Quince años después ocho de los autores del 11-M siguen en prisión

Rabei Osman Sayed Ahmed, alias 'Mohamed el Egipcio', durante el juicio. / Efe

El próximo junio iba a ser excarcelado el siguiente recluso pero en octubre fue detenido en prisión por proselitismo

Melchor Sáiz-Pardo
MELCHOR SÁIZ-PARDOMadrid

El rastro del 11-M seguirá en las cárceles españolas hasta marzo de 2044, cuarenta años después de la masacre. A día de hoy, cuando se cumpen quince años de los atentados de los trenes, ocho de los 18 terroristas y colaboradores de la célula que fueron condenados siguen todavía en prisión, dispersos en seis centros de la península y sometidos siete de ellos a primer grado penitenciario y, en muchos casos, a régimen de aislamiento de casi veinte horas al día.

A pesar de la magnitud de los atentados (191 muertos y más de 1.600 heridos) solo tres de ellos fueron condenados a penas superiores al máximo de cumplimiento efectivo (cuatro décadas), ya que la gran mayoría de los autores materiales se suicidaron el 3 de abril de 2004 en el piso de Leganés en el que murieron siete terroristas, entre ellos el líder del grupo, el argelino Alekema Lamari, asesinando en la explosión a un miemrbo del Grupo Especial de Operaciones (G. E. O.).

Los últimos tres terroristas en salir de prisión, si se confirman las previsiones oficiales de Insituciones Penitenciarias, serán Jamal Zougam, autor material de la masacre, condenado a 42.922 años de prisión, que extinguirá su condena el 2 de marzo de 2044 y que actualmente se encuentra en la cárcel de Teixeiro, en La Coruña; José Emilio Suárez Trashorras, el exminero asturiano que facilitó a la célula la Goma-2 ECO para los atentados, actualmente preso en Dueñas (Palencia) y, condenado a 34.715 años de reclusión, que deberá de salir de la cárel el mismo día que Zougam; y Otman El Gnaoui, castigado con 42.922 años de prisión como autor material de los ataques, actualmente en La Lama (Pontevedra) y que será el último preso del 11-M en ver la calle, pues hasta el 19 de marzo de 2044 no será excarcelado.

Junto a ellos tres siguen en prisión: Rachid Aglif, 'El Conejo', colaborador de la célula para la obtención de explosivos y actualmente en primer grado en la cárcel de Albocasser (Castellón) y que saldrá en 2022 tras 18 años de cumplimiento efectivo de condena; Mohamed Bouharrat que deberá de salir de la cárcel en 2022, tras cumplir condena por colaborar en el aquiler de la casa de Leganés, entre otras cuestiones, y que actualmente está recluido en Valladolid; Abdelmajid Bouchar, 'El Gamo', que será licenciado en septiembre de 2023 tras haber sido condenado por asistir a reuniones en la casa de Leganés y que está preso en La Coruña; Antonio Toro, el delicuente asturiano, actualmente en segundo grado (el único) en Lugo, que intermedió en la compra de explosivos, que ya liquidó su condena de cuatro años por tráfico de explosivos, pero que seguirá en prisión hasta marzo de 2022 por otras causas; y Hassan El Haski, condenado a catorce años como presunto autor intelectual de los atentados y que actualmente está preso en la cárcel de Albocasser.

«Tremenda ascendencia»

Precisamente, El Haski, presunto jefe en España del Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), tenía previsto su salida de la cárcel el próximo 3 de junio. Ese día iba a ser extraditado a Marruecos para cumplir en aquel país otra condena de diez años de cárcel por terrorismo. Sin embargo, el pasado octubre, la Guardia Civil le detuvo en la cárcel acusado de liderar una red del Daesh de captación de nuevos acólitos en prisión. En ese mismo operativo fue arrestado su compañero de banquillo en el 11-M Jamal Zougam y Mohamed Achraf, el líder de la 'célula Nova' (creada a su vez en prisiones españolas en el pasado) que pretendía volar la Audiencia Nacional, entre otros atentados.

La implicación de dos de los terroristas clave del 11-M -un autor material y el ideólogo de la matanza- en una red del Estado Islámico destinada a acaptar en prisión a reclusos comunes no sorprendió a los servicios antiterroristas, pero sí que encendió, todavía más si cabe, todas las alarmas, tras constatar la «tremenda ascendencia» que los reclusos de la masacre de los trenes, a pesar de provenir de la vieja Al Qaida, todavía tenían sobre presos comunes que eran menos que adolescentes cuando se produjeron los atentados de Madrid.

Según los informes policiales, hasta 25 internos habían caído en las redes de la trama a la que pertencían Zougam y El Haski, basada en contactos físicos y cartas. La sombra y la influencia de los terroristas del 11-M, hace solo cinco meses, se seguía extendiendo por 17 cárceles de toda España: Las Palmas II, Teixeiro, Estremera, Villena, Algeciras, El Puerto de Santamaría III, Ocaña I, Zuera, Mansilla de las Mulas, Soto del Real, Huelva, Murcia II, Mallorca, Valencia, Albolote, Córdoba y Villabona.

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