Muchos de los abusos cometidos por los sacerdotes de Pensilvania no podrán ser perseguidos

Muchos de los abusos cometidos por los sacerdotes de Pensilvania no podrán ser perseguidos

Miles de niños y niñas fueron abusados sexualmente, según han contado a un gran jurado

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York (EE UU)

A menudo, callar es hacerse cómplice. El silencio de la jerarquía católica ante los abusos sexuales de sus pastores llegó hasta el encubrimiento. El entonces obispo Donald Wuerl de la diócesis de Erie, el canal al que le canta Bruce Springsteen, prefirió suspender silenciosamente a los pederastas sin informar de las causas a su congregación y trasladarlos de parroquia en parroquia durante décadas. Hoy es cardenal en Washington.

Así logró que para cuando el martes un gran jurado de Pensilvania destapó en su detallado informe de 1.356 páginas los abusos de los sacerdotes de seis dióceis a más de mil niños, muchos de ellos ya no puedan ser perseguidos porque sus delitos han prescrito. Otros han muerto con toda la gloria del hábito, «un sacerdote es un sacerdote», dijo el ahora arzobispo en el funeral de George Zirwas, acusado de molestar a los chicos durante décadas. En su opinión, la orden del sacerdocio «es para siempre», sentenció con lealtad frente a su ataúd.

El silencio que les ha permitido vivir y morir con los honores de la sotana se ha roto. Los crímenes de más de 300 sacerdotes de Pensilvania y sus superiores quedan expuestos en el informe con todo lujo de detalles morbosos que les impedirán levantar la cabeza, aunque algunos nombres han sido redactados. Y lo más importante, 41 de las miles de víctimas que el gran jurado estima que existen podrán presentar cargos. En ese estado, por este tipo de delitos sólo se pueden presentar demandas civiles hasta los 30 años, pero criminales hasta los 50. Entre la larga lista de abusados que prestó su testimonio en 18 meses llegó a haber un hombre de 83.

Otras no pudieron contarlo. Un adolescente fue violado repetidamente entre los 13 y los 15 años, aguantado con tanta fuerza sobre el suelo mientras era penetrado analmente que llegó a sufrir daños en la columna vertebral y se hizo adicto a calmantes opiáceos. Murió de una sobredosis. El congresista demócrata Mark Rozzi contó al Washington Post que uno de sus amigos del colegio que había sido violado por el mismo sacerdote que le violó a él repetidamente se suicidó en 2009. El delito puede prescribir, el trauma no. «Esto es un asesinato del alma», dijo James VanSickle al gran jurado. El hombre de 55 años que contó su violación a la prensa es uno de los que no verá a su verdugo en los tribunales.

El informe es el más detallado que se realiza en EEUU desde que en 2004 el John Jay College of Criminal Justice de la City University of New York publicase una revisión de medio siglo que no acabó en el 2002, cuando finalizaba ese estudio, ni empezó en 1950. Este se remonta a los años 40 e incluye incluso una red de sacerdotes que en los años setenta azotaban a sus víctimas y les tomaban fotografías con un crucifico para difundirlas pornográficamente. Esto pondrá más presión sobre la mesa del Vaticano en la que el Papa Francisco intentan encarar el problema.

Las aberraciones eran múltiples, por parte de toda la jerarquía eclesiástica. Cuando una niña violada por un sacerdote quedó embarazada otro sacerdote le escribió para manifestarle su apoyo, al violador, no a la niña. El padre Chester Gawronski, que confesó a la diócesis haber masturbado al menos a 41 niños de 13 y 14 años con la excusa de hacerles «un examen de cáncer», siguió en activo durante 15 años más, trasladado de parroquia en parroquia. Todavía en 2002 se le nombró capellán de la Casa de Santa María, también en Erie (Pensilvania)

El ahora cardenal incluso dejó algo más por escrito a la madre de una de sus víctimas: «La única precaución que le doy es que se abstenga de buscar más información sobre eventos pasados, porque puede atraer atención a gente que no está involucrada».

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