Iglesias apunta a los ministerios de Trabajo y Hacienda

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias./Efe
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. / Efe

El líder de Podemos propondrá mañana a Pedro Sánchez renunciar a los ministerios de Estado a cambio de controlar carteras con competencias sociales

Ander Azpiroz
ANDER AZPIROZMadrid

Pablo Iglesias propondrá a Pedro Sánchez en la reunión que mantendrán este martes en el Congreso un Gobierno de coalición en el que Unidas Podemos ocuparía carteras con competencias en materia social. A cambio, la coalición izquierdista renunciará a pedir los ministerios llamados de Estado, como son Interior, Justicia, Defensa, Exteriores o Economía.

La formación morada tiene en su punto de mira el Ministerio de Trabajo. De hecho, buena parte de los puntos sobre los que Podemos quiere pactar con los socialistas como eje de la legislatura pertenecen a este departamento. Entre otras medidas, propone la derogación de la reforma laboral de 2012, una ley de suficiencia de ingresos que garantiza una cuantía por adulto de 600 euros al mes o elevar el salario mínimo a los 1200 euros.

Podemos también pondrá sobre la mesa una reforma tributaria progresiva y la puesta en marcha de un programa de inversiones contra el cambio climático y para avanzar en la igualdad de género, lo que sugiere que también podría ambicionar el control de Hacienda, Transición Ecológica e Igualdad. Otra cosa distinta es que el PSOE esté dispuesto a entregar alguna de estas carteras. De hecho, Sánchez tendría que prescindir o recolocar a pesos pesados de su Gobierno como Magdalena Valerio, María Jesús Montero y Teresa Ribera.

Iglesias recalca que estas medidas solo se pueden llevar a cabo con Podemos en el Gobierno para vigilar a los socialistas que, añade, en cuenta tengan la oportunidad se escorarán a la derecha. Tampoco vale un apoyo externo a Pedro Sánchez porque los «acuerdos programáticos son papel mojado» si no se está en el Ejecutivo.

El líder de Podemos tiene además la firme voluntad de convertirse en ministro. «Si alguien que encabeza una lista está dispuesto a quitarse de en medio, esa persona no debe ser nunca candidato. Me parecería una locura que Pedro Sánchez dijera que presenta a otro candidato a la presidencia que no fuera él», ha dicho esta mañana en una entrevista en TVE.

La negociación fallida de 2016

Las negociaciones que se abrirán este martes de manera oficial son muy diferentes a las que ya llevaron a cabo los mismos protagonistas tras las elecciones de 2015. En aquella ocasión, a PSOE y Podemos apenas les separaban 300.000 votos. Por ello, Iglesias, en un gesto que causó hondo malestar en las filas socialistas, presentó en una rueda de prensa -y mientras Sánchez estaba reunido con el Rey- su equipo de ministros para forma un Ejecutivo de coalición repartido a partes de iguales.

Con el como vicepresidente, el líder podemista propuso para el gabinete a Íñigo Errejón, Carolina Bescansa, Irene Montero, el general Julio Rodríguez, la juez Victoria Rosell y Xavier Domenech. Entonces se reclamaban ministerios de Estado, pero los resultados del 28-A han sido muy diferentes -los socialistas sacaron 3,8 millones de votos a Unidas Podemos- y ahora la coalición izquierdista se conforma con reclamar una parte proporcional y modesta del poder.

En 2016, Iglesias llegó a proponer quedarse fuera del Gobierno si, dadas las malas relaciones que mantenía por entonces con los socialistas, su presencia suponía un obstáculo para cerrar el acuerdo. Ahora pone su entrada en el Consejo de Ministros como condición irrenunciable.

Hace tres años las conversaciones fracasaron y hubo repetición electoral. En las próximas semanas se esclarecerá que ocurre tras las de 2019.

"Es momento de hablar de políticas, no de sillones"

La organización andaluza de Podemos volvió a mostrar su desacuerdo este lunes con la forma en que Pablo Iglesias conduce las negociaciones con el PSOE. Controlada por la corriente anticapitalista, Andalucía rechaza entrar en el Gobierno socialista, por lo que considera que "no es el momento de hablar de sillones". Sí estaría a favor de un acuerdo programático de marcado perfil izquierdista que luego sería vigilado desde fuera del Ejecutivo. Es justo lo contrario de lo que pide el líder nacional del partido.