Bailar y tocar la provocación, según Falla

Bailar y tocar la provocación, según Falla

La compañía de Aída Gómez y la OSCyL interpretan ‘El corregidor y la molinera’, la partitura original del gaditano antes de convertirse en ‘El sombrero de tres picos’

VICTORIA M. NIÑO

Un enredo de romance, de pantomima, equidistante entre la comedia y la tragedia, donde quiera llevarlo el intérprete. El sombrero de tres picos, de Alarcón, fue primero El corregidor y la molinera en la literatura musical de Falla, estrenado en Madrid en 1917. Dos años después, a petición de los ballets rusos, Diaguilev y Picasso mediante, volvió al título de Alarcón en su estreno de París, en julio de 1919. Hoy lo llevan al escenario del auditorio Miguel Delibes la Compañía de Danza Española, que dirige Aída Gómez, y la Orquesta Sinfónica de Castilla y León.

Es extraordinaria la presencia de bailarines entre los profesores de la orquesta, como la disposición del decorado a ambos extremos de la cuerda. La obra de Falla, tildada de muy difícil, recae sobre los hombros del joven segoviano José Luis López Antón que ocupa el podio con la ayuda de Gordan Nikolic como concertino. Pero los ojos de los espectadores seguirán los pasos de los bailarines comandados por Aída Gómez.

«Bailar con una orquesta es siempre un reto complicado, pero estoy encantada de poder trabajar a este nivel», dice la bailarina madrileña, que había bailado la versión para los rusos. «Con El sombrero de tres picos inauguramos el Teatro Real, pero esta es la primera vez que lo hago con la partitura original y lo que en principio iban a ser unos retoques, unas creaciones para partes que no se contemplan en la segunda versión, ha sido un trabajo más grande». Ahora ella dirige, no baila. «Siempre digo que bailar es interpretar, contar algo, bien sea el argumento que tiene o el que creas tú. Mis bailarines sufrieron el primer día del ensayo, Falla es difícil exige interpretar, bailar, tocar palillos. Pero luego se dieron cuenta de que era una oportunidad única». Gómez entró a formar parte del Ballet Nacional en 1982 y fue también su directora siente que a pesar de la situación crítica de la danza, «no todos estamos a una». Desde la dirección de una compañía privada, se encuentra con dificultades que «me quitan mucha energía. No las del trabajo sino lo que lo rodea». Aída Gómez pidió al Ministerio de Cultura que le cediesen los trajes originales que Picasso diseñó para El sombrero de tres picos. «Yo no quiero dinero, hay otras maneras de subvencionar, de ayudar, como esta. Estaba dispuesta a pagar el seguro, a alquilarlos, pero finalmente no ha sido posible».

La silla de concertino en este Falla la ocupa Gordan Nikolic, el director de la segunda parte del programa de la OSCyL esta semana. El violinista serbio dirige a la agrupación de cámara necesaria para interpretar la Sinfonía nº 14 de Shostakovich. Esta obra dedicada a la muerte tiene poemas de Lorca, Rilke, Apollinairey Küchelbecker que cantarán en ruso el barítono Thomas Oliemans (canta ahora el Billy Budd del Teatro Real) y la soprano Magdalena Anna Hofmann. «Esta es la sinfonía esencial de Shostakovich. Mucha gente la tilda de depresiva, de oscura. Creo que la gran conquista cultural de Occidente es la tragedia, implica la idea de inevitabilidad. Una vez asumida la conclusión de algo, está el alma libre para empezar a crear desde esa idea. Shostakovich vivió en la prisión espiritual del régimen soviético. Esta obra sobre la muerte es una fértil expresión de cómo sobrepuso a todo».