Luis Carlos Martínez: «Si los jóvenes encuentran trabajo en Castilla y León, van a vivir en las ciudades, no en el medio rural»

Luis Carlos Martínez posa para la entrevista en el edificio histórico de la Facultad de Derecho de Valladolid./Alberto Mingueza
Luis Carlos Martínez posa para la entrevista en el edificio histórico de la Facultad de Derecho de Valladolid. / Alberto Mingueza

El profesor titular de Análisis Geográfico Regional sentencia que el problema de la despoblación es inevitable y augura que la única clave de futuro está en saberse adaptar a los cambios

J. I. Foces
J. I. FOCESLeón

He aquí a uno de los mayores y mejores conocedores de la realidad poblacional de Castilla yleón. Luis Carlos Martínez, geógrafo de vocación y profesión, profesor titular de Análisis Geográfico Regional, que pese a su juventud, o posiblemente gracias a ella, disecciona como pocos no solo la distribución territorial de la población, sino qué puede pasar en el futuro más inmediato. El problema de la despoblación es inevitable, sentencia. ¿Pesimista? No, ni mucho menos; realista. Y augura que la única clave de futuro está en saberse adaptar a los cambios que vivimos. «Hay que hacer de la necesidad virtud».

–Es usted profesor titular, pero ha sido profesor asociado, profesor colaborador, profesor ayudante,... ¡La docencia en la universidad española tiene más rangos que el Ejército!

–La carrera universitaria hoy en día es larga, está llena de obstáculos y aparte de tener que trabajarlo mucho y durante muchos años (acabar la carrera, hacer un doctorado, una tesina, una tesis doctoral), luego tienes que tener un pelín de suerte, porque hay mucha gente buena que luego no se puede quedar en la Universidad.

–¿Qué hace todo un doctor en Geografía metido a vicesecretario general de la Universidad de Valladolid?

–El profesor universitario tiene tres funciones fundamentales: la docente, somos profesores, tenemos que impartir clases; la investigadora, ligada a la docencia, hacemos avanzar nuestra propia disciplina y nuestro campo del conocimiento; y la transferencia del conocimiento, que seamos útiles a la sociedad, es decir, que lo que yo investigue no se quede solo en un artículo de revista que solo lean mis colegas. Y hay una cuarta función que, en cierto modo, alguna vez tiene que asumir un profesor universitario, la de la gestión.

–Deduzco que es usted un firme defensor del sistema universitario español frente a todos los vientos que soplan en contra de él...

–Si los propios universitarios no defendemos a la Universidad de los huracanes que surgen, apaga y vámonos. Tampoco voy a ser iluso y reconozco que hay muchas cosas que se pueden mejorar, pero yo creo que tiene un valor: que es triste que muchas veces no sepamos transmitir a la sociedad. Y en eso parte de culpa la tenemos los propios universitarios.

–¿Más del 50%, menos?

–Hay que repartir las culpas, pero buena parte es que los universitarios todavía, en cierto modo, vivimos en una torre de marfil y no sabemos transmitir fuera lo que realmente es la universidad y la utilidad social que tiene.

–Uno ve su currículum y queda epatado. Lleva dando el callo desde que se licenció en 1999 y hasta que se doctoró en 2010. ¿Cómo vivió usted la famosa crisis de los másteres de Cristina Cifuentes y de Pablo Casado o a la de la tesis de Pedro Sánchez?

–Con mucha tristeza, con mucha frustración. Porque ves los medios de comunicación y me enfada, ¡me enfada! Yo sé lo que es sacarse la carrera con buena nota, sé lo que es hacer cursos de doctorado y esforzarte; sé lo que es hacer una tesis doctoral y los años que lleva una tesis doctoral: Yo estuve 7 años y no hacía otra cosa todos los días que tesis doctoral. Hasta llevaba 'postits' en la cartera para cuando se me ocurría alguna idea... Entonces, que se utilice la universidad en beneficio de gente con el simple ánimo de tener un título que encima no les sirve para nada... Porque para ser profesor titular de Universidad o catedrático hay que ser doctor, pero para ser presidente del Gobierno no hay que ser doctor. Lo que pasa es que sí que es cierto que como que les da un barniz, un prurito académico de esa manera. Pero es imposible hacer una tesis doctoral si te estás dedicando a otras cosas. Una buena tesis doctoral solo la puedes hacer si te dedicas solo a ello. Y un máster, igual.

–¿Cuál es la mayor preocupación que detecta en los jóvenes universitarios?

–¡El futuro! Qué va a ser de ellos cuando acaben la carrera, por dónde se van a tener que orientar. Un joven estudiante que está en primero sabe que tiene cuatro años por delante, pero cuando llega al último año el horizonte se le llena de niebla. Y hoy en día, con un grado no eres nadie; hoy en día tienes que hacer un máster. Nuestras licenciaturas de antaño no equivalen al grado de ahora. Un grado más un máster sí equivale a una licenciatura. Por tanto, el estudiante que solo tenga un grado se queda muy cojo; va a necesitar un máster y ahí, y no sé si lo que voy a decir es políticamente correcto...

–...Dígalo y ya veremos.

–Cuando dicen que los grados son asumibles económicamente, podemos decir que bien, que vale. Pero los másteres, ya no . Son más caros. Ahí puede haber desigualdades y no los mejores van a llegar al punto de partida de la vida laboral en las mejores condiciones. No todos van a poder estudiar un máster.

–Ya que habla de Castilla yLeón. En todos los sitios los jóvenes estudian, se esfuerzan, aprueban y aquí, en esta tierra, además se tienen que ir fuera. ¿Qué triste o qué bien, que conocen mundo?

–Por un lado es triste, porque es un capital humano que hemos formado en Castilla y León y sus horizontes laborales están allende los límites de la comunidad. Por supuesto, como experiencias vitales será maravilloso conocer otros lugares. Pero deberíamos preguntar a todos los egresados de nuestras universidades si quieren irse fuera.

–¿Defiende que Castilla y León es un buen lugar para vivir? ¿Anima a los estudiantes a quedarse aquí?

–Como lugar donde vivir, esto que ahora se denomina el 'well bean', es una comunidad autónoma muy buena. Tenemos patrimonio territorial, natural, cultural, tenemos un amplio territorio, aunque no somos muchos los que lo habitamos, tenemos calidad de vida, llegamos a mayores en condiciones relativamente buenas de salud,... Ahora, para nuestros jóvenes vivir en ella depende de tener una buena garantía laboral y ahí es donde quizá estén los problemas.

–Ya le salió el profesor titular de Análisis Geográfico Regional que lleva usted dentro. ¿No está Castilla y León condenada a muerte por la despoblación?

–El profesor Jesús García Fernández, que fue realmente quien formó a mis maestros, en 1984, en la lección inaugural del curso de la Universidad de Valladolid habló sobre el concepto de desertización y Castilla. Decía que desertización era erróneo porque lo que ya había era despoblación. Pero no vamos a ser ilusos. Esto es un proceso dilatado en el tiempo.

–¿Qué quiere decir?

–Parece que el público en general y nuestros políticos han descubierto la despoblación como problema ayer. No, no, esto ya viene del éxodo rural. Como yo explico en clase, estos son los últimos estertores de lo que en los años 60 denominábamos éxodo rural, que tiene otra cara de la moneda: la concentración urbana. Se fue abandonando el mundo rural y la población se fue concentrando en las ciudades: Burgos, León, Valladolid... Y muchos se fueron fuera de la comunidad. Incluso de España. Esto hay que ligarlo al proceso de industrialización y después, al de terciarización.

–Hay despoblación porque no hay trabajo, pero no hay trabajo porque hay despoblación. ¿Quién corta esa pescadilla que se muerde la cola?

–La despoblación va a existir aunque hubiera industria. Si nuestros jóvenes encuentran trabajo en Castilla y León van a vivir en las ciudades , no en el medio rural. No vamos a poder evitar la despoblación rural porque es consustancial a las sociedades contemporáneas. Pasa en todo el mundo occidental. Donde están las oportunidades hoy en día es en las ciudades no en el mundo rural. El mundo rural va a tener otra función.

–¡Menos mal! ¿Cuál?

–La de servir a una multitud de oferta que demandemos los urbanitas. Si nos damos cuenta, hoy en día Castilla yLeón no necesita un mundo rural solo para producir alimentos. Hoy en día necesitamos un mundo rural que sea un paisaje que al habitante urbanita lo atraiga.

–Vamos, lo que es un parque temático del adobe, ¿no?

–Podría ser. Ahora, también desde un punto de vista de su función como suministrador de alimentos nuestro mundo rural aún tiene una oportunidad en las producciones agrarias de calidad. No la cantidad, la calidad.

–La despoblación ya es endémica, pues. ¿Qué hacemos con los más de 5.900 núcleos de población con poquísima gente que tiene Castilla yLeón en sus 2.248 municipios?

–Es un gran problema. Aproximadamente, hay 1.970 municipios que tenemos catalogados en el Departamento de Geografía como 'rural profundo'; tienen menos de 2.000 habitantes. Esos están en situación crítica. Tenemos catalogados otros 37 como 'centros comarcales de tercer nivel', de menos de 2.000 habitantes, pero tienen algún tipo de servicio para los núcleos de alrededor. La clave debería ser esto que ahora se denomina ordenación del territorio, de la que los geógrafos llevamos hablando mucho tiempo pero que parece que se ha descubierto ahora. 23 municipios de entre 5.000 y 10.000 habitantes son la bisagra clave de relación entre lo urbano y lo rural y esos deberían ser el armazón sobre el que construir la ordenación del territorio en Castilla yLeón, los núcleos clave en los que concentrar los servicios educativos , sanitarios, de todo tipo. Luego tenemos catalogados otros 44 entre 2.000 y 5.000 habitantes, que podrían ejercer un papel importante en muchas zonas. Y luego hay áreas en la comunidad autónoma que no tienen siquiera ese tipo de centros comarcales. En 2012, por encargo del CES, hicimos un estudio para intentar identificar núcleos que aunque fuesen de menos de 2.000 habitantes pudiesen erigirse en clave para esa pretendida ordenación del territorio y que el mundo rural al menos se mantuviera.

–Y de lo que se ha hecho estos años en la comunidad en la materia, ¿qué opina?

–Nos encontramos con un problema, y esto no es muy políticamente correcto decirlo: más que una ordenación del territorio, que debería ser integral, hemos hecho ordenaciones sectoriales. El mapa sanitario no casa con el educativo, este no casa con el de acción social... No podemos superponer mapas y que un núcleo tenga el centro educativo y el sanitario esté en otro.

–Los políticos ven todos el problema pero en los últimos ocho años no se han puesto de acuerdo sobre el modelo de ordenación territorial en Castilla yLeón. ¡Esto es España!

–El mapa más acabado que tenemos de ordenación del territorio duerme en un cajón desde 1998 con el consejero José Luis González Vallvé. Ese mapa, que estaba hecho, hacía emerger una serie de rivalidades territoriales y luchas, y tenemos muchas escalas administrativas; aquello era dar un poco una vuelta a todo. La idea era muy buena porque habríamos podido evitar todas las planificaciones sectoriales que han venido y, ahora que tenemos este problema tan grande de la despoblación, no podemos aplicar medidas efectivas porque no hicimos bien los deberes hace 20 años.

–¿Nos sobrepasa la despoblación?

–El problema de la despoblación es inevitable. Podemos poner tiritas, podemos mitigarlo, pero va a seguir, es el signo de los tiempos.

–Castilla y León dice que es un problema de Estado. Y va España y dice...

–...¡Que es un problema de Europa! Y Europa dirá que es un problema del mundo mundial. Patadas para arriba. Hay autonomías que se han tomado esto muy en serio. El plan demográfico más acabado que hay en España, y me consta que el Gobierno de la nación lo tiene encima de su mesa como modelo, es el de Asturias. Hecho por un grupo de geógrafos del Observatorio del Territorio de la Universidad de Oviedo. Ahí se es consciente de que la comunidad autónoma tiene un marco competencial y que no solo es dar patadas para arriba. Este es un tema de muchas escalas: europea, nacional, autonómica y por debajo de la autonomía.

–¿De dónde sacamos motivos para el optimismo en estas tierras con tanta despoblación, dispersión, envejecimiento...?

–Ser pesimista en estas cuestiones en cierto modo es ser realista. Si echamos la vista atrás, podemos aventurar las tendencias hacia el horizonte a medio y largo plazo. Las proyecciones demográficas no son halagüeñas. Hablan de decrecimiento de la población porque, en primer lugar, va a haber un decrecimiento natural: hay más gente que muere que nace. Y las tasas de natalidad no son buenas. En España había en 1976, 2,8 hijos por mujer; en la actualidad, 1,34. La edad media de la maternidad en 1975 era de 28,8 años y ahora es de 32 años. Y la edad media de cuando se tiene el primer hijo ha pasado de ser en 1975 de 25,2 años a 30,8 ahora. No nacen niños.

–¿Acabará en Castilla yLeón el ser humano como especie a proteger?

–Tanto como eso... Siempre quedará la fuerza de determinados territorios dentro de la comunidad autónoma y ¿por qué no podremos encontrar nuevos nichos de empleo? Hay que hacer de la necesidad virtud. Castilla yLeón puede ser clave en yacimientos de empleo como, por ejemplo, el del envejecimiento. Hay muchos informes que nos hablan de la 'silver economy', que es la economía ligada a las personas mayores, al envejecimiento activo, a la formación permanente de los mayores. La clave es adaptarse al cambio, lo que algunos pedantemente califican de resiliencia, y en esto de lo demográfico tenemos que ser capaces de adaptarnos a los cambios que estamos viviendo.

–El joven profesor de Análisis Geográfico Regional, ¿qué quiere ser de mayor?

–En la medida de lo posible, seguir siendo profesor de Análisis Geográfico Regional hasta que me dejen. Si me dejan y hay salud y llego a ello, me gustaría seguir reenganchado en esto el mayor tiempo posible porque, aparte de que es mi trabajo, me encanta.