Un solo debate para la campaña más incierta

Un solo debate para la campaña más incierta
Josemi Benítez

Pedro Sánchez solo participará en el duelo a cinco para no dar bazas a Pablo Casado y fomentar la pugna entre la derecha

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁNMadrid

Un debate, uno, para la campaña electoral más incierta de los últimos años. Si alguien entre el 42% de indecisos esperaba al duelo de los candidatos para decidir su voto lo va a tener crudo. Pero así lo ha querido Pedro Sánchez, diluir el duelo con cinco contendientes y privar a Casado de la condición de alternativa en unas elecciones inciertas, no tanto por el ganador, una de las pocas coincidencias es que el PSOE será la fuerza más votada, como por el resultado de los demás y el escenario postelectoral.

El candidato socialista y presidente del Gobierno ha escogido el formato más conveniente para sus intereses. Por una parte, no concede a Pablo Casado la distinción de 'primus inter pares' de la derecha y lo sitúa al nivel de Santiago Abascal y Albert Rivera. Una forma de arruinar la cruzada del candidato del PP en pos del voto útil conservador. Por otra, de un duelo a cinco voces rara vez sale algo que no sea ruido, y en ese batiburrillo es más sencillo no equivocarse que en un enfrentamiento cara a cara. Entre cinco, además, se arriesga menos y podrá mantener el perfil discreto y alejado de los titulares que han caracterizado hasta ahora su campaña. Presidencial, dicen en su equipo.

Los candidatos

El líder del PSOE sabe que el debate va a ser en muchos momentos un todos contra Sánchez, y no le disgusta porque abonará la imagen de moderación que quiere transmitir frente al discurso radical del resto, en especial de Casado, autor de las frases más controvertidas de la campaña. Los socialistas han buscado la presencia de Vox en el quinteto porque añade un segundo escenario. Para el líder de la extrema derecha, la pieza a batir no es Sánchez, es Casado; con el líder socialista no se disputa ni un voto, pero con el popular se juega el favor del electorado más a la derecha. De esa pugna entre el candidato de la «derechita cobarde» y el adalid de la «España viva» pueden saltar chispas que alimentarán el fogón socialista.

Análisis

17 días

La noticia de que el debate será a cinco puso fin a casi dos meses de matraca llamada precampaña y fue el preludio de la campaña que comenzó hoy a medianoche con el ritual de la pegada de carteles, que ni es pegada ni es nada. Quedan 17 días para unas elecciones intensas. «Con cinco partidos, de los que cuatro están bastante igualados, una variación de uno o dos puntos en los resultados mueven 20 escaños a favor de uno u otro», reflexionaba esta semana un ministro. Para alimentar ese clima de incertidumbre, el responsable del CIS puso en duda los resultados de su encuesta, la más grande realizada ahora, porque daban resultados más bajos de lo esperado para el PP y Vox. Claro que también puede leerse como una manera sutil de alimentar el voto del miedo a la derecha aunque fuera a costa de erosionar, aún más, el prestigio del centro demoscópico que dirige.

El tránsito del bipartidismo alumbrado en la Transición al pentapartidismo ha dado pie al partidismo al cuadrado en la izquierda y al cubo en la derecha, dos bloques incapaces de entenderse y que casi obligan a alcanzar mayorías de un color u otro para gobernar. Si no se logran despiertan al fantasma de la repetición electoral, como hace tres años. Una situación que tampoco es descartable esta vez.

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