Sin habitación en la Gran Muralla

Sección de la Gran Muralla China próxima a Pekín./Nicolas Asfouri (Afp)
Sección de la Gran Muralla China próxima a Pekín. / Nicolas Asfouri (Afp)

Airbnb retira su concurso para pasar una noche en el monumento chino ante la oleada de protestas que provocó su iniciativa turística

J. Luis Alvarez
J. LUIS ALVAREZMadrid

Cuando ya es posible dormir en una cueva troglodita, en un castillo medieval o en un iglú, con wifi y secador de pelo incluidos, la oferta para pasar una noche en lugares insospechados se ha diversificado hasta extremos inconcebibles. La última iniciativa partió de la plataforma de alquiler de apartamentos turisticos Airbnb, que puso en marcha un concurso para pasar una noche en la Gran Muralla china. Sin embargo, las protestas han llevado a retirar el concurso.

Y es que esta maravilla de la antigüedad es todo un reclamo turístico. La Gran Muralla fue construida y reconstruida entre el siglo V a. C. y el siglo XVI para proteger la frontera norte del imperio chino de los ataques de los nómadas xiongnu de Mongolia y Manchuria. Durante las obras de construcción se calcula que murieron unos 400.000 trabajadores.

Pero precisamente la Gran Muralla no está hoy en día en perfecto estado de conservación, por lo que el anuncio de Airbnb fue visto como una amenaza que podría degradar aún más este monumento. La estructura recibe cada año doce millones de visitantes. La presión humana se deja sentir y ver en el monumento, no solo por el paso de las personas por sus instalaciones, sino por la basura que los visitantes dejan y que se acumula en las escasas papeleras que hay en el recorrido principal, en Badaling, cerca de Pekín, donde Airbnb iba a instalar un dormitorio prefabricado.

Las autoridades del distrito de Yanqing, donde está ubicado el citado tramo visitable, afirmaron en un comunicado que habían sido avisados de la iniciativa y que no habían concedido ningún permiso al respecto. Sin el apoyo oficial y criticada en internet, la empresa con sede en San Francisco tiró finalmente la toalla. «Hemos decidido no ir hasta el final. En su lugar, reflexionamos sobre otras experiencias que destaquen China como destino» turístico, explicó Airbnb en una nota recogida por AFP.

El concurso para dormir en la Gran Muralla -declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987- consistía en redactar un texto sobre «la abolición de las barreras culturales». Los cuatro ganadores hubieran pernoctado en una habitación instalada para la ocasión en una antigua torre de vigilancia.

Airbnb insistió en que había tratado con «expertos en conservación» para que al elaborar la estructura de la habitación no se dañaran las piedras de las paredes de una construcción que llegó a medir 21.196 kilómetros, entre lo que hoy es Mongolia y la península de Corea. De esta espectacular estructura todavía se conserva una tercera parte, con unos 8.000 kilómetros de longitud, una altura máxima de catorce metros y anchos que oscilan entre los siete y ocho metros.

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