Auge y caída del falso rey del cachopo

César Román, el rey del cachopo, saca un pedido de la cocina de la cocina de A Cañada Gastro Experience. /
César Román, el rey del cachopo, saca un pedido de la cocina de la cocina de A Cañada Gastro Experience.

César Román revolucionó la hostelería madrileña vendiéndose como asturiano. La fama del empresario creció al mismo ritmo que lo hacían sus engaños y estafas. Lleva tres meses desaparecido

JESSICA M. PUGA

La vida de César Román Virueta podría ser el argumento de cualquier sugerente libro. En sus páginas se podrían narrar éxitos empresariales, estafas, deudas pendientes y un aparente reinado con el cachopo -sí, el plato asturiano- como protagonista. El último capítulo de la rocambolesca historia del hostelero que revolucionó el sector en Madrid está por escribir. De momento, tiene el cadáver descuartizado de una mujer hallado en una nave alquilada por Román en el barrio madrileño de Usera y la desaparición del propio protagonista. El rastro de César Román se desvaneció el pasado 30 de julio y es lo que ha hecho saltar todas las alarmas. ¿Dónde está el rey del cachopo?

Lo que pasó durante su artificial reinado con el cachopo como esencia es una gran mentira. Hasta su procedencia es solo un embuste. César Román aseguraba ser vasco, si bien los documentos y su propia hermana le sitúan como madrileño.

Con Asturias no tiene ningún tipo de relación que se sepa, así que su preferencia y práctica por la cocina de aquí es más un resultado de inspiración divina que de conocimientos adquiridos. Hasta se presentaba como periodista y diplomado en Relaciones Laborales mientras seguía, ya de adulto, sacándose BUP.

Hay que remontarse a marzo de 2016 para hallar al rey del cachopo en la cúspide laboral... y vendiéndose como lucense-asturiano. Hace año y medio anunciaba a bombo y platillo la apertura de «la primera sidrería de alta cocina de Madrid». Se trata de A Cañada Delic Experience, negocio situado en la calle de Alonso del Barco, 4, es decir, en Embajadores. Preparaba «pulpo al estilo tradicional de Lugo». El negocio anunciaba servir el Mejor Pulpo A Feira 2015 de la Comunidad de Madrid. Por fechas, la promoción hacía referencia al anterior negocio de Roldán, A Cañada.

La distinción en cuestión la entregaba la Real Cofradía de Amigos del Pulpo Gallego, pero los cofrades aseguraron que siquiera conocían al empresario. En A Cañada Delic Experience no faltaba la sidra natural asturiana. Servían su propia variedad, 'La Penúltima', que etiquetaban para él en Sidra l'Allume. «Nosotros la mandábamos a Madrid y un distribuidor de ahí se la hacía llegar», apunta Adrián Morán, gerente del lagar de Roíles (Ciaño, Langreo). De ahí salían cuatro millones de litros anuales. Para los 36 millones restantes usaban producción de Galicia, El Bierzo, Francia y Polonia. Así lo vendía el responsable. También tenían etiqueta propia de vinos.

La suerte parecía sonreír al empresario. En junio, el negocio ya estaba franquiciado. Las nuevas aperturas serían en otoño en Leganés y Móstoles. Negocio redondo. Todos los franquiciados disponían de un paquete de financiación a través de Banco Sabadell. El coste medio de apertura rondaba los 180.000 euros. Los responsables preveían la apertura de cinco sucursales ese año y alcanzar un máximo de 22 en 2017. No fueron tantos. Las redes sociales de la sidrería -cuya web ahora no está operativa- indican cuatro. Una flota de motos de reparto redondeaban su oferta.

El otro gran fraude de César Román tiene que ver con su autodefinición como rey del cachopo. En sus restaurantes los servían, sí, pero no los mejores de España, como él aseguraba. De hecho, al no aparecer en la guía oficial, se inventó un concurso propio que, claro, ganó. Se llevó el Premio al Mejor Cachopo de España 2016. Fueron el equipo de investigación de Sin Filtros y el periodista Miguel Llano los que desvelaron en su día el presunto fraude, así como el del pulpo gallego. La respuesta del hostelero vino en forma de querella. Eso, al menos, anunció a través de sus redes sociales. También le valió para hacerse un nombre en el panorama hostelero de la capital y dar fama a un plato aún ahora en auge.

Caída final

Y llegó la caída. Cuesta abajo y sin frenos. Las deudas y las críticas empezaron a acumularse. Su cocina y servicio acumulaban críticas nefastas y, de repente, también algún comentario súper positivo. No había punto intermedio. «De las cuentas se encargaba la gente en Madrid. Lo que sé es que hubo un momento en el que Román llegó a acumular deudas con nosotros, pero las fue pagando», explica Morán, que colaboró con el hostelero hasta que este desapareció. «El distribuidor dejó de servirle en julio, cuando vio que los negocios no abrían», cuenta. Tuvieron suerte.

Alberto Chicote volvió a ponerle en el ojo del huracán la pasada primavera. La exmujer del rey del cachopo, Nati, pidió ayuda al mediático cocinero para 'arreglar' A Cañada, la sidrería que ésta montó, ya por su cuenta, en Lavapiés. El negocio presumía de servir la Mejor Fabada del Mundo cuando se trataba de un fraude y nada tenía que ver con el concurso oficial. De hecho, Chicote descubrió que lo que allí servían era fabada de bote. Por eso que Román se desligara rápidamente del asunto defendiendo que sus negocios tenían otro nombre.

La vida de César Román, cuyo anuncio como desaparecido informa de que tiene 45 años, mide 1,52 metros, pesa 70 kilogramos y tiene los ojos marrones claros y el pelo castaño, nunca fue del todo tranquila. Dirigió un medio de comunicación propio y hasta fundó un partido que imitaba en Madrid el modelo de la Plataforma per Catalunya de Josep Anglada. Las cosas no salieron bien entre ellos ni en lo político ni en lo personal. Básicamente, el rey del cachopo se esfumó cuando parecía haber empezado a triunfar.

En agosto, la Policía acudió a una nave de Usera alquilada por Román porque había empezado un pequeño incendio. Ahí hallaron el cadáver de una chica, que, según las primeras pruebas, descartan tuviera una relación sentimental con el hostelero, que lleva en paradero desconocido desde julio. Nadie, ni su familia ni sus trabajadores, ahora en la calle, saben dónde está.

Todo en la vida de César Román debe cogerse con pinzas porque su historia es como la del Pedro de la fábula, a quien nadie creía porque acostumbraba a mentir. A este un día le pilló el lobo. Tal vez el rey del cachopo visite Asturias algún día con una novela bajo el brazo. Llevará su nombre y contendrá su historia, pero quién sabe si basada en hechos reales o de ciencia-ficción.

 

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