El cambio climático puede diezmar a los osos pardos en la cordillera cantábrica

Un oso pardo macho adulto. /FUNDACIÓN OSO PARDO
Un oso pardo macho adulto. / FUNDACIÓN OSO PARDO

Un estudio, en el que participa el CSIC, alerta de que la población de estos úrsidos se puede reducir a la mitad en 50 años por las modificaciones en la vegetación

Daniel Roldán
DANIEL ROLDÁNMadrid

El cambio climático tiene un impacto en todo el planeta, tanto en los lugares más lejanos como en los más cercanos. Y sus consecuencias se pueden apreciar en poco tiempo. En la cordillera cantábrica, la población de osos pardos puede verse reducida a la mitad en 50 años por culpa de las modificaciones que están sufriendo los vegetales con los que se alimentan como consecuencia del cambio climático, según alerta un estudio publicado por la revista 'Global Change Biology' y en el que ha participado el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). En la actualidad, según los datos de la Fundación Oso Pardo, viven unos 330 úrsidos en esa zona.

Los investigadores han analizado diferentes escenarios con la población de estos animales en Asturias, León y Palencia y las especies vegetales que son la base de su alimentación: arándanos, hayas (Fagus sylvatica), castaños (Castanea sativa), robles pedunculados (Quercus robur), robles rebollos (Quercus Pyrenaica), robles sésiles (Quercus petraea) y pinos silvestres (Pinus Sylvestris).

«Según nuestras estimaciones el rango de distribución de los robles pirenaicos y pedunculados se desplazará principalmente hacia el norte de Asturias, más cerca de las tierras bajas, donde la densidad de población y las infraestructuras humanas es la más alta. Los osos de las zonas montañosas más salvajes se moverán hacia zonas más humanizadas. Aquí, la alta densidad de cultivos, ganado, poblaciones y caminos puede aumentar las tasas de conflictos entre humanos y osos», explica el investigador del CSIC Vincenzo Penteriani, del Instituto Pirenaico de Ecología y también de la Unidad Mixta de Investigación en Biodiversidad.

Los cambios en la población de osos, según el informe, se podrán apreciar de tres maneras diferentes. En primer lugar, en las bellotas. Como constituyen la mayor fuente de alimento en otoño e invierno para estos osos, una reducción drástica en los bosques de roble podría afectar el almacenamiento de grasa antes de la entrada a la osera, esencial para la hibernación y la cría de los esbardos. De hecho, la disminución en el consumo de bellota puede reducir la ingesta de proteína del material vegetal, lo que podría afectar al oso pardo cantábrico también durante la fase de hiperfagia.

En segundo lugar, bajo este escenario de baja disponibilidad de bellotas, la competencia con otros consumidores de este fruto (ungulados silvestres, jabalíes o ganado libre) podría aumentar. En tercer lugar, debido a que la distancia entre robles y arándanos parece aumentar debido tanto a su desplazamiento como a su contracción, los osos podrían necesitar trasladarse más lejos entre temporadas para encontrar sus recursos tróficos principales. Una mayor distancia entre las zonas con alimentos típicos de verano como los arándanos y los robles, donde los osos obtienen la mayor parte de sus alimentos en otoño, puede generar mayores riesgos en su alimentación.

«La magnitud de los cambios forestales proyectados por nuestros modelos enfatiza que, para conservar la población del oso pardo cantábrico, las prácticas de conservación enfocadas únicamente en los osos pueden no ser apropiadas. Sería necesaria una planificación de conservación más dinámica dirigida también a reducir el impacto del cambio climático en los paisajes boscosos de la cordillera cantábrica», apunta Penteriani.

 

Fotos