El oso pardo sale de su peligro crítico, llega a 350 ejemplares y va perdiendo el miedo al hombre

Un oso come los restos de una vaca en Babia. /ICAL
Un oso come los restos de una vaca en Babia. / ICAL

El último avistamiento de un oso en Babia mientras comía los restos de una vaca se une a una serie de encuentros que hablan del aumento de la población animal, que aún está lejos de salir del peligro de extinción

N. BARRIO León

La última foto de un oso en Babia ha despertado el debate sobre la especie en la Montaña Leonesa. En ella puede apreciarse a un ejemplar dando buena cuenta de los restos de una vaca, que yace en la ladera. «Los osos comen carroña de manera habitual, habría que saber si este ejemplar encontró la vaca muerta, que sería lo normal, o atacó a la vaca, que no suele ser una situación habitual». Así lo explica Guillermo Palomero, presidente de la Fundación Oso Pardo.

Sea como fuere, la vida de los oseznos es muy diferente a la de un pasado reciente. En un número que oscila entre los 300 y 350 individuos en la Cordillera Cantábrica, la especie a logrado salir de la situación de 'peligro crítico' para pasar a la de peligro de extinción. Un respiro, entre muchas comillas, que se produce por el aumento de población en los últimos años, en una labor que tiene mucha tarea aún por hacer.

Lo que no es tan normal, es una de las consecuencias que deriva de este aumento de la cabaña de osos. «Algunos, sobre todo los jóvenes, se acercan a las poblaciones en busca de alimentos, perdiendo el miedo a tener a poca distancia al hombre», comentan desde la Fundación.

Este hecho no es en absoluto deseable. «Hay que tratar de que aprendan a no acercarse a los pueblos con métodos disuasorios», asegura Guillermo Palomero, ya que la aceptación de la presencia humana podría ir contra su propia supervivencia.

No obstante, lo del aumento de avistamientos «es normal», pero si no se toman las medidas oportunas (de sentido común, por otra parte), los osos podrían verse atacados, lo que les llevaría a reaccionar.

Espacio queda en la Cordillera Cantábrica para el aumento del número de osos, en un camino en el que aún queda mucho por recorrer y en el que aún se siguen encontrando lazos para jabalíes en los que los osos caen en algunas ocasiones con indeseables consecuencias.

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