Pedro Pérez Castro: «Si entras en un museo y eres capaz de prescindir del móvil durante una hora y cuarto, vas a disfrutar»

Pedro Pérez Castro, director de la Casa Lis, en el Museo./MANU LAYA
Pedro Pérez Castro, director de la Casa Lis, en el Museo. / MANU LAYA

El director del Museo Casa Lis explica el éxito de un museo «que ha logrado fundir continente y contenido»

J. I. Foces
J. I. FOCES

He aquí un artesano de las emociones, un cuidador de que nada altere las impresiones y sensaciones que ofrece un museo tan impresionante y singular como el Art Nouveau y Art Déco Casa Lis de Salamanca. Pedro Pérez Castro, 24 años al frente de la dirección de esta institución cultural y otros tres como responsable de que la colección que donó el mecenas salmantino Manuel Ramos Andrade se pudiera exhibir, desde 1995, en el recuperado palacete que mandara construir Miguel de Lis a principios del pasado siglo. El de Pedro Pérez Castro es un espíritu permanentemente activo al servicio del arte, que ha hecho de la Casa Lis un tan singular como inimitable centro de atracción, que tira muy hacia arriba del turismo en Salamanca.

–Nunca había empezado una entrevista dando la enhorabuena al entrevistado. ¡Vaya mes de abril bueno de visitantes que ha tenido el Museo Casa Lis!

–Sí, estamos teniendo una cantidad impresionante de visitantes. Hemos tenido un aumento casi del 40% en abril. Ya hemos pasado de los tres millones y estamos por encima de siete museos nacionales.

–¿Y en Castilla y León?

–A la par que el Museo Nacional de Escultura y bastante parecido al de la Evolución Humana de Burgos. Por el número de visitas escolares y por todo el complejo puede que este esté algo por encima de nosotros. Pero somos líderes en ese sentido desde el principio y quizá, desde mi punto de vista, lo más interesante es que somos un museo diferente en cuanto a la sostenibilidad.

«Queremos que en la Casa Lis la gente viva las emociones y pase un rato agradable, pero que no esté obsesionada por captar el momento en fotos»

–Sosteniblidad, término económico donde los haya. Aplicado a un museo, ¿qué significa?

–Que nosotros generamos el ochenta y tantos por ciento de nuestros recursos.

–¡¿El ochenta y tantos por ciento?!

–Eso no es normal casi en ningún museo, incluso a nivel europeo.

–Entenderá pues la siguiente pregunta. ¿Que tiene el Museo Casa Lis para que atraiga a tanta gente?

–Algo diferente. El visitante, el turista que llega a Salamanca ha visto el Románico, el Gótico, el Renacimiento, el Barroco, pero de pronto se encuentra una joya modernista. La singularidad es el elemento fundamental del museo, lo que le hace atractivo. Hemos conseguido la unión entre contenedor y contenido...

–¿Y eso marca la diferencia, entonces?

–¡Es fundamental para conseguir una unidad! El edificio es modernista y las colecciones son también de la misma época. Con lo cual, conseguimos que al que no le guste algún tipo de colección, le guste el edificio, le gusten las vidrieras, el color... Es muy completo.

–Y para redondear la jugada abre los lunes. ¿No teme que sus colegas directores de museos le acusen de competencia desleal? Lo habitual en España es que los museos los lunes cierren.

–Efectivamente. Eso es una razón que puede ser un poco discutible. Pero nosotros lo hemos hecho porque queríamos dar una respuesta a la demanda que tenemos. Sobre todo por un tipo de turismo que está llegando a Salamanca, muy interesante, que es el que viene por el Duero.

–En barco...

–Hay un turismo internacional que el primero contacto que va a tener con España, y a lo mejor el único contacto, es Salamanca, porque viene a través del Duero. Nosotros lo comprobamos cuando veíamos que nuestras estadísticas incluían más de mil australianos y no sabíamos muy bien cómo era posible. ¡Y vienen por el Duero!

–¡Anda!

–Aterrizan en Oporto, cogen el crucero, llegan hasta los muelles de Vega Terrón, que es la frontera de los Arribes, y en autobús vienen a pasar todo el día a Salamanca. Y entran a la Casa Lis. No podíamos decir que los lunes estamos cerrados: teníamos que darle una oportunidad a esta gente.

–¿Creen que han acertado con esa decisión de abrir los lunes?

–Por supuesto. Lo agradecen mucho. Igual que los horarios continuados del mediodía, que es una oferta diferente.

–Un museo con horario que parece reservado a peluquerías, grandes almacenes... ¿Criterios puros y duros de empresa privada al servicio de la cultura?

–La verdad es que nosotros tenemos un poco el concepto de competir como atractivo con, vamos a decirlo así, los centros comerciales sin ser un parque temático.

–Mejor será que se explique....

–Conservando la esencia de un museo queremos facilitar que el visitante cuando tome la opción de entrar en el Museo Casa Lis encuentre también atractivos que halla en otros lugares de ocio, como una tienda o una cafetería. ¡Y por supuesto el horario! Un horario que le permita venir en cualquier momento del día y adaptarlo a sus necesidades. Y de nuevo volvemos a los extranjeros.

–¿Y eso?

–Porque los extranjeros no entienden un museo cerrado a las dos de la tarde. Ellos tienen una forma diferente de verlo. Y este de Casa Lis es un museo que ha trabajado mucho en estrategia de comunicación la captación de turismo internacional.

«Los extranjeros no entienden un museo cerrado a las dos de la tarde. Por eso nosotros no cerramos al mediodía»

–Uno ve en los tiempos de las nuevas tecnologías cómo alimentan ustedes su página web... Sin ir más lejos, todo lo que dicen de transparencia, desde luego impensable en una institución cultural de estas características.

–Esto responde un poco a que nosotros somos un museo jurídicamente privado, que gestionamos como una empresa, pero tenemos una vocación pública fundamental. Primero, porque dentro de la fundación están representadas todas las instituciones de la ciudad y la Junta de Castilla y León. Y esto nos obliga también a tener con los ciudadanos una respuesta de transparencia y de servicio público. Esto lo tenemos clarísimo. Publicamos todos los ingresos que tenemos...

–Y las contrataciones.

–Todo.

–Pero sería suficiente con que rindiesen ustedes cuentas ante el patronato de la fundación del Museo y el Protectorado de Fundaciones.

–Pero también tenemos una respuesta a las administraciones y los ciudadanos. Queremos decirles: 'Miren, estos son nuestros ingresos, este es nuestro número de visitantes y en esto los gastamos'.

–Cómo han cambiado las cosas en pocos años para este museo. De haber hablado en 2005 de asfixia económica por parte municipal, de pedir usted la solidaridad de los directores de museos de España para no desaparecer, a ser ahora el motivo del tirón de las visitas a Salamanca.

–Las crisis fortalecen. Las crisis son a veces importantes porque te hacen más fuerte, si eres capaz de superarlas, claro. Los museos son instituciones muy débiles. Hay que ser muy sensibles con los museos porque están sujetos a elementos exteriores; y no me refiero solo a los asuntos políticos, sino también a los institucionales en general. Y como órganos sensibles que somos tenemos que tener fortalezas y hacerlas que formen parte de los activos de la fundación. Esa crisis que tuvimos nos obligó a decirle a los salmantinos: 'Oigan defiendan ustedes su Casa'. Porque fue la Asociación de Amigos del Museo, que surgió en aquel momento y que es una de las más fuertes de la ciudad, la que dijo: 'No no, queremos que se salve la casa, no queremos que desaparezca'. Porque además estaba funcionando bien, la gente respondía. El hecho de que la sociedad salmantina hiciera suya la Casa nos dio una fuerza tremenda y es lo que ha hecho posible que a partir de esa crisis el crecimiento haya sido exponencialmente muy importante.

–Usted define este museo como entretenido y divertido. ¿¡Un museo, divertido!?

–Sí. Las colecciones son algo muy cercano a la gente, sobre todo a la que ya tiene una edad. Y para la gente joven también es una estética que conecta muy bien. A partir de ese momento, el visitante se relaja y se divierte. Se entretiene. Por eso estamos insistiendo tanto en el tema de las fotos.

–¿Las fotos? ¿Se refiere a los que entran con la cámara en el ojo, venga a disparar fotos, y al salir tienen que ver las fotos para saber qué es lo que había dentro?

–El tema de las fotos es absolutamente tabú en este museo.

–¿Por derechos de imagen?

–No, no, no. Porque queremos que la gente viva las emociones sin necesidad de hacerlo a través de una cámara. Con la introducción de las nuevas tecnologías y de los móviles se han desvirtuado las emociones. Queremos que aquí la gente viva las emociones, pase un rato agradable y se divierta, pero que no esté obsesionada por captar ese momento y llevárselo a casa.

–¿Es por eso que hablan de analizar el carácter emocional de los visitantes?

–Acabamos de empezar. Celebramos el Día Internacional de los Museos y hemos empezado a dar a cada visitante una bolsita a la entrada, con una pequeña información en el que le decimos que queremos que disfruten de sus emociones y les proponemos una fotografía de lo que pasa en el Louvre con la Mona Lisa.

–¿Qué pasa con la Mona Lisa?

–Cuando vas al Louvre no ves la Mona Lisa: ves un montón de gente haciendo fotos y no te fijas en lo que hay. Parece que lo que quieres es captar la foto de la Mona Lisa, decir que has estado allí y contarlo en las redes sociales. Esto desde mi punto de vista es un error tremendo.

–Desde su punto de vista... ¡y del de mucha gente!

–Es que eso desvitúa la esencia fundamental de lo que es la creatividad y el divertimento de los museos. Si entras en un museo y eres capaz de prescindir del móvil una hora y cuarto vas a disfrutar mucho más que si estás obsesionado por captar imágenes para colgarlas en las redes sociales. No es que no dejemos que se participe en redes sociales; todo lo contrario: Hemos habilitado en la cafetería una zona wifi para que se pueda hacer. Pero la experiencia de visitar el museo queremos que sea emocional.

–¿Osea, que va a ser verdad que no todo está en internet porque, sin ir más lejos, las emociones no están en Internet?

–¡Efectivamente! Las emociones, si no somos capaces de vivirlas directamente, son como una comida: puedes tener un plato magnífico servido, en el que hay olores, texturas, colores y que lo que nos obsesione sea coger el móvil para hacerle una foto. ¡Deja el móvil! ¡Disfruta de eso! Pues aquí proponemos eso y es una experiencia mundial pionera. No conozco ningún caso que se haya hecho esto.

–Pero hay teóricos de las relaciones sociales que sí hablan de ello.

–Sí, sí. Se habla de lo que han supuesto las nuevas tecnologías y cómo afectan a cómo percibimos la belleza en la naturaleza, el arte, la gastronomía. Pero una experiencia como la que hemos puesto en marcha, no la conocemos.

–¿Dónde radica el secreto de su veteranía en el cargo? 27 años.

–Vengo del mundo de la cultura. He sido gestor cultural, he sido funcionario en el Ministerio de Cultura en la Filmoteca Española, fui técnco de Cultura del Ayuntamiento de Salamanca, fui director general de la Junta de Castilla yLeón... He ido tocando todos los aspectos que tienen que ver con la gestión cultural. Ahora bien: cuando a mí me tocó este proyecto, que fue por casualidad, evidentemente fue una suerte, no fue algo que buscara. Cuando empecé supe que era el proyecto con el que quería terminar mi vida profesional.

–Mucho tiempo en un mismo sitio...

–El mismo proyecto me va generando a mí constantemente energías para hacer cosas. Tengo tanta fuerza como el primer día en cuanto a creatividad, imaginación, acción. Y luego te rodeas de un equipo que te ayuda y que va caminando contigo. Volvemos a las emociones... Es que es un mundo de emociones.

–¿Si don Miguel de Lis levantase la cabeza?

–Ahhh... Don Miguel de Lis era un bon vivant que le gustaba vivir bien, no era un salmantino al uso.Por eso se hizo esta casa. Yo creo que estaría contento porque al final hemos recuperado su casa, que se caía, y, en segundo lugar, hemos recuperado su gusto. Era alguien que disfrutaba del concepto de la vida.

–¿Y si quien levantase la cabeza fuera don Ramos Andrade?

–Ramos Andrade lo vivió, con tiempo. El proceso empezó en 1992, lo vio todo hasta que se inauguró en 1995, y vivió dos años más. Él vio el exito del museo, porque el museo triunfó desde el primer día, con casi 200.000 visitantes el primer año. Estaba satisfecho y estaba seguro de que iba a triunfar este museo.

–Para un enamorado del arte como usted, ¿qué vida hay más allá de la Casa Lis?

–Me gusta mucho viajar, aunque al final siempre termino en proyectos de la Casa Lis.

–Será recordado por la Casa Lis. ¿quedará satisfecho por ello?

–Me gustaría que si de alguna forma puedo dejar algo de mí, que quede aquí en la Casa Lis: es el proyecto de mi vida. He dado parte de mi ser a esta casa. Aunque tengo mucha conciencia de la forma de pasar por este mundo.

–¿La mejor forma de pasar por este mundo es...?

–Que te recuerden con cariño, nada más.

–De mayor, ¿qué quiere ser usted?

–De mayor... Ufff. Que el dolor no me impida seguir disfrutando de las emociones. Las enfermedades son lo que más me preocupa para cuando sea mayor. Las enfermadades llevan al dolor y el dolor, a la pérdida de las emociones. Me gustaría que me respetara la salud para poder disfrutar de todo, porque todo es maravilloso.