El artífice del Acuerdo de París sobre el cambio climático ve «razones para el optimismo»

Laurent Fabius, el hombre que encabezó el Acuerdo de París./Afp
Laurent Fabius, el hombre que encabezó el Acuerdo de París. / Afp

Laurent Fabius asegura que la acción de los ciudadanos puede bloquear los avances contra el «desarreglo» del clima y aboga por la 'transición justa'

DOMÉNICO CHIAPPEMadrid

Laurent Fabius, el hombre que encabezó el Acuerdo de París y que logró poner de acuerdo a medio mundo para tomar medidas que frenaran el cambio climático en 2015, contempla con incertidumbre la revuelta de los chalecos amarillos en su Francia natal, donde ahora preside el Consejo Constitucional. «El origen fue el aumento del precio de los carburantes», una medida en línea con la necesidad de pasar de la energía fósil a la ecológica, pero que gustó poco a los dueños de coches. Este comportamiento añadió un nuevo componente al cóctel de la 'transición justa', o el equilibrio de políticas para que los agentes implicados no generen un exceso de resistencias al cambio que se requiere para no aumentar la temperatura del planeta. «Nos hace ver que todos los países que quieren ir hacia la descarbonización deben prever etapas porque si la estrategia es insoportable para la ciudadanía se producirá el bloqueo», reflexiona Fabius en un foro celebrado en Madrid. «Hay que ver de forma realista cómo avanzar».

Sin embargo este avance requiere prisa. «Es un sprint, más que una carrera de fondo», mantiene Fabius, que señala otras contradicciones que asoman en esta situación «extremadamente inquietante y dramática», en la que los países no están actuando a la altura. «Los científicos han demostrado que el desarreglo climático se debe a las emisiones que producen el efecto invernadero y la relación que tienen con la actividad humana», dice Fabius. «De seguir en la misma línea, el aumento de la temperatura será de 3,5ºC y no de dos. Eso producirá escasez de recursos y, por tanto, conflictos. Hablamos de un tema de paz o de guerra. Pero no todo está perdido. Aunque hace falta realizar un esfuerzo sin precedentes».

Uno de los puntos primordiales, aparte de limar las resistencias ciudadanas, es lograr compromisos de financiación para la 'transición justa' que permitan crear empleos al mismo tiempo que se destruyen; o facilitar innovación tecnológica para sustituir los modelos de negocio de las empresas. Fabius saca cuentas, avaladas por uno de los informes que encargó el Acuerdo de París: el coste de la inacción sería de hasta 20% del PIB mundial, mientras que el de actuar a favor del medio ambiente es del 1%. «Sin financiación no hay acción posible». De ahí sale la cifra de 100.000 millones de dólares de transferencia de los países ricos a los pobres hasta 2030 para cumplir los «objetivos de mitigación», en inversiones tanto públicas como privadas. «Hay que ser optimistas porque hay una evolución en las empresas, que no son altruistas y actúan en su propio interés y eficacia», dice Fabius, que cita ejemplos de fondos soberanos que invertirán 2.500 millones de euros en tecnología que ayude a reducir las emisiones, o la judicialización de actuaciones empresariales por parte de sus propios socios y ONG en países como Holanda, Francia y Polonia.

En el listado de tareas pendientes de Fabius están: eliminar las subvenciones a las energías fósiles, pues «hacerlo reduciría el 10% de las emisiones que hay que disminuir para alcanzar la meta de no sobrepasar los 2ºC»; apostar por la transparencia del destino de los recursos; aumentar las tarifas del carbono y fomentar la innovación. «Existe una auténtica toma de conciencia y de acciones positivas, perfectibles todavía, porque ya nadie pone en tela de juicio la gravedad del fenómeno», concluye Fabius. «No hay que perder la esperanza y apostar por la innovación tecnológica, financiera y social.

En el foro, realizado en CaixaForum y organizado por Cotec, también participó la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, que sostuvo que «hay que acelerar la acción real». «No podemos volver a un modelo de crecimiento del pasado. Es un proceso de aprendizaje para no desperdiciar los recursos», dijo. «Es fundamental hacer señales regulatorias estables, pero flexibles». Aseguró que en doce años se pueden cumplir los objetivos de la COP25 y que «hay que recordar el papel de la políticas fiscales y redistributivas» en materia de la 'transición justa', siendo «catalizador y facilitador». «Los chalecos amarillos tiene que ver con la falta de alternativas», dijo Ribera. «No podemos desoír el miedo de los ciudadanos a su futuro».

 

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