China anuncia más aranceles a la base económica de EE UU y asusta a las bolsas

El presidente de EE UU, Donald Trump (izquierda), junto al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell. / EFE

Trump responde con otra subida de tasas a Pekín, mientras la Fed no ve «ningún precedente reciente que guíe una respuesta política a la situación actual», con una posible crisis económica a las puertas

José Antonio Bravo
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China dio este viernes otra vuelta de tuerca en su guerra arancelaria con Estados Unidos, que empezó en enero de 2017 al llegar Donald Trump a la Casa Blanca, y azuzó el temor entre los mercados bursátiles a que la temida nueva crisis económica pueda estar un paso más cerca. Y es que este otoño se van a cruzar nuevas tasas sobre sus importaciones anuales respectivas de productos por valor de 338.700 millones de euros.

Es la respuesta de las autoridades de Pekín a la última tanda de gravámenes comerciales de la Administración Trump, que entre el 1 de septiembre y el 15 de diciembre iba a imponer un tipo adicional del 10% sobre adquisiciones de mercancías chinas valoradas en 300.000 millones de dólares al año (270.990 millones de euros), incluidos teléfonos móviles y ordenadores. Pero horas después del anuncio chino, Washington subió esa tasa al 15%, y aumentó del 25% al 30% la ya prevista desde el 1 de octubre para otros productos por valor de 250.000 millones de dólares.

Esas medidas –según los dirigentes chinos–, además de «causar un gran perjuicio a los intereses» de ambos países y de terceros –la desaceleración económica de la UE, en especial de la zona euro, es más severa y Alemania, potencia exportadora, está a un paso de entrar en recesión–, «amenazan gravemente los principios del libre comercio y el sistema multilateral». Pero desde Washington acusan de algo similar a Pekín, pues según Trump «han robado nuestra propiedad intelectual a razón de cientos de miles de millones de dólares al año y quieren seguir».

En su primera respuesta a los nuevos aranceles chinos, de nuevo a través de la red social Twitter, este viernes el presidente estadounidense llegó a afirmar incluso que no necesitan a la gran potencia asiática. «Francamente, estaríamos mejor sin ellos», para acto seguido emplazar a las grandes compañías de su país a comenzar con urgencia a «buscar una alternativa a China, que incluya traer las empresas (deslocalizadas) a casa y hacer sus productos en EE UU».

En concreto, desde el 1 de septiembre serán un 10% más altos para distintos productos como la carne de vacuno y cerdo estadounidenses, y de un 5% para las importaciones de soja o petróleo. Para el 15 de diciembre quedarían otros gravámenes extra similares: del 10% para café, cítricos y diferentes clases de automóviles, frente al 5% para varios componentes de vehículos.

«China golpea de nuevo donde más le duele a Trump», advierte Aitor Méndez, analista financiero del 'broker' de mercados IG, pues «sus principales graneros de votos» –habrá elecciones presidenciales en noviembre de 2020– son las zonas rurales y las áreas industriales, de donde salen la carne, la soja o los automóviles que serán penalizados. Desde Pekín se justifican en que sus medidas son una «respuesta forzada» al proteccionismo comercial de Estados Unidos, a la vez que emplazan a sus autoridades a «cooperar» para «llegar a una solución aceptable para ambos y de beneficio mutuo».

«Un nuevo orden»

Los líderes de la segunda mayor potencia mundial estiman que juntos deberían «construir activamente un nuevo orden económico y comercial». Pero la última respuesta de Trump parece amenazar la continuidad de las conversaciones bilaterales que se retomaron en julio. EE UU importó en 2018 bienes chinos por valor de 539.675 millones de dólares, y China hizo lo propio con productos estadounidenses cuantificados en 120.148 millones de dólares.

Mientras, el presidente de la Reserva Federal (Fed) de EE UU, Jerome Powell, reprochó también de forma velada a la Casa Blanca su estrategia comercial. La política monetaria es una «herramienta poderosa», dijo en las últimas horas durante la cita anual que los principales bancos centrales del mundo mantienen hasta hoy en Jackson Hole (Wyoming), pero «no puede proporcionar un libro de reglas establecido para el comercio internacional». Trump le acusó de «hablar sin saber», al tiempo que insinuó que junto al propio presidente chino, Xi Jinping, Powell podría ser «nuestro peor enemigo».

El responsable de la Fed sigue ajeno a la presiones para volver a bajar tipos, pendiente de como la «incertidumbre comercial» ha acentuado el «deterioro de las perspectivas de crecimiento mundial», con «riesgos significativos» de que la evolución vaya a peor y se confirme la crisis que empieza a verse ya cercana. «No hay ningún precedente reciente que guíe una respuesta política a la situación actual», advirtió Powell, preocupado por la «fuerte» reacción de los mercados a esta «imagen completa y turbulenta». Este viernes las principales bolsas europeas perdieron entre un 0,5% y un 1,5% –el Ibex bajó ocho décimas– y las sudamericanas cedieron más de un 2,5%, mientras los principales índices de las estadounidenses cayeron entre un 2,4% y un 3,1%.

La inflación baja, «el problema de esta era»

La economía de Estados Unidos está «en un lugar favorable» considerando su crecimiento económico, el empleo y la estabilidad de precios, por lo que según el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, debe «hacer lo que la política monetaria pueda hacer para sostener su expansión». Y, sin embargo, eso puede no incluir volver a bajar los tipos -como ya hizo a finales de julio- en su reunión de septiembre por más que se lo exija el presidente Donald Trump, que ayer le acusó de «no hacer nada» y tener una Fed «muy débil». Pero Powell está tranquilo: «la inflación baja parece ser el problema de esta era» y en EE UU la ve por ahora moderada.