Primera División

Cazorla, el fichaje milagro de la Liga

Cazorla disputando un partido frente al Hércules/EFE
Cazorla disputando un partido frente al Hércules / EFE

El asturiano, tras más de dos años de duras operaciones, regresa con un injerto de su antebrazo en su pie, está ilusionado y en el 'submarino' disfrutan otra vez de su magia

MELISA CABALEIROMadrid

 Si preguntas a alguien qué recuerda del mes de diciembre del año 2016, posiblemente te mencionará la cena de Nochebuena, el día de Navidad o el simple hecho de tomarse las uvas en fin de año. Pero si hay una persona que jamás olvidará ese mes, ese es Santi Cazorla. El por aquel entonces jugador del Ársenal -llegó al club en 2012- se sometió durante ese intervalo de tiempo a la primera de las ocho intervenciones que malograron su tobillo derecho.

Allá por 2013, un golpe en un encuentro entre España y Chile, fue la causa de que Cazorla tuviera que abandonar el terreno de juego. Desde ahí, todo pareció ir cuesta arriba para el jugador que alcanzó el punto cumbre de su desgracia en octubre de 2016. Unas molestias en el tendón de aquiles le impidieron continuar disputando el partido de Champions que enfrentaba a su club contra el Ludogorets.

Hasta ese momento, el asturiano había firmado tres campañas brillantes con el club 'gunner', especialmente recordada la primera: firmó un total de 12 goles, quedando por encima de delanteros de renombre como Lucas Podolski (11) u Olivier Giroud (11) y con una marca solo inferior de la que registró el actual atacante del Everton, Theo Walcott (14).

Las dos siguientes temporadas bajó su rendimiento anotador -cuatro goles en la 2013/14 y siete tantos en la siguiente- pero no el de su fútbol hasta que en la 2015/16 comenzó su particular pesadilla. En diciembre de 2015, Cazorla se dañó la rodilla izquierda en un partido contra el Norwich, aunque decidió continuar en el terreno de juego hasta el final del encuentro, algo que provocó el empeoramiento de su dolencia.

A pesar de que decidió operarse del ligamento externo de la rodilla ese mismo mes, el asturiano tuvo que permanecer tres meses alejado del césped. Pero volvió. Y en la temporada 2016/17 anotó un tanto partiendo desde el once inicial ante el Watford en la tercera jornada y otro ante el Southampton en la siguiente. Pero desde ese momento y hasta el de su marcha del club inglés, estuvo dos años en blanco. O mejor dicho, dos años negros para el futbolista.

Un verdadero calvario capaz de tumbar la moral de cualquiera. La fecha de su regreso a los terrenos de juego se fue retrasando cada vez más y más y lo que iba a ser una única operación acabó convirtiéndose en un total de ocho intervenciones en un plazo de seis meses. En la última tuvo varias complicaciones: desde coger bacterias en el quirófano, hasta la infección del hueso, pasando por un injerto de piel al existir complicaciones en la correcta cicatrización del tobillo del futbolista. La piel de su antebrazo -que incluye una parte del tatuaje con el nombre de su hija- sirvió como 'parche' para cerrar una herida imposible de sanar hasta ese momento.

Una luz al final del túnel

Complicaciones que superaron a los médicos ingleses pero que aceptaron como reto desde España. El primero en colaborar en su recuperación fue uno de los mejores médicos españoles en cuanto a traumatología se refiere, el doctor Mikel Sánchez que se encargó de poner fin a las bacterias que se habían comido ocho centímetros del talón de aquiles del jugador. El especialista vitoriano reconstruyó el tendón con tejido semitendinoso extraído del muslo.

Y desde allí, pasó a las que fueron sus manos salvadoras, las de Juan Carlos Herranz, el fisioterapeuta que ya le trató en 2008, año en el que se proclamó por primera vez campeón de la Eurocopa con la selección (repetiría cuatro años más tarde en Kiev). Herranz consiguió poco a poco que del diagnóstico inicial («Si vuelves a caminar con tu hijo por el jardín, date por satisfecho») Cazorla pasase a volver a jugar en la elite.

Una recuperación en la que el asturiano se vació y a la que se entregó por completo, y con la que vio sus primeros frutos en agosto del año pasado, cuando comenzó a dar sus primeras carreras y pases en corto en el interior del Estadio Helmántico de Salamanca. Con su familia a más de 1.200 kilómetros, Cazorla tuvo que aprender a confiar en Herranz y su gente cercana.

Paso a paso, el ovetense parecía ir viendo la luz al final del túnel aunque no las tenía todas consigo en cuanto a su futuro, como dejó entrever en la vuelta de la semifinal de la pasada Champions, que el Ársenal disputó en el Wanda y a la que el jugador acudió para animar a los suyos. «Quiero probarme, ver si aún puedo rendir a buen nivel, si no estoy para jugar al primer nivel me iré a mi casa. Se que el Oviedo es mi casa, pero si no me siento bien, al último sitio que iría es a mi casa para engañarme a mí y a los míos», afirmó a este medio.

El pasado 21 de mayo, el Arsenal confirmó la salida del jugador, medida entendible tras cerca de dos años sin jugar pero no compartida por sus compañeros. Cazorla se despidió del club inglés tras 6 temporadas, 180 partidos y 29 goles para volar, no hacia Oviedo sino hacia Villarreal, y en esta ocasión con ilusiones renovadas.

El centrocampista, al que sólo una lesión le impidió acudir a Sudáfrica en 2010, regresa al club donde comenzó a brillar, donde permaneció durante siete campañas y en donde rozó una final de la Champions y otra de Europa League en los años que el club se consolidó en zona europea tras conquistar dos intertotos de forma consecutiva.

Un equipo que le quiere y le admira, como ya demostró en su presentación en el césped de la Céramica. Una puesta de largo muy especial, bajo el lema «vuelve la magia» y en donde el mago Yunke hizo aparecer al asturiano ante 4.500 espectadores en una especie de cápsula llena de humo, como si de un jugador de otro planeta se tratase. Y es que, tras pasar el visto bueno durante la pretemporada, el 'submarino amarillo' otorga al jugador de 33 años una nueva oportunidad de renacer de sus cenizas, llevar al club a lo más alto en Europa y olvidar todos los fantasmas del pasado. Esta vez de forma definitiva.

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