La corona tailandesa ya tiene dueño

Maha Vajiralongkorn. /AFP
Maha Vajiralongkorn. / AFP

Casi tres años después de la muerte del rey Bhumibol, su controvertido hijo se convierte en Rama X y adquiere estatus de semidiós

ZIGOR ALDAMAShanghái

Las ceremonias de entronización de reyes y emperadores son el mejor momento para confirmar lo arcaica que resulta la institución de la monarquía. Gran ejemplo de ello es, desde ayer y hasta mañana, la coronación de Maha Vajiralongkorn como Rama X de Tailandia. Porque este proceso, en el que el país gastará el equivalente a 28 millones de euros, está repleto de tradiciones ancestrales y de superstición. No en vano, este sábado, la primera jornada estuvo dedicada a los rituales religiosos que convierten al nuevo rey en la personificación de un dios. Y es precisamente ese estatus semidivino lo que hace que todos sus súbditos tengan que acercarse a él arrastrándose por el suelo.

La ceremonia de coronación, la primera que Tailandia celebra en siete décadas, comenzó exactamente a las 10:09 de la mañana, el momento que los astrólogos determinaron como el más mejor auspicio. Fue entonces cuando Vajiralongkorn protagonizó una ablución en la que se utilizó agua traída de cinco ríos y cuatro lagos de Tailandia. Los monjes budistas y los brahmanes hinduistas rezaron y el Ejército celebró el momento con una andanada de salvas de cañón que hicieron retumbar Bangkok.

Despojado de la sobria túnica blanca con la que pasó ese primer trance, y ataviado ya con un aparatoso traje lleno de filigranas doradas, Vajiralongkorn fue rociado con agua sagrada desde ocho puntos diferentes que representan la legitimidad que se le otorga en todos los rincones del país. El plato fuerte llegó con la entrega de los cinco atributos reales: un cetro de madera, una espada con piedras preciosas incrustadas, un par de zapatillas con adornos dorados, un cepillo de pelo de yak, y, sobre todo, la Gran Corona de la Victoria.

Esta pieza de oro coronada por un generoso diamante indio simboliza el peso del reino. Y no es ligera: 7,3 kilos. Como manda la tradición, el propio Vajiralongkorn se la colocó sobre la cabeza y, con voz titubeante, a continuación prometió «reinar con justicia para lograr la prosperidad y la felicidad del pueblo de Siam -como se conocía antiguamente a Tailandia-». En las siguientes dos horas, Rama X concedió audiencia a la elite de las esferas política, social y económica del reino.

Unos 200.000 espectadores

Este domingo Vajiralongkorn se dará un baño de multitudes durante una procesión por el barrio histórico de la capital, a la que se espera que acudan unas 200.000 personas, pero eso no significa que vaya a ser un rey popular. Los escándalos que lleva protagonizando desde su juventud, y que se han traducido en cuatro matrimonios plagados de infidelidades, han hecho que los tailandeses le hayan dado la espalda. A diferencia de la veneración que sentían por su padre, fallecido en 2016, Rama X tendrá que trabajar duro si quiere ganarse su respeto.

De momento, la prensa local, temerosa de los severos castigos estipulados en la ley de lesa majestad, ya ha comenzado a poner su granito de arena. 'Su majestad, una luz que guía a los tailandeses', tituló el 'Bangkok Post'. El diario resaltaba el carácter deportista del rey y acompañaba su adulador perfil de Rama X con una fotografía en la que aparecía pedaleando. Detrás lo acompañaba la reina Suthida, que entonces era solo su guardaespaldas. No en vano, contrajeron matrimonio por sorpresa el pasado miércoles, justo a tiempo para que Vajiralongkorn no tenga que enfrentarse solo a la maratón de la coronación, que concluirá mañana con la aparición del monarca frente a sus súbditos en el balcón del Gran Palacio.

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