Los amos de la sala de control

Nuria Ojosnegros y Gustavo Fernández, de Cascabel, trabajando con el grupo The Fourez. /Rodrigo Jiménez
Nuria Ojosnegros y Gustavo Fernández, de Cascabel, trabajando con el grupo The Fourez. / Rodrigo Jiménez

La 'democratización' de la tecnología ha modificado el mercado de la grabación y ha multiplicado los estudios, que han diversificado sus servicios en Castilla y León

Victoria M. Niño
VICTORIA M. NIÑOLeón

Los amos de la sala de control fueron antes músicos que quedaron fascinados por la magia del estudio de grabación y la mesa de mezclas. Enganchados a esa alquimia, hicieron de la manipulación y el registro del sonido su profesión. Si hace 30 años León y Valladolid estrenaron sus primeros estudios profesionales como alternativa a los de Madrid, hoy Castilla y León tiene una amplia oferta en un mercado marcado por la 'democratización' de la tecnología, la variedad de formatos requeridos por los grupos y la multiplicidad de plataformas de distribución de música.

Entre el primer disco de Armando Récords ( 'De nubes y hojarasca', de Festi Davini), vinilo LP grabado completamente en la ciudad –11 temas, 1989–, y el EP (cinco temas, de entre 20 y 25 minutos) que preparan The Fourez en los estudios Cascabel, median tres décadas de cambios. Armando fue batería de Los Nadie y Los Automáticos y cuando inauguró el negocio «era el único de la región junto al leonés Kaskabel», dice. Ha sobrevivido «siendo modesto, buen técnico y buen economista». Otro Cascabel, este inaugurado hace un año en el centro de Valladolid, es la apuesta profesional de Gustavo Fernández y Nuria Ojosnegros. Ambos abandonaron la industria farmacológica para dedicarse en exclusiva al estudio en el que han diseñado con mimo hasta los difusores. «Hay más bandas que nunca y menos recursos económicos que nunca. Queríamos ofrecer algo distinto, los estudios salen como el verdín. Ha pasado como con la fotografía, la tecnología la tiene todo el mundo, pero pocos poseen dominio técnico», explica Gustavo. El eslogan de la casa reza «alma analógica, cerebro digital». En su precio de un EP se incluye una sesión de prepoducción gratuita; «Van los músicos al estudio, tocan sus temas, lo grabamos y se lo llevan. Trabajan sobre ello y luego se determina el día de grabación definitiva. The Fourez grabarán el 18 de mayo», cuenta Nuria. Al servicio del cliente hasta para evitarles el bochorno: «Existe el 'efecto REC', hay gente que se oye cantar y llora. A algunos les hemos animado a que trabajen más su música antes de grabar». Producen entre 12 y 18 discos al año. Con cinco salas conectadas sonora y visualmente, la mayor en el centro, ofrecen la oportunidad de la 'Sesión 360º'. En la central se sitúa el público que puede ser grabado a la vez que los músicos como si fuera un directo.

«El disco es hoy una tarjeta de presentación. Quizá con una tirada pequeña (300/500 copias) se puede recuperar el dinero invertido, pero en general lo que buscan es darse a conocer», aclara Gustavo. «Antes se iba al estudio con un productor ejecutivo, otro artístico y un editor. Ahora, la relación es directa, solo los músicos y nosotros. Hacemos de todo, desde ayudarles a afinar –ella tiene un oído cercano al absoluto–, sugerirles matices, somos sus psicólogos, traducimos sus ideas; cuando te dicen más 'flow', se refieren a más garra», sonríe Nuria. El factor humano cuenta y es, junto al precio y las facilidades de intendencia, decisivo a la hora de elegir estudio.

Demos y discos

La banda folk Tuxedo acaba de grabar su tercer disco en Dobro Producciones, que tiene su sede en Casasola de Arión. Guillermo Aragón, el batería, alaba el trabajo de los técnicos: «Javier Nieto y David Martín te arropan desde el primer momento hasta el último durante la grabación, te dan ideas y un gran apoyo. La mitad del disco se hace en el estudio. Su producción suple cualquier mejora de equipos. He grabado allí con otras bandas como Arizona Baby y Cosmic Birds, siempre la misma profesionalidad». Aragón señala la ventaja del aislamiento. «Estás en un pueblo sin ninguna distracción, casi sin cobertura, eso hace crecer la implicación y la concentración».

Reconoce que «la grabación se ha democratizado, hay mucha gente que tiene medios para hacérselo en casa. Es posible en la música electrónica, la urbana, el rap. Quizá lo más complicado es grabar la batería, para eso sí hace falta estudio». A eso hay que añadir que «se han desdibujado los límites entre la maqueta o la demo y el disco. Ahora hay demos que suenan mejor que un disco y discos poco profesionales». Por otra parte, Aragón subraya cierta saturación. «Como público, estoy abrumado. Solo en Valladolid hay más de 250 bandas ahora y todas sacan disco cada dos años. No se puede escuchar todo lo que pasa. Las redes sociales son una ventaja, te escucha alguien de México o logras una reseña en Estados Unidos, como nos ha pasado. Pero, a la vez, se ha perdido el poder de lo local. Esa cercanía del boca a boca, de recomendar un concierto a ver cómo suenan estos chicos y comprar el disco para apoyarlos», lamenta Guillermo.

Celtas Cortos, Germán Díaz, Il Gentil Lauro, Klezmatica, la Orquesta de San Benito o María Salgado tienen en común grabar en Dueñas (Palencia), en Eldana. De nuevo la unión de un técnico y un músico, Jorge Calderón y Alfonso Abad, deviene en estudio. Sala de tamaño medio, con luz natural, a las afueras de Dueñas y con posibilidad de quedarse en una casa cercana de cinco habitaciones dobles son las coordenadas físicas del estudio que inauguraron en 2012.

«La gente se acerca por la calidad y el sonido, por la buena acústica de la sala. Lo regulamos con unos paneles móviles, absorbentes o divisorios, según número de músicos. Suelen venir músicos cuando ya tiene una trayectoria a grabar discos completos. También trabajamos sobre materiales que traen de otros estudios y aquí vienen a grabar la voz o las acústicas. El trabajo no se acaba hasta que el cliente y nosotros no estamos conformes», aclara Alfonso Abad.

«La duración es muy variable, depende del género y de los músicos. Por ejemplo una banda de jazz experimentado que traen sus temas preparados, tocando todos juntos, a lo mejor grabas todo en dos días y en otros dos haces el disco. Con el rock y el pop dedicamos unos días a cada instrumento, así que puede extenderse a 15 días. Hay grupos que vienen a un trabajo intenso de grabar mañana, tarde y noche y se quedan a dormir. Así lo hizo recientemente el grupo Ciconia, de Valladolid, dedicado al rock instrumental. El horario viene marcado por su energía». Jorge se dedica al estudio a tiempo completo y Alfonso es además contrabajista y profesor.

Profesional delante y detrás del cristal, Joaquín Díaz también ha grabado en Dueñas y ha visto cómo ha cambiado el panorama.«Un disco en los años sesenta y setenta era un producto cultural; un medio para que los artistas mostraran su trabajo y accedieran a un público potencial a través de un soporte que buscaba la calidad basándose en un sonido cuidado, una presentación original y una obra que pretendía llamar la atención de una audiencia favorable», afirma el etnógrafo. «Hoy los estudios son el 'capricho' de algunos músicos amantes de la calidad del sonido».

David Barrios comparte con otros dos socios su 'capricho' en Salamanca, un estudio llamado Arcene. Comenzaron en 2007 «con ganas de dar un salto cualitativo, montar algo profesional que no había en Salamanca donde sí se daba suficiente vida musical. Somos más flexibles y con precios más competitivos que en Madrid, por eso vienen músicos de allí, los últimos, Civil Guardians. También de Béjar, Rencor Absoluto o de Zamora, Gran Trailer».

Hay estudios que facturan por trabajo y otros por horas. Pablo Giral, de La Leñera, en Tudela de Duero, apunta que «no son tiempos para hacerse rico grabando, pero todo el mundo graba, hay cierto negocio aunque la competencia, las bandas y el poco dinero suscite una competencia fuerte. Una maquetita de tres temas puede costar 500 euros».

Armando Fernández recuerda que cuando iba a Madrid a grabar hace 30 años «cada hora de grabación eran 8.000pesetas/50 euros. Entonces yo la tenía a 20 euros, hoy, entre 27 y 30 euros. Ha subido todo más que mis precios». Ha capeado la depreciación del negocio con ampliación de sus instalaciones para alquilar salas y con trabajos de sonorización.

El Hangar de Burgos es un estudio que forma parte de una sala de conciertos desde 2009. «Entonces éramos los únicos que lo teníamos conectado», asegura el técnico Santiago Mancho, 'Cholo'. «Grabamos entre 10 y 12 discos al año de bandas locales y también de fuera como Mademoiselle Delirio, de Madrid. Aquí han hecho su preproducción la M.O.D.A. Diego Galaz, Jorge Explosión o Sioque son habituales. Además, hay gente que te pide grabación en directo por la sala». Cada uno explota la peculiaridad de su local y los extras como músicos de sesión, instrumentos o alojamiento. Cascabel ha ido allá y ha convocado unas becas para incentivar la creación.