Palabra de Marchena

Palabra de Marchena
EFE

Juez-gendarme, el presidente del tribunal se ha empleado a fondo desde el principio para que el juicio no se le fuera de las manos

MELCHOR SÁIZ-PARDO y MATEO BALÍNMadrid

Manuel Marchena dejó claro desde el primer día que estaba dispuesto a dejar su impronta en el juicio del 'procés' para evitar que la vista oral se le fuera de la manos. El presidente tuvo dos prioridades: evitar que las pérdidas de tiempo convirtieran el acto de enjuiciamiento en un proceso interminable y, sobre todo, impedir a toda costa que el Supremo se convirtiera en escenario para lanzar proclamas política. Estos han sido algunos de sus mejores momentos:

«No empezamos bien». Con esa reiterada frase cortó el presidente al exdiputado de Esquerra Joan Tardá, que comenzó su declaración en catalán. Marchena le advirtió de que tenía que hablar en castellano por ser la lengua «oficial» del «foro» en el que se desarrollaba el juicio.

 El mosso 'indepe'. El líder de Mossos por la República, Albert Donaire, había fanfarroneado en Twitter con que iba a poner en su sitio a los del Supremo, pero Marchena le dejó seco a las primeras de cambio, cuando Donaire le respondió a Vox, de forma chulesca, un «creo que no se me está juzgando a mí». «No confunda el escenario. Ha sido citado aquí como testigo. En consecuencia, se va a limitar a responder a las preguntas. Usted es un agente de la autoridad. Y usted está ahora ante la autoridad judicial. Si usted no me oye a mí decir que esa pregunta es impertinente, tiene el deber de declarar. Y de decir verdad», le espetó. Donaire no volvió a fanfarronear.

«Alucinaciones y fiebre». Aquel día Marchena no estaba por pasar ninguna. Habían sido ya muchas jornadas de declaraciones de votantes del 1-O y se le veía cansado. Llegó la filósofa Marina Garcés, debutando con el aviso de que tenía «un café pendiente desde hace un año y medio» con Jordi Cuixart. «El primero de octubre pasé la noche con décimas, con fiebre», continuó. Marchena le replicó: «La fiebre no tiene ninguna trascendencia jurídica». «Yo el 1 de octubre aluciné», prosiguió la testigo. «Usted no viene aquí para explicar al tribunal su grado de alucinación, su estado febril... Viene aquí a explicar qué fue lo que pasó».

«Por imperativo legal». El uso de esta coletilla por parte de muchos de los testigos de la defensa para responder a Vox terminó enervando al presidente. «Todo lo que está pasando aquí es por imperativo legal», espetó a varios de los testigos.

«Hashtag». «Encauce el interrogatorio para que no haya una invitación al tribunal para que consultemos un hashtag», abroncó el presidente a uno de los abogados cuando Ramón Font, portavoz del sindicato de enseñanza USTEC, se fue por las ramas e invitó al Supremo a seguir un «hashtag» de ellos.

«Insulto al tribunal». El académico Enoch Alberti había sido llamado para explicar la elaboración del libro blanco para la transición nacional. Sus explicaciones acabaron derivando en una defensa académica de la independencia y esto fue demasiado para Marchena. «¡Eso es un insulto al tribunal. La sala no admite lecciones de un testigo! Está convirtiendo al testigo en un perito jurídico y eso no lo permite la ley. No puede ser que el juicio se convierta en una lección de un constitucionalista al Supremo sobre el derecho de autodeterminación», se despachó Marchena dirigiéndose a Benet Salellas, abogado de Jordi Cuixart y «estupendo procesalista».

«Como tengo razón...». Marchena se hartó de las insinuaciones de Jordi Pina, abogado de Jordi Sànchez, poniendo en duda las lesiones de los agentes que intervinieron el 1-O. «Lo que podemos hacer es que testifique usted en vez del testigo. Esto no es serio, señor Pina. Usted normalmente se comporta como un letrado serio, pero en este momento no se ha comportado como un letrado serio», avisó el presidente. Tiene usted razón pero señoría...», le contestó el abogado. «Pues ya está. Como tengo razón mejor lo dejamos y hace otra pregunta. No me dé explicaciones porque a lo mejor agravan su actitud», contestó el juez.

«Hostias, collons...». Durante las más de cuatro horas de interrogatorio, Jordi Cuixart se expresó de manera muy coloquial. Incluso demasiado para hacerlo en un sala de justicia. En más de una decena de ocasiones, el líder de Òmnium Cultural, cuando le sorprendía una pregunta, intercalaba un sonoro «¡hostias!» o un«¡collons!». Esa referencia a la anatomía masculina fue demasiado para Marchena. «Las interjecciones vamos a reprimirlas. Se trata de explicarse como usted sabe, pero evitando esas interjecciones que no son propias», amonestó el presidente al acusado, que, casi avergonzado, se mostró dispuesto a evitarlas, aunque, sin darse cuenta, siguió con las palabras malsonantes.

«Pensado de casa». El abogado Andreu Van den Eynde, letrado de Junqueras, muy dado a la teatralidad, también exasperó a Marchena en varias ocasiones. Tras el interrogatorio de una supuesta víctima del 1-O, el abogado se quedó callado. «¿Tiene más preguntas?, ¿señor letrado?», le preguntó el juez. «Sí, estoy pensando», respondió el letrado. «¿Qué está pensando, la pregunta que va a hacer? Eso hay que traerlo pensado de casa ¿Va a formular otra pregunta?». «Sí. Quiero recobrar la serenidad para poder ejercer bien la función de defensa», insistió Van den Eynde. «Pues adelante. Recobre la serenidad y formule una pregunta», zanjó el presidente.

«Señor Rufián, no me interrumpa». Con esas palabras Marchena cortó al diputado de ERC Gabriel Rufián, cuando éste comenzó su intervención atacando a la acusación de Vox y haciendo discursos políticos. «Usted no ha venido aquí a dar su opinión ni a calificar jurídicamente el acierto o desacierto de las propuestas de las acusaciones. El tribunal lo que pide es que usted describa los hechos, no que los valore, no que los etiquete. Recuerde que está usted como testigo en una sala de justicia», avisó al parlamentario.

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