May y Juncker se citan para buscar una salida al 'brexit'

La primera ministra británica, Theresa May, durante su visita este martes a Irlanda del Norte para hablar sobre el futuro de la frontera./Reuters
La primera ministra británica, Theresa May, durante su visita este martes a Irlanda del Norte para hablar sobre el futuro de la frontera. / Reuters

La primera ministra británica pretende amarrar concesiones que aligeren la salvaguarda irlandesa y Bruselas se niega a cambiar el pacto

SALVADOR ARROYOCorresponsal. Bruselas

Bruselas espera novedades y Londres, concesiones. En esa dicotomía se encuentra atrapado el 'brexit' desde que el pasado 15 de enero Westminster tumbó los acuerdos clave del proceso de divorcio. Y esa dicotomía es la que va a marcar la reunión que el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, mantendrá el jueves en la capital comunitaria con la primera ministra, Theresa May.

A 50 días de la fecha formal de ruptura (el consabido 29 de marzo) los dos líderes celebrarán su octavo encuentro 'face to face' sobre este embrollo que dura más de dos años y que está enquistado en el que es asunto medular para los socios europeos: la salvaguarda irlandesa o 'backstop', pactada para evitar una frontera dura en la isla si a partir de 2020 no se ha conseguido el acuerdo comercial pleno con un Reino Unido ya tercer Estado.

«El 'backstop' es una pieza central del pacto, su importancia es fundamental para conducir este problema», incidió este martes un portavoz del Ejecutivo comunitario. Bruselas continúa, por tanto, inflexible: el Acuerdo de Retirada no está sujeto a modificaciones. Y eso implica que, en lo que atañe a la salvaguarda, ni se acepta ponerle fecha ni ningún otro resquicio que permitiera su cancelación unilateral. La cuestión es que May llega con un encargo de la Cámara de los Comunes totalmente opuesto a esa tesis: reabrir el gran documento del 'brexit' para conseguir «arreglos alternativos» que reemplacen la solución irlandesa.

LA CLAVE

Negociar hasta el final.
El de este jueves será el octavo encuentro cara a cara entre ambos líderes,a 50 días de la ruptura.

Pregunta obligada: ¿se dan las condiciones para que pueda producirse algún avance en la reunión del jueves? En principio, la teoría apunta a un desencuentro perenne. En la práctica, «vamos a esperar a ver qué es lo que propone (la premier británica)», remarca el portavoz de Juncker, Margaritis Schinas. Porque aquí todavía no está claro. May sí ha confiado esta semana a los ministros de su Gabinete que quiere amarrar en Bruselas una fórmula legal y vinculante que sirva para convencer a Westminster de que Reino Unido no quedará atrapado indefinidamente en la unión aduanera. El envase es el mismo, la incógnita está en el contenido.

La última carta

En las últimas horas se ha especulado con que pudiera darse esa condición de 'legal y vinculante' a aquella carta (o a algunos de sus mensajes esenciales) que el propio Juncker y Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, enviaron al 10 de Downing Street en vísperas de la fracasada votación del 15 de enero. Una misiva que remarca el «firme compromiso de trabajar rápidamente» para diseñar el escenario de la relación comercial futura y no tener que activar la salvaguarda. Y que también subraya que si no se consiguiera el objetivo, ésta se aplicaría «temporalmente», lo «estrictamente necesario».

El 'calce' fue insinuado el lunes por algunos de los miembros de una delegación del Parlamento británico tras entrevistarse en la capital belga con el secretario general de la Comisión Europea, Martin Selmayr. Pero éste se apresuró a desmentirlo todo en Twitter. Primero insistió en que la negociación del 'brexit' es una tarea que corresponde únicamente a Michel Barnier. Luego dejó entrever que la fórmula de la carta fue deslizada por sus interlocutores y que cuando este les cuestionó si posibilitaría el respaldo de Westminster «las respuestas de los diputados fueron poco concluyentes».

Tajante, Selmayr, considerado como mano de derecha de Juncker, cerró el círculo con un «la reunión me confirmó que la UE hizo bien en comenzar a prepararse para un no acuerdo en diciembre de 2017». Todo ello fue corroborado por un miembro del departamento de comunicación de la Comisión presente en ese encuentro «porque sabíamos que podían darse tergiversaciones.

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