Los marineros españoles que desvelaron los secretos de Oriente

Documentación de José María Halcón y Mendoza sobre sus donaciones. /Museo Naval
Documentación de José María Halcón y Mendoza sobre sus donaciones. / Museo Naval

La capacidad de adaptación de los ilustrados navegantes permitió avanzar en el conocimiento de lugares remotos gracias a la diplomacia y el espionaje

Javier Bragado
JAVIER BRAGADOMadrid

La creencia popular suele mostrar a los enviados de la Armada como rudos soldados destinados a la pelea y la supervivencia por los mares de todo el mundo. Sin embargo, el Museo Naval de Madrid ha logrado mostrar unos marineros españoles que acudieron al Extremo Oriente en tiempos de aventuras con intereses por la cultura, la ciencia o la filosofía con los que enriquecían las tareas propias de su oficio.

«Aparte de que estos marinos tenían mucho mundo y muchas lecturas también sabía adaptarse a cualquier posición», explica el comisario de la exposición 'Asia y el Museo Naval' Ramón Vega. «Se mezclaba todo. Por ejemplo, el viaje a Indochina (actuales Vietnam y Taliandia) termina publicándose en un libro en 1878 de Melchor Ordóñez y Ortega. Tenemos una auténtica compilación, se habla de estrategia, de diplomacia, de elementos culturales específicos y de la amistad con el rey de Tailandia», señala el experto.

La Marina de Oriente. Juan José Navarro, primer marqués de la Victoria.
La Marina de Oriente. Juan José Navarro, primer marqués de la Victoria. / Museo Naval

La relación provechosa para europeos y asiáticos comenzó desde que los puertos asiáticos se abrieran hace 175 años. Sólo el particular equívoco de Cristóbal Colón al partir hacia las Indias y toparse con América retrasó el contacto. Cuando se apuntaló una ruta desde Acapulco (México) hacia el oeste, las fuerzas militares españolas se encargaron de la protección de los intereses comerciales y terminaron extendiendo sus tareas a labores de protección civil. «La Armada fue indispensable teniendo en cuenta que la piratería en la zona funcionaba muy parecida a la de los vikingos, con razias temporales en que decenas de barcos asaltaban aldeas y saqueaban centrándose sobre todo en los esclavos. Así, muchísimas poblaciones del sudeste asiático se mantenían con buenas relaciones con España gracias a que les salvaban de esa lacra que era la piratería y la esclavitud», ilustra Vega, autor de la tesis 'Incidencia del japonismo y orientalismo en el norte de España (1850-1936).

Durante los años que los navegantes surcaron el océano Pacífico pudieron conocer otras civilizaciones, establecer contactos amistosos, comerciales o defensivos y enviar a España informes, documentos y piezas inéditas que ahora se pueden observar en los museos de todo el mundo. Incluso los españoles sirvieron para arbitrar disputas internacionales. «A los países emergentes en el siglo XIX se les veía como un mercado y un posible aliado en la región, cada uno intentaba acercarse de una manera diferente. En algunos casos se les fue de las manos y, por ejemplo, surgieron las guerras del opio en las que tenemos documentado que José María Halcón participó para que las relaciones no fueran terribles para los chinos y los ingleses», recuerda Vega.

Museo Naval

Las buenas relaciones abrieron la puerta a la diplomacia. También en esos detalles se observa la capacidad camaleónica de los soldados y su predisposición. «Incluso aquellos que trataban de luchar contra la piratería de manera más directa tenían sus propias discusiones de por qué utilizar la violencia, de cómo usar la diplomacia y, en algunos casos, incluso algunos decidieron con el gobernador que lo mejor era llegar a acuerdos diplomáticos», explica el comisario que ha colaborado con cinco especialistas internacionales para recabar la información.

De manera natural llegó el turno para el espionaje en un ambiente competitivo. Íñigo y Gorostiza escribió el primer diccionario de bolsillo español-japonés (puede verse en la exposición) y ayudó a desvelar los secretos de unas islas que habían permanecido prácticamente selladas durante siglos. En sus informes sobre la construcción de los buques de guerra nipones en la zona, el marino también mostraba su admiración por la cultura del sol naciente y anticipaba que debido a las estrechas relaciones entre países no habría ningún tipo de confrontación. Otros navegantes ayudaron a que los mares fueran más seguros gracias a sus averiguaciones sobre los enclaves piratas. «Hasta finales del siglo XIX prácticamente todos los mapas al detalle del área tenían una firma española debajo», recuerda Vega.

Marina del Extremo Oriente. Embarcaciones chinas. Rafael Monleón.
Marina del Extremo Oriente. Embarcaciones chinas. Rafael Monleón. / Museo Naval

Gracias a los contactos establecidos, a los conocimientos sobre la magnitud de las fuerzas enemigas y de sus recursos, así como un conocimiento de la geografía pudieron superar a los piratas en su propio territorio. Pero por lo que más son valorados aquellos navegantes es porque desvelaron los secretos recónditos de unas civilizaciones misteriosas desde que en 1565 el fraile Andrés de Urdaneta cruzó el océano Pacífico y estableció el primer contacto. Hoy, están más cerca gracias a aquellos curiosos marineros.

'Asia y el Museo Naval'

Lugar
Museo Naval de Madrid (acceso por c/Montalbán, 2).
Fechas
Del 21 de septiembre de 2018 al 21 de enero de 2019.
Precio
Se solicita aportación voluntaria de 3€ para contribuir a los gastos de mantenimiento del museo
Horario
De martes a domingo de 10:00 a 19:00

 

Fotos