se hacen así– y asuma riesgos.

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Pues bien, ignoro si en otras situaciones ha sido necesaria la intervención del líder, pero el jueves pasado un portavoz autorizado de Ciudadanos –salvo que desearan de veras verse inmersos en esta división interna– debería haber zanjado el 'caso Clemente' de un hachazo. Con algo del tipo: «No descartamos que un referente político como la expresidenta de las Cortes pueda algún día formar parte de nuestra organización, pero Ciudadanos lleva trabajando toda la legislatura en una propuesta de regeneración política con una serie de personas por todos conocidas que son las que, de manera natural y lógica, deben defenderla. El electorado de Ciudadanos no aceptaría ni comprendería que plegáramos nuestros principios al oportunismo electoral, mucho menos con alguien que hasta hace unas horas representaba precisamente el perfil del cargo del PPque nosotros queremos superar».

Si Luis Fuentes, principal responsable del partido en la región, hubiese dicho algo así, o parecido, militantes, simpatizantes y votantes de Ciudadanos hubiesen recibido un mensaje claro, coherente, preciso. Pero Fuentes se escondió. Sigue escondido.

De hecho, la tercera consecuencia de la abrupta salida de Clemente es que ha puesto de manifiesto que a Ciudadanos Castilla y León le falta un timonel y unas cuantas cartas de navegación. ¿Qué puede ocurrir a partir de ahora? Pues si el 'caso Clemente' no se cierra de manera razonable, tranquila, pero también radical y definitivamente, me temo que pasarán muchas más cosas buenas para el PP y para el PSOE que para Ciudadanos. Porque, a partir de este momento y teniendo en cuenta el bochornoso espectáculo que han dado como partido, ¿a qué debe atenerse en esa formación cualquier candidato que opte a una alcaldía, a procurador, a diputado, a senador? ¿A que, de la noche a la mañana, alguien en algún sitio decida, no se sabe muy bien cómo ni con qué respaldo ni por qué motivos, que un fichaje estrella podría ser quien capitalice años de sacrificio y trabajo en la trinchera? Ciudadanos tiene un problema gordo a pocas semanas de dos importantes citas electorales. Y lo tiene en una comunidad sin la que nunca podrá convertirse en una alternativa seria de gobierno.