La Iglesia española reconoce que los pasos frente a la pederastia en La Bañeza no son «tan rápidos como quisiéramos»

Respuesta del Azobispo de Valladolid a Francisco Javier. /leonoticias
Respuesta del Azobispo de Valladolid a Francisco Javier. / leonoticias

El cardenal Ricardo Blázquez reconoce a Francisco Javier, que destapó los abusos en el Seminario Menor, que quiere hacer cumplir el Evangelio y la legislación civil y canónica | «Son palabras vacías y sin compromisos», lamenta la víctima, que sigue esperando respuesta de una nueva misiva al Papa Francisco

A. CUBILLAS
A. CUBILLASBañeza

Su relato estremeció a España. «Don José Manuel se acercaba a mi cama, introducía sus dedos por mi ano mientras se tocaba con la otra mano». Y consiguió destapar un caso de pederastia en la Iglesia, el mismo que durante décadas silenciaron los fríos muros del Seminario de La Bañeza.

Cinco años después, el leonés Francisco Javier, sigue clamando justicia. Porque la expulsión y reclusión en un convento durante 10 años de José Manuel Ramos Gordón, «el demonio vestido con alzacuellos» de poco sirven si «las víctimas no son tratadas como tal ni los cómplices obtienen castigo ni la Iglesia sigue asumiendo la responsabilidad de sus crímenes».

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Por ello y como ya hiciera hasta en cuatro ocasiones, Francisco Javier ha vuelto a coger papel y boli para escribir una carta. En ella ya no cuenta el horror y el infierno que, junto a su hermano gemelo, vivió a finales de la década de los 80 cuando apenas tenía 10 años.

Tan sólo una pregunta. Directa, sencilla. «¿Qué tienen pensando hacer con SUS víctimas?».

El destinatario, el Papa Francisco, al mismo al que en 2014 le desveló las vejaciones a las que fue sometido y que desencadenó una investigación que confirmaría los abusos. Junto a él, un segundo destinatario, el cardenal Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española.

Tras varias semanas de espera, Francisco, por fin, ha obtenido respuesta. Tan sólo de una de las misivas, la del cardenal Blázquez, en una pequeña tarjeta escrita por su puño y letra y enviada por correo ordinario.

«Muy estimado Don Francisco Javier. Termino de recibir la carta certifica qué pregunta ¿qué tiene pensado hacer con las víctimas? Puedo responderle a usted que queremos cumplir tanto el Evangelio como con la legislación civil y canónica, la causa no está olvidada; pero a veces los pasos no son tan rápidos cómo quisiéramos. Reciba un saludo cordial. Ricardo Blázquez».

Una respuesta que, a juicio de Francisco, está «vacía» y carente de cualquier compromiso por parte de la Iglesia española. «Es una respuesta pobre y elusiva», señala a leonoticias Francisco, que lamenta además que no hayan concretado qué pasos van a seguir para resarcir a las víctimas y castigar a los culpables.

El horror, en primera persona

«Don José Manuel se acercaba a mi cama, introducía sus dedos por mi ano mientras se tocaba con la otra mano, las silenciosas lágrimas que yo derramaba no eran para él un impedimento ni un límite y solo te quedaba pensar que el tiempo pasaría y que terminaría pronto, apretabas los ojos y respirabas, no podías hacer nada más, hasta que por fin terminaba y notabas el asqueroso, húmedo y caliente fluido que había derramado encima de ti.

Cuando ya se había marchado, tenía que levantarte, tembloroso, llorando y atravesar descalzo el dormitorio para ir a lavarte con agua fría y retirar de tu cuerpo el vomitivo semen que tenías encima. Jamás he podido quitarme la mácula con la que condenó a vivir el resto de mis días y me frustra haberle dado el gusto de haber mantenido en silencio tan repulsivo secreto.

Cuánto extrañe los brazos de mi madre, el cobijo de su pecho, sentirme como cualquier otro niño, protegido en su regazo, saber que nada malo podía pasarme mientras estuviera allí.

Cuántas veces quise decírselo, las mismas que callaba por temor, sin saber si lo que vivía era normal aunque en mi interior, ya conocía la respuesta.

Esto condicionó mi futuro, me robaron mi infancia, mi ilusión, mi inocencia. Mientras las demás niños de mi edad estudiaban y soñaba con un futuro, a mí me negaron el mío.

Para mi hermano ya no hay ayuda, porque la vida me lo arrebató pero yo no puedo vivir con esto más tiempo, y es por ello que no quiero callar más, me siento burlado y engañado y quiero que el mundo conozca mi verdad.

La verdad, esa verdad que nos hará libres y no la que se está haciendo creer con las celebraciones y actos de ensalzamiento a la trayectoria canónica de un párroco que, lejos de prácticas las enseñanzas de Nuestro Señor, oculta su cara y sus más rastreros instintos bajo unos hábitos manchados de pecado».

Palabras y no hechos que mantiene abierta la herida de Francisco que, aún sin llegar, reconoce que no espera nada de la respuesta del Papa, al que le recuerda que la peor de las corrupciones es la corrupción de lo sagrado, la que hizo Ramos Gordón, corrompiendo el cuerpo y espíritus de niños, ayudado por el silencio cómplice de aquellos miembros de la Diócesis que lo supieron y callaron.

A pesar del dolor que vive desde era un niño y de la rabia que arde desde que dio el paso y denunció los abusos, este leonés asegura que seguirá al frente de esta lucha para limpiar el honor de su hermano ya fallecido y evitar que otros niños vivan el horror que, de la noche a la mañana, le borró su niñez y su infancia.