Javier Redondo, el «silencio cómplice» del horror del Seminario de La Bañeza, rumbo al Barco de Valdeorras

El obispo de Astorga, Juan Antonio Menéndez. /
El obispo de Astorga, Juan Antonio Menéndez.

Las víctimas lamentan que el obispo de Astorga, lejos de castigar, premie a uno de los que silenció los abusos en la Iglesia de León y que ahora sustituirá a Sánchez Cao en el Barco de Valdeorras

A. CUBILLAS
A. CUBILLASLeón

Javier Redondo, el vicario territorial de Ponferrada y Galicia asumirá las funciones eclesiásticas en el Barco de Valdeorras del sacerdote Ángel Sánchez Cao tras ser retirada por presunto abusos sexuales a menores en el Seminario Menor de la Bañeza.

Una decisión que ha causado un malestar entre las víctimas. Al fin de cuentas, Javier Redondo aparece en las cartas que, con el corazón en un puño y roto de dolor, Francisco Javier, el leonés que desveló los abusos en el Seminario Menor de La Bañeza, remitió al Papá Francisco.

Escritos en las que relataba el horror que vivió junto con su hermano gemelo a manos del sacerdote José Manuel Ramos Gordón y que durante décadas silenciaron los fríos muros del Seminario de La Bañeza.

Silenció cómplice como el de aquellos miembros de la Diócesis que lo supieron y callaron. Como, el de Javier Redondo, el tutor al que el hermano de Francisco le depositó una confianza que fue traicionada.

Carta al Papa Francisco

«La peor de las corrupciones, es la corrupción de lo sagrado, eso es lo que hizo su sacerdote José Manuel Ramos Gordón, corrompió el cuerpo y el espíritu de unos niños y corrompió su ministerio (quizá le importaba poco su sacerdocio), no le importó mucho más a los que supieron y callaron: Rev. Don Gregorio, Rev. Don Javier Redondo, Rev. Santiago Cadierno, Rev. Prudencio, el Vicario y el Obispo Antonio Briva.

Como ve Santidad, todos ellos. El actual obispo Mons. Juan Antonio Menéndez defiende al Rev. Javier Redondo diciendo que en el momento que tuvo conocimiento de lo ocurrido, hizo lo que tuvo que hacer, avisando al vicario y al obispo, que dirigían la Diócesis y que hoy, «han muerto».

En vez de hacer lo que debían le permitieron continuar un año más donde sé de primera mano que hubo más víctimas y al año siguiente lo desterraron a Tábara, para seguir poniendo a más niños en riesgo.

Sus cinco sacerdotes y su obispo encubrieron, permitieron, avalaron, ampararon que su sacerdote Ramos Gordón abusara de mi hermano y de mí repetidamente. Se iban a dormir siendo conocedores de los salvajes, atroces y crueles actos. Vemos como se repite en todo el mundo la IMPUNIDAD de los criminales de la iglesia y como usan estrategias hipócritas para justificarse».

«No le importó mucho más a los que supieron y callaron, como Don Javier Redondo (...) El actual obispo de Astorga defiende al reverendo Javier Redondo diciendo que en el momento que tuvo conocimiento de lo ocurrido hizo lo que tuvo que hacer, avisando al vicario y al obispo, que dirigían la Diócesis y que hoy han muerto», relataba Francisco Javier en una de sus cartas al Papa.

En una entrevista a leonoticias, José Redondo, que advertía que José Manuel Ramos «se ponía las botas en esos años», aseguraba que no era el último culpable del horror que vivió junto a su hermano y apuntaba también a los cómplices que callaron las vejaciones que se repetían cada noche.

«José Manuel Ramos Gordón corrompió lo sagrado, el cuerpo y el espíritu de unos niños. Pero tampoco les importó a los que lo supieron y callaron. Los cómplices fueron los más culpables de todo. Si ahora es difícil denunciar, en los años 90 era inviable. Además de decírtelo, te partían la cara. Tenías que cargar con el muerto y tirar hacia adelante», aseveró.

Pero su hermano sí sacó el valor suficiente para ponérselo en conocimiento a Javier Redondo, el por aquel entonces tutor de sexto de EGB, que también calló. Como él, los nombres y apellidos de más miembros de la Diócesis de Astorga que aparecen en las cartas remitidas al Vaticano y que fueron llamados a declarar en la Vicaría en el marco de la investigación pontificia.

Sin embargo, lamentaba en su día, ni trascendió ni tuvo consecuencias, «limitándose al pederasta». Y para muestra, la última decisión de la Diócesis de Astorga, que enviará al Barco de Valdeorras a Javier Redondo para sustituir a Ángel Sánchez, el segundo párroco leonés acusado de pederastia.