«Si nos dicen que iba a pasar esto hace tres meses, no nos lo creemos»

Un empleado de Vestas, durante el pleno extraordinario en el Ayuntamiento de Villadangos. / Sandra Santos

Los empleados de Vestas recorren los mercadillos de la provincia vendiendo merchandising para ingresar dinero en la caja de resistencia

Dani González
DANI GONZÁLEZLeón

Los empleados de Vestas, que continúan con la huelga indefinida desde el 16 de julio y desde el lunes han organizado un campamento permanente huelgusita frente a la factoría de la empresa danesa en Villadangos, mantienen su lucha.

En primer lugar, desde el comité de empresa han agradecido las muestras de apoyo llegadas desde las instituciones y la ciudadanía y prometen seguir con su pelea «hasta que se llegue a una solución». «Confiamos en las administraciones», señala el presidente del comité de empresa, Juan Francisco García.

Los empleados de Vestas esperan que su lucha encuentre el apoyo de toda la ciudadanía y desean que sirva para «remover conciencias». «Hoy somos nosotros, pero mañana puede ser cualquiera. Tenemos que despertar algo con esta batalla, quitarnos de la cabeza que tenemos un trabajo asegurado siempre. Te puede pasar esto. A nosotros nos dicen hace cuatro meses que íbamos a estar así y no nos lo creemos», afirman.

Desde el comité también explican que «no hay movimientos» en las últimas horas. «Estamos a la espera de la reacción de la empresa tras la carta remitida por el Gobierno. El lunes es el último día para constituir la mesa de negociación y para que la empresa haga efectivo el ERE», dibuja García.

Además, también asegura que un grupo de trabajadores de Vestas está recorriendo los mercadillos de la provincia vendiendo merchandising para lograr beneficios para la caja de resistencia. «Son muchos días sin trabajar y se necesita todo tipo de ayuda. Hay gente que lo está pasando mal», añade.

Por último, sobre una inspección realizada por la Junta de Castilla y León en la factoría de Vestas en Villadangos, el presidente del comité de empresa recalca que es «algo rutinario» ya que la fábrica lleva cerrada dos meses.

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