Belmonte, villa con encanto y soberbia arquitectura castellana

Belmonte, villa con encanto y soberbia arquitectura castellana

Asume el papel de estar entre los pueblos más bellos de la provincia de Cuenca, mostrando una envidiable estética monumental

ÁLVARO ROMERO

La espectacular localidad del Belmonte se sitúa al suroeste de la provincia de Cuenca, entre las extensas llanura de Castilla-La Mancha. Yace enclavado en plena Ruta del Quijote, itinerario que le hace aún más atractivo para los turistas que llegan dispuestos a descubrir los secretos mejor guardados de La Mancha.

Belmonte es también conocido por ser la cuna del poeta y religioso Fray Luis de León, y por arrastrar una importante carga histórica. Los restos hallados en el terreno atestiguan que los visigodos fueron la primera civilización en poblar la región, aunque los primeros testimonios pertenecen al siglo XIII. La Edad Media sería su época más boyante, tanto en lo económico como en lo arquitectónico, pues verían la luz los edificios más significativos de la villa. En ese momento se convirtió en un importante foco político y cultural.

A los pies del castillo

El referente turístico e histórico más importante del municipio es, sin duda, el castillo de la localidad. Mandado construir por don Juan Pacheco (Marqués de Villena en 1456), se levanta sobre el cerro de San Cristóbal, desde donde se puede disfrutar de unas vistas excepcionales.

De estilo gótico-mudéjar, se afianza como el emblema de Belmonte y su belleza le valió para ser declarado Monumento Nacional en 1932. Destaca su estructura en forma de estrella, planta única en España en cuanto a arquitectura militar se refiere. Su patio de armas, de disposición triangular organiza los demás elementos en torno a él, escoltado por tres imponentes torreones. La fortaleza data del siglo XV, sirvió de refugio de doña Juana la Beltraneja y ha sido escenario en multitud de películas. 

Recorriendo el casco histórico

Uno de los rasgos más sobresalientes de Belmonte es su imponente patrimonio, propiciado por los señores de Belmonte durante el medievo. Edificios civiles y religiosos conviven formando un envidiable casco histórico. Perderse entre sus calles es sinónimo de retroceder en el tiempo hasta una época de caballeros, justas y batallas.

Belmonte estaba rodeado por una muralla que partía desde el castillo abrazando el pueblo y ofreciéndole su protección, nueve torreones y cinco puertas completaban un recinto del cual aún se conserva una parte. Merece la pena destacar la puerta de Chinchilla, imponente y majestuosa.

La iglesia de San Bartolomé Apóstol fue mandada construir por Juan Pacheco, en 1459, sobre la antigua iglesia de Belmonte. De aspecto gótico actualmente se consolida como el edificio religioso más importante de la villa. En el interior se funden, armoniosamente, diferentes estilos artísticos. Su construcción finalizó en el siglo XVIII y conserva la pila bautismal de Fray Luis de León.

Otras obras que pueblan sus calles y plazas formando parte importante de la historia de Belmonte, ejemplo de ello son el palacio del infante de don Juan Manuel, el convento de los Jesuitas, la casa de Comedias y la ermita de Nuestra Señora de Gracia.

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