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¿Qué hacer si se atraganta con una uva? Tres minutos y una maniobra de 'rescate'

Imagen de la zona de atragantamiento./Gráfico
Imagen de la zona de atragantamiento.

Su tamaño «coincide con el del tubo respiratorio y lo tapona como un corcho a una botella», explica el otorrino Faustino Núñez Batalla

LAURA MAYORDOMO

Comer uvas enteras -con piel y pepitas- es la tercera causa de asfixia en menores de cinco años. Esa es la principal razón de que la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) advirtiera hace tan solo unos días del riesgo de atragantamiento o asfixia en niños de corta edad y recomendara que los más pequeños de la casa no participaran en Nochevieja de esta tradición. «Por su forma y textura, las uvas pueden obstruir las vías respiratorias y provocar una situación de peligro que puede llevar incluso a la muerte si no se actúa a tiempo», se insistía en el comunicado que la SEORL difundió el pasado 27 de diciembre.

La fatalidad quiso que apenas cuatro días después, esa remota posibilidad se materializara en un terrible suceso ocurrido en Gijón. El del pequeño Thiago Leonel Guamán, de tres años, es el primer caso de estas características en Asturias, según asegura el el otorrino Faustino Núñez Batalla.

El riesgo de las uvas, insiste Núñez, es su forma redondeada, su textura lisa -que facilita que, en un momento dado, pueda «escapar de la boca a la garganta de forma inadvertida»- y un tamaño que «coincide con el del tubo respiratorio, pudiendo taponarlo como haría un corcho en una botella», explica de manera muy gráfica.

Menores y mayores

De ahí, apunta, la necesaria prevención a la que la Sociedad Española de Otorrinolaringología hacía referencia en su comunicado, «que algunos tacharon de alarmista, pero que a la vista de lo ocurrido era más que pertinente». En él, no solo se hacía referencia a los posibles riesgos para los menores de cinco años, sino también para los mayores de 65. Sobre todo si éstos presentan trastornos de deglución, como la disfagia.

Porque salvar la vida de una persona que ha sufrido un atragantamiento con, por ejemplo, una uva requiere de una rápida y certera intervención. No hay más margen de actuación que «tres minutos, más o menos», señala Núñez Batalla.

Maniobra de Heimlich

Si ocurre un atragantamiento, en un primer momento puede que se solucione solo gracias a la tos originada por la aspiración. En muchas ocasiones es efectiva y consigue expulsar el elemento que provoca la obstrucción. «Es un mecanismo de defensa para expulsar un objeto extraño», abunda el doctor Raimundo Gutiérrez Fonseca, vicesecretario general de la SEORL-CCC. Sin embargo no siempre sucede así.

¿Qué hacer en ese caso? «Lo primero sería llamar al servicio de emergencias mientras otra persona intenta desatascar el cuerpo extraño alojado en la vía aérea», apunta Faustino Núñez Batalla. Para ello, es preciso saber realizar la maniobra de Heimlich, también llamada de compresión abdominal. Consiste en aplicar una presión brusca a nivel del abdomen superior para provocar una salida de aire hacia la tráquea y la laringe que facilite la expulsión del trozo de comida atascado.

En el caso de los niños de corta edad, las uvas no son las únicas responsables de los atragantamientos. Especialmente peligrosos son los frutos secos. También los juguetes o las piezas pequeñas de éstos, así como los globos, «todos ellos muy presentes en estas fechas», indica Gutiérrez Fonseca. Los expertos prohíben dar a los niños menores de tres años cualquier tipo de fruto seco sin moler y recomiendan no hacerlo hasta los cinco o seis años, por el alto riesgo que existe de atragantamiento y asfixia.

«La deglución es un proceso de aprendizaje, hay que introducir alimentos que puedan expulsarse con la tos», subraya el otorrino del HUCA. Núñez Batalla insiste en la necesidad de implementar medidas de educación sanitaria para concienciar a los adultos de que «es una temeridad» dejar al alcance de los menores de cinco años frutos secos o alimentos no cocidos, como trozos de zanahoria o garbanzos. Además, «es muy importante acompañar a los niños cuando se les introducen nuevos alimentos y nuevas texturas. Hay que enseñarles que deben comer sentados y masticar correctamente», subraya.