El viaje hacia el más allá de los torajas

El viaje hacia el más allá de los torajas
AFP

En esta región indonesia, los cuerpos de los fallecidos se conservan intactos con inyecciones de formol y se tratan durante meses como familiares enfermos

COLPISA/AFP

Entre los gritos de los jabalíes y la sangre del sacrificio de los búfalos, el cuerpo momificado de una mujer de 81 años es enviado al más allá según los ritos funerarios ancestrales de la región indonesia de los torajas, siete meses después de su fallecimiento.

«Guardamos su cuerpo en casa en un ataúd», explicó a la AFP Meyske Latuihamallo, nieta de la difunta, Martha Kande. Ya muerta, Martha Kande pasó a ser tratada como un familiar enfermo.

El ataúd «permanece abierto antes del entierro porque consideramos que la persona está enferma y le llevamos bebida y comida cada día», explica la nieta de Kande.

La familia conservó el cuerpo intacto gracias a las inyecciones de formol, indicó Lisa Saba Palloan, guía turística, asegurando que aunque el cadáver huele un poco a formol durante unos días, «después de una semana ya no huele a nada, incluso meses después».

Antaño esto era otro cantar, cuando se empleaban métodos más tradicionales, como el vinagre y las hojas de té, que no evitaban la descomposición del cuerpo, según testimonios de la época.

Nueva etapa en la vida

Para los torajas, un grupo étnico del norte de la isla indonesia de Célebes, la muerte no es más que una nueva etapa de la vida.

Vivir con un muerto durante meses, o incluso años, antes de rendirle homenaje sacrificando animales puede parecer extraño. Pero para los torajas, no puede considerarse que una persona esté verdaderamente muerta ni que su alma se haya liberado hasta que se celebre un funeral, que puede tomar varios días, llamado «Rambu Solo».

Tras cinco días de ceremonias, Martha Kande será enterrada en una cueva funeraria que encierra numerosos esqueletos junto a muñecas de madera, rituales, vestidas con trajes tradicionales que representan a los muertos más nobles.

«Son los trajes de nuestros ancestros», indica el sobrino de la fallecida, Johanes Singkali, de 72 años. «Los mantenemos para preservar las tradiciones y conservar su carácter sagrado».

Aunque la mayoría de los torajas sean cristianos en la actualidad, siguen cultivando sus centenarias tradiciones, basadas en creencias animistas. Cuanto más elaborado sea el funeral, más posibilidades tiene el espíritu del difunto de llegar a los dioses.

El coste de los ritos ancestrales

Pero estos ritos tienen un precio: ocho búfalos sacrificados en el caso de una ceremonia ordinaria y hasta 100 en el de una persona noble.

El funeral puede llegar a costar hasta 2.000 millones de rupias (130.000 euros), una cantidad extravagante en un país en el que la mitad de la población vive con menos de 5,5 dólares al día, según el Banco Mundial.

En la aldea de La'Bo, cientos de personas se han reunido para estas exequias, así como varias decenas de turistas, armados con sus cámaras fotográficas.

El cuerpo de Martha Kande está situado dentro de un ataúd rojo, construido según el modelo de las casas tradicionales, que recuerda a los barcos. Se encuentra delante de su vivienda.

Los allegados, vestidos de negro, llevan decenas de cerdos al centro del pueblo para que sean sacrificados mientras la familia baila. Hacia el mediodía, se sacrifica un búfalo, cuya osamenta se apartará para un banquete.

«Siento pasión por la muerte»

Hay que tener mucho estómago para asistir a estas celebraciones, pero a Ellie Eshleman, una turista estadounidense, le gustan mucho. «Siento pasión por la muerte», afirma la joven de 29 años.

«Me gustaría que encontrara su lugar espiritual en el mundo occidental. Y es por eso que he venido a ver los ritos funerarios y observar como la muerte puede convertirse en un momento de celebración».

El gobierno indonesio quiere promover los ritos funerarios de los torajas para impulsar el turismo en todo el archipiélago, más allá de los destinos punteros como Bali, que cada año visitan miles de turistas, mientras que muy pocos llegan a la zona de los torajas.

Desarrollar el turismo supone, sin embargo, un desafío en esta región, que adolece de una escasez de infraestructuras y no cuenta con ningún aeropuerto importante, pese que a los habitantes se muestren más bien receptivos a la llegada de turistas.

afp

Las ceremonias 'Rambu Solo'

Las ceremonias 'Rambu Solo' son difíciles de prever con antelación. Las familias suelen tener que ahorrar durante meses antes de poder organizarlas.

En lugar del ritual, algunos turistas van a visitar los sitios funerarios permanentes.

Otros aceptan viajar durante horas para asistir a estas particulares ceremonias.

Un viaje que bien vale un desvío, asegura Harli Patriatno, responsable de cultura y turismo para el norte de la región toraja, que califica su tierra de «pedazo de paraíso terrenal».

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