Roland Garros

Nadal irrumpe en octavos dejándose un set

Rafa Nadal celebra su victoria ante David Goffin. /EFE
Rafa Nadal celebra su victoria ante David Goffin. / EFE

El belga Goffin le arrebata la primera manga en la presente edición, pero el español peleará por el pase a cuartos

ENRIC GARDINERMadrid

Volvió a la Philippe Chatrier, cambió el escenario, pero no la cara, y Rafa Nadal ya está en octavos de final de Roland Garros. Las nubes van escondiendo los dientes, los aficionados aparcan sus chaquetas y paraguas al abrigo del inminente junio y Nadal sonríe cuando el sol le lame la cara. Ha pasado dos obstáculos sencillos como Yannick Hanfmann y Yannick Maden, y ha asentado sus pies en una arcilla temerosa de que el paso de las obras le hubiera robado la esencia del pasado legendario del Bois de Boulogne.

Nadal tuvo que salir de la Philipp Chatrier para pasar a tercera ronda y cuando este viernes volvió a la pista central lo hizo para sentenciar a David Goffin (6-1, 6-4, 4-6 y 6-3) y sellar su billete a octavos de final, con la herida de haberse dejado el primer set del torneo, el segundo desde 2016. El signo más claro de la seriedad de Nadal era su cara después de mandar largo un revés con 5-0 en el marcador. Ese error era como una aguja en un campo de tulipanes. Estaba siendo difícil encontrar un lunar en el cincelado juego del español, que estaba destapando ya la duda en el público de si el pobre y compungido Goffin sumaría un juego.

Sin embargo, ese error suponía que Goffin apuntase el 5-1 y se tomase un respiro cuya duración no superó a lo que resiste un grito de apoyo en la Chatrier. El eco de la pista sostenía más su vida que Goffin sobre la pista, superado por el que iba a ser su verdugo de la tarde.

El belga es un jugador poco dado a espectáculos y a levantar la voz por encima de sí mismo. En estas mismas pistas sufrió la peor lesión de su carrera al fastidiarse un tobillo con las lonas del fondo, las que se ponen cuando arrecia la lluvia. Ni en esas pareció enfadarse el bueno de Goffin, quien, además, arrastra en tierra la maldición de tener un juego cómodo para el balear.

Por eso cada vez que Nadal removía la tierra con un golpe imposible, un bloqueo de revés, un 'passing' de derecha o una volea al límite, Goffin agachaba la cabeza y volvía a su lado. No iba a ser su día, pero como no lo hubiera sido el del 99% del circuito. No había forma de contrarrestar a la catarsis de juego que arrastraba consigo el manacorense hasta que dejó a un lado su estrategia y comenzó a ser más directo y mordaz y a aprovechar las pocas oportunidades de las que dispuso. Eso le sirvió para arrancarle un set al español y alargar algo más un jornada que acabó de la única manera posible, con la victoria del balear.

Nadal ya ha liberado a la bestia que tenía guardada durante las primeras etapas de la gira de arcilla y ahora, con la llegada del Alpe D'huez, el Mortirolo o el Anglirú -como ustedes prefieran-, el animal está en libertad y enseñando los dientes a los habitantes del Bois de Boulogne, donde cada año durante dos semanas se refugia Roland Garros. Por decimosegunda vez, Nadal intentará ser el que arranque el trofeo de las entrañas del bosque. Ya le queda una parada menos.

Muguruza tampoco falla

Garbiñe Muguruza también estará en octavos después de disputar uno de los mejores choques de la temporada y derrotar a la ucraniana Elina Svitolina por un doble 6-3. La española se impuso a la dos veces campeona en Roma, que está teniendo una campaña tumultuosa por una lesión de rodilla, y continúa en su intento de igualar y mejorar la actuación del año pasado, cuando cayó ante Simona Halep, a la postre campeona, en semifinales. Muguruza esperaba ya a la vencedora del duelo entre Sloane Stephens y Polona Hercog.