«Ha sido un golpe muy duro para todos los vecinos de Villabona»

El Ayuntamiento colgó un crespón negro sobre la bandera multicolor exhibida el día anterior./J. M. LÓPEZ
El Ayuntamiento colgó un crespón negro sobre la bandera multicolor exhibida el día anterior. / J. M. LÓPEZ

La localidad muestra su indignación y dolor por el atropello mortal de sus dos vecinos y condena la actuación del automovilista

JUDITH URQUIJO

Profunda tristeza, rabia e incredulidad. Esos sentimientos expresan los habitantes de Villabona, localidad en la que residían José Carlos Carrasco y Nerea Aguirre, junto a su hijo Orats. La familia llevaba diecinueve años asentada en un piso de la calle Nagusia, a escasos metros del bar RK, donde su responsable seguía consternado ayer por la triste noticia. «Ha sido un palo muy fuerte para todos. Vivían en el bloque de al lado y solían tomarse algo aquí a menudo. Aún sigo un poco en 'shock' al igual que toda la gente del pueblo», explicaba Lier Larrañaga, mientras le servía un café a una vecina, Josune Astarloa, que aseguraba conocer bien a la pareja.

«Ha sido un jarro de agua fría y un golpe muy duro para todos. Cuando me comunicaron lo que había pasado me eché a llorar, no pude contenerme. Ambos derrochaban simpatía y se les veía siempre unidos y felices. Siempre han sido muy agradables y simpáticos con todo el mundo, se hacían querer», relataba la mujer con la voz entrecortada.

Los vecinos paseaban ayer con la mirada perdida por las calles de Villabona. «Ha sido muy impactante, el jueves todo el mundo lloraba por las calles del pueblo. La gente les quería mucho y hacían mucha vida en la calle con el niño», apuntaba Joseba Jiménez, un joven conocido de la pareja. «Lo que es injusto es la manera en la que ha pasado todo. Parece mentira que aún haya gente sin dos dedos de frente y que se suba a un coche superando la tasa de alcoholemia de esa manera», añadía.

También se mostraban cabizbajos los comerciantes de los establecimientos de la zona. «José Carlos venía a la tienda a comprar flores para su mujer y solíamos coincidir mucho en el 'pintxopote' de los jueves. Se me pone la piel de gallina solo de pensarlo», contaba la encargada de la floristería Garazi. «Desprendían siempre muy buena energía y siempre andaban de aquí para allá. Incluso les sigo en las redes y sé que han estado en Nueva York hace unos meses», apostillaba.

En la tienda de deportes Albizu tampoco daban crédito a lo sucedido. «Es terrible lo que ha ocurrido, todos estamos fatal. Es una injusticia muy grande», se lamentaba la responsable del comercio. Tampoco daba crédito a lo ocurrido Amaia Claro, que regenta una librería en la localidad y fue la encargada de venderle a José Carlos el libro del Camino de Santiago. «Imagínate como me siento. Hace dos semanas se pasó ilusionado por la tienda para comprarme una guía y ahora esto de golpe. Es una injusticia».

Concentración el domingo

Eñaut Urkola e Iñaki Artola, dos jóvenes de Villabona, pasaban ayer la tarde en la terraza de un bar mientras comentaban lo ocurrido. «Es increíble que haya gente que coja el coche en esas condiciones. Era una familia muy querida y nos hemos quedado todos alucinados».

En el club ciclista Oriako de Tolosa todos conocían a la familia, ya que el pequeño Orats milita en categoría alevín. Su presidente, Aitor Ayerza, dio cuenta de la gran afición que tenían los tres por el ciclismo y afirmó que la noticia les había causado un gran impacto. «Estamos profundamente afectados. Teníamos una relación muy estrecha con los tres miembros de la familia. Es muy duro lo que ha sucedido». Asimismo, recordaron la convocatoria mañana de una concentración y posterior marcha por el centro de Tolosa en bicicleta «para realizar una protesta» por lo sucedido. La cita será a las cuatro de la tarde, antes de la disputa de la carrera de cadetes en el barrio de Amaroz de Tolosa.

En el club Oriako la consternación por la muerte de la pareja guipuzcoana es total. También entre los padres de otros chavales integrantes del club, compañeros de Orats, que coincidían cada fin de semana con José Carlos y Nerea cuando acompañaban a sus hijos a las pruebas ciclistas.

La última vez que Jesús Asensio les vio fue durante la celebración del final de temporada, el pasado 16 de junio. «Estamos destrozados, y lo que más nos duele es el chaval, que solo tiene doce años», señalaba este padre, cuyo hijo pedaleaba junto a Orats, entre sollozos. Asensio, lejos estos días de Gipuzkoa, asegura que era una familia «muy unida, siempre iban los tres juntos», y explica que el menor tiene «mucha experiencia de andar en bici, tanto en carretera como en montaña».

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