Más devoción y menos negocio en Lourdes

Dos peregrinas miran los recuerdos en una de las tiendas del santuario de Lourdes./LOBO ALTUNA
Dos peregrinas miran los recuerdos en una de las tiendas del santuario de Lourdes. / LOBO ALTUNA

El Papa nombra a un delegado para el santuario, que ante la pérdida de fieles hacía pasar por caja para todo a los peregrinos

DARÍO MENORCorresponsal. Roma

Más devoción y menos negocio. Ese es el motivo que ha llevado al Papa Francisco a nombrar a un delegado pontificio para el santuario de Lourdes, meta para católicos de todo el mundo desde que en 1858 en una gruta de este pueblo de los Pirineos franceses la Virgen se le apareciera en 18 ocasiones a la muchacha Bernadette Soubirous. El elegido es el obispo auxiliar de Lille, Antoine Hérouard, al que le tocará «acentuar el primado espiritual respecto a la tentación de subrayar demasiado el aspecto financiero y de gestión», según aseguró el Vaticano. El nombramiento de Hérouard fue anunciado el pasado jueves por el arzobispo Rino Fisichella, presidente del Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización, que desde enero hasta marzo ha estado estudiando la situación de Lourdes. Este punto de atracción mariana llegó a congregar a 6 millones de fieles al año en sus mejores momentos, pero lleva en crisis al menos desde 2012. Una serie de inundaciones, los atentados terroristas que sacudieron Francia y la competencia de otros santuarios, como el bosnio de Medjugorje, hicieron que comenzara a perder tanto visitantes como ingresos hasta acumular pérdidas de 10 millones de euros en los últimos años.

Habían llegado al punto de no dejar usar a los fieles más que las velas que vendían en su tienda

Para tratar de frenar la sangría financiera y suscitar de nuevo el interés de los peregrinos, Nicolas Brouwet, obispos de Tarbes y Lourdes, optó por darle un giro a su gestión, así que contrató en abril de 2017 a Guillame de Vulpian, exdirector de recursos humanos de la firma automovilística Renault en Francia. De Vulpian no tardó en cuadrar las cuentas, pero a costa tanto de los empleados (330 tiene ahora el santuario) como de los fieles. Los primeros vieron cómo se les multiplicaba el trabajo porque no se cubrían las bajas de los compañeros que se jubilaban, mientras que a los segundos se les obligaba a pasar por caja continuamente. El nuevo gestor incluso obligó a los peregrinos a que usasen sólo las velas a la venta en la tienda del santuario, donde se pueden encontrar todo tipo de productos de mercadotecnia religiosa. La operación realizada por De Vulpian no resultó indolora, ya que no tardaron en llegar las quejas de los responsables de las peregrinaciones. Se lamentaban de que se estaba poniendo por delante el aspecto empresarial respecto al valor espiritual que los católicos dan a este lugar.

El nombramiento como delegado pontificio de Hérouard, que seguirá siendo obispo auxiliar de Lille, va precisamente en esa línea. La misión de este comisario en Lourdes durante un tiempo determinado (aunque el Vaticano no ha indicado la duración) supone en la práctica que el obispo del lugar deja de tener autoridad sobre el santuario. Es una decisión «cuando menos extraordinaria», como señaló en un artículo 'La Croix', el influyente diario católico francés. El propio Hérouard reconoció en una entrevista en Vatican News, la página informativa oficial de la Santa Sede, que Lourdes ha atravesado por un período «difícil» debido a los problemas económicos y a la competencia de otros puntos de atracción mariana en Europa, por lo que pidió centrarse en la dimensión «espiritual y pastoral» para ser «más fieles a la misión, especialmente en la acogida a los enfermos, a los pobres y a los jóvenes». Andrea Tornielli, director editorial del dicasterio vaticano para las Comunicaciones, señaló por su parte que esta decisión se enmarca en la intención del Papa por «promover cada vez más la devoción popular que es tradicional en los santuarios».