El Papa dice que las ONG que salvan a inmigrantes son como «el Buen Samaritano»

El Papa Francisco celebra una misa para recordar su visita de hace cinco años a la isla italiana de Lampedusa./EFE
El Papa Francisco celebra una misa para recordar su visita de hace cinco años a la isla italiana de Lampedusa. / EFE

Francisco celebra una misa con refugiados y socorristas en la que pide no caer en la «tentación tan presente en nuestros días» de construir «muros, reales o imaginarios, en vez de puentes»

DARÍO MENORCorresponsal. Roma

El Papa Francisco no está dispuesto a quedarse cruzado de brazos mientras los países europeos reaccionan con egoísmo a la llegada de inmigrantes y refugiados en un año en el que, además, las cifras de desembarcos a través del Mediterráneo Central son casi un 80% más bajas que en el mismo período de 2017. Coincidiendo con el quinto aniversario de su viaje a Lampedusa, la pequeña isla italiana situada en el centro del Mediterráneo que simboliza el drama de la inmigración, Jorge Mario Bergoglio presidió este viernes una misa en la basílica de San Pedro en la que participaron unos 200 refugiados y cooperantes. Entre ellos estaba Óscar Camps, fundador de la ONG española Open Arms.

Dejando el italiano con el que había empezado su homilía, el Pontífice pasó al castellano para dirigirse a los socorristas de nuestro país y decirles que encarnan hoy «la parábola del Buen Samaritano». Lo hacen por detenerse en medio del mar para salvar «la vida del pobre hombre golpeado por los bandidos, sin preguntarle cuál es su procedencia, sus razones de viaje o sus documentos». Sus palabras tenían una fuerte carga política en un momento en que estas instituciones son criminalizadas y se les impide utilizar los puertos de Italia y de Malta e incluso entrar en sus aguas territoriales.

La misa de este viernes en San Pedro es una nueva demostración de que los inmigrantes y refugiados son prioritarios para Bergoglio. Lo dejó claro desde el inicio de su pontificado cuando viajó el 8 de julio de 2013 a Lampedusa para recordar a todos aquellos que se dejaban la vida en el mar. Su defensa del papel de las ONG llegó el mismo día en el que el representante de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) en Libia, Roberto Mignone, destacó que la presencia de estas organizaciones en el Mediterráneo Central resulta «fundamental» porque los guardacostas libios «es difícil» que puedan salvar a todos los inmigrantes que zarpan desde el país norteafricano.

Hubo una parte de la homilía del Papa que iba dirigida a quienes han hecho del rechazo a la inmigración su principal activo político, como Donald Trump o Matteo Salvini. Fue cuando habló de la «tentación tan presente en nuestros días» de cerrarse «ante los que tienen derecho, como nosotros, a la seguridad, a una condición digna y que construye muros, reales o imaginarios, en vez de puentes». Denunció la «hipocresía estéril» de quienes «no quieren ensuciarse las manos». Francisco también se dirigió de forma directa a los rescatados. Les mostró su «solidaridad y aliento» asegurando que «conoce bien» las tragedias que les han llevado a huir de su tierra. Les pidió que sean «testigos de la esperanza» en medio de un mundo que criticó por estar «cada día más preocupado de su presente», contar con «muy poca visión de futuro» y ser «reacio a compartir». Deseó el Papa que se puedan superar «los miedos y las inquietudes» con los que la sociedad occidental está afrontando hoy este desafío de manera que imperen «la solidaridad y la misericordia».

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