Partidos sin alma

En esta batalla de todos contra todos nadie se fía de nadie

Pedro Sánchez. /Reuters
Pedro Sánchez. / Reuters
Juan Carlos Viloria
JUAN CARLOS VILORIA

Pedro Sánchez hizo mutis por el foro minutos antes de que el hemiciclo bajase el dedo de la investidura por 170 contra 124, reclamando beatíficamente a las fuerzas políticas diálogo y acuerdo como medicina contra el bloqueo. Pero en flagrante contradicción consigo mismo advirtió que su primera medida, si finalmente es investido, será modificar el artículo 99 de la Constitución para que un candidato sin mayoría no necesite ni dialogo ni acuerdos con otros partidos para instalarse en la Moncloa.

Todo un síntoma del postureo que restó grandeza y altura al primer asalto de Sánchez a la investidura. Cuando ganó las primarias en el PSOE renaciendo de entre los descartados y enfiló su leyenda de insumergible, Adriana Lastra, desde entonces su mano derecha, dijo .»Esta era la última batalla por el alma del partido y había que ganarla. Nos hemos reposicionado en la izquierda y se acabó entendernos con el PP». Ahora como portavoz del grupo parlamentario se dedicó, sin embargo, a buscar el «entendimiento» del PP y de Ciudadanos.

¿Dónde está su alma? Les preguntaba mientras les pedía el apoyo gracioso a su jefe. Pero en esta batalla de todos contra todos, los partidos no tienen alma. Tiene miedo. Miedo a la volatilidad de las urnas. Miedo al adversario y al socio. A la incertidumbre. A sus propias filas. Así que se aferran a lo poco que tienen por miedo a perderlo. Nadie lo expresó con tanta llaneza como Rufián. El ahora portavoz de los republicanos de Cataluña entró en pánico solo de pensar en que un fracaso de la coalición entre socialistas y Podemos aboque a repetir elecciones.

Su pasión por votar, por la urna, por el derecho a decidir, se esfumó desde el momento en que por su mente pasó de manera fugaz el miedo a que esas urnas puedan, en noviembre, dar otra oportunidad a los trillizos (Casado, Rivera, Abascal) Su alma de demócrata que todo lo resuelve votando, también se extravió ante el miedo a perder el comodín de Sánchez en la Moncloa. Iglesias duda. Así que se dio otra oportunidad. Hasta el jueves.