La Santa Sede mantiene bajo secreto pontificio la investigación sobre los abusos del cura leonés del Barco de Valdeorras

Comparecencia del obispo de Astorga. / Campillo

El obispo de Astorga asegura que dará cuenta de las conclusiones y lamenta el caso de abusos destapado en Carrizo a la par que defiende la actuación de la Diócesis de León

a.cUBILLAS
A.CUBILLAS Astorga

El obispo de Astorga, Juan Antonio Menéndez, ha lamentado este lunes el nuevo caso de abusos sexuales que ha salpicado a la Iglesia leonesa tras la detención de un sacerdote de Carrizo junto a su hermano acusado de abusos sexuales a una persona con discapacidad.

«Es una triste noticia», señaló Menéndez, que defendió la actuación de la Diócesis de León, que suspendió provisionalmente de sus obligaciones eclesiásticas al sacerdote. «Ha actuado como se debe actuar», a la par que ha hecho alusión a la presunción de inocencia y a los derechos de defensa.

Unas declaraciones enmarcadas en la rueda de prensa que el obispo de Astorga ofreció para dar cuenta del resultado de la investigación en torno al sacerdote José Manuel Ramos Gordón, que concluyó la comisión de abusos sexuales a un menor durante su etapa de educador en el colegio Juan XXIII de Puebla de Sanabria.

Precisamente, un segundo sacerdote de la Diócesis de Astorga está siendo objeto de otra investigación que, según señaló el obispo, está «bajo secreto pontificio». Se trata de Ángel Sánchez Cao, hoy sacerdote de la localidad gallega del Barco de Valdeorras, al que se le acusa de abusos sexuales durante su etapa en el Seminario Menor de La Bañeza.

Fue Emiliano Álvarez, exseminarista que tras destaparse el caso de Ramos Gordón cursó una denuncia con el único objetivo de cerrar una herida que se abrió cuando tan sólo tenía 10 años, una herida herencia de los abusos cometidos, según ha denunciado, por Cao.

«Nunca le he podido olvidar»

«Aún le recuerdo, con sus gafas doradas, con el pelo rubio. Nunca le he podido olvidar», relató Emilio Álvarez a leonoticias durante una entrevista previa a la manifestación que acogió Astorga para denunciar los abusos ocurridos en el Seminario de La Bañeza.

El padre Ángel, en realidad, era un demonio para los seminaristas. Utilizaba una linterna y buscaba sus víctimas a lo largo de un gran dormitorio. Allí, con impunidad, metía la mano bajo las sábanas.

Había quien además era llevado a los cuartos de los curas cuando el resto de sus compañeros dormía. «Te ponía la linterna en los ojos, te bajaba el pijama...», ha recordado el exseminarista.

A aquel cura le llamaban 'cola-cao' y sus abusos «eran conocidos por todos, pero nadie decía nada. Confiabas en esas personas y te hacían esto. La noche que te tocaba a ti era toda una vergüenza y no levantabas la cabeza al día siguiente».

Hoy pide «justicia y memoria histórica. Que se investigue todo lo que ha pasado y que nos dejen vivir tranquilos. Saben lo que hicieron. Yo no reconozco la autoridad del Papa, por eso no he enviado ninguna carta. Lo que sucedió entonces nunca más debería ocurrir», ha remarcado a leonoticias.

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