La contundencia con la que el PSOE rechazó su última oferta siembra el pesimismo en Podemos

La contundencia con la que el PSOE rechazó su última oferta siembra el pesimismo en Podemos

Carmen Calvo insiste en que la desconfianza mutua y las diferencias en cuestiones de Estado «harían imposible» el día a día de la coalición

Ander Azpiroz
ANDER AZPIROZMadrid

Nadie en Unidas Podemos esperaba que el PSOE fuera a aceptar sin más la propuesta que el martes le trasladó Pablo Iglesias a Pedro Sánchez. Se trataba solo de un movimiento para reiniciar un diálogo parado desde hace un mes. Lo que sí ha sorprendido es la contundencia con la que los socialistas cerraron la puerta a retomar las negociaciones en el punto en que se cortaron el pasado 25 de julio, es decir, en el reparto de competencias dentro de un Gobierno de coalición. Los dirigentes podemistas se quedaron perplejos con la rapidez de la respuesta de Ferraz, que en apenas tres horas despachó con un no rotundo la oferta plasmada en un documento de 119 páginas.

En la formación morada cunde la idea de que el presidente del Gobierno ya piensa en clave electoral, a pesar de que aún queda un mes para que se materialice la convocatoria de las generales. Tiempo suficiente para llevar a cabo una negociación que, con voluntad, se puede cerrar en cuestión de días, se insiste en Podemos.

Iglesias advirtió el martes en Antena 3 al líder socialista sobre los riesgos que conllevaría acudir de nuevo a las urnas. El líder de la coalición izquierdista avanzó que, por mucho que le sonrían las encuestas al PSOE, no alcanzará la mayoría absoluta. Se darían entonces dos escenarios, continuó. El primero consistiría en que la suma le diera a PP y Ciudadanos para gobernar con el apoyo de Vox, como ya hacen en Andalucía, Comunidad de Madrid o la Región de Murcia. El segundo, que Sánchez siguiese necesitando a Unidas Podemos para ser investido, lo que supondría regresar a una casilla de salida de la que la izquierda aún no ha logrado moverse casi cuatro meses después del 28-A.

No es viable

El Ejecutivo reiteró este miércoles que el Gobierno de coalición en el que insiste Podemos fue una posibilidad real a finales de julio, pero que a día de hoy «ya no es viable». La oferta a Iglesias de una vicepresidencia social y de los ministerios de Sanidad y Consumo, Vivienda y Economía Social, e Igualdad caducó en el mismo momento en que se frustró la investidura del candidato socialista a causa de la abstención de Unidas Podemos.

Carmen Calvo repitió este miércoles que la desconfianza mutua entre las dos fuerzas de izquierda y las profundas diferencias en asuntos de Estado, como Cataluña, «harían imposible el día a día» del Ejecutivo. Es lo que muy probablemente hubiera ocurrido en un bipartito a causa de la crisis del Open Arms, por la que Unidas Podemos ha cargado con dureza contra el Ejecutivo por, según su opinión, no implicarse a fondo en la suerte de los migrantes rescatados por la ONG española.

La ministra María Jesús Montero incidió en la misma idea de Calvo. Según señaló la titular de Hacienda en RNE, «es hora de que Podemos se siente a hablar de las políticas y se dé cuenta de que esta página -la de la coalición- está pasada». La firmeza mostrada por dos de los pesos pesados del Gobierno, responsables además junto a Adriana Lastra del equipo negociador del PSOE, deja poco lugar para el optimismo en las filas podemistas.

Rehuye la presión interna

Pese a las dificultades, Podemos se mantiene firme en sus exigencias. Pablo Echenique destacó este miércoles que «la coalición permanece cohesionada», una afirmación con la que trató de desactivar posibles maniobras de los socialistas para ganarse el favor de las confluencias en la negociación. De hecho, IU y la corriente anticapitalista ya han abogado por cerrar un acuerdo programático con los socialistas sin la exigencia de entrar en el Gobierno. Pero, al menos de momento, Alberto Garzón cierra filas con su socio Iglesias.

El coordinador federal de IU, que ya medió entre socialistas y podemistas en la primera investidura, valoró el martes que la nueva propuesta enviada al PSOE, que incluye una vicepresidencia y tres ministerios para la coalición, «es legítima y desde luego no inviable». La duda es si Garzón mantendrá esta posición de aquí a la fecha límite del 23 de septiembre. Máximo cuando el líder de IU sostiene que lo fundamental es no conceder una nueva oportunidad a las derechas para gobernar.

Las diferencias personales marcan las negociaciones

«Basta ya de reproches» y de «tonos agresivos». Las dos peticiones que lanzaron este martes distintos dirigentes de Podemos dan muestra del desgaste que la negociación de la primera investidura ha causado en la relación de las dos fuerzas de izquierda.

Carmen Calvo y Pablo Echenique, los dos jefes de los equipos negociadores, han dedicado el mes de agosto a cruzarse mensajes de todo tipo a través de los medios de comunicación o las redes sociales. También son los que han ofrecido las declaraciones más gruesas acerca de su, en teoría, socio preferente. El desencuentro entre ambos se terminó de fraguar en las últimos compases de las conversaciones de julio. Ocurrió cuando la número dos del Ejecutivo reveló que su interlocutor se negó a iniciar la negociación hasta que el PSOE aceptó a Irene Montero como vicepresidenta o cuando se filtró, según Echenique desde la Vicepresidencia, la propuesta inicial de la formación morada bajo el título interesado de «exigencias Podemos». Este martes, la coalición izquierdista, ya escarmentada, se apresuró a difundir su última propuesta en los medios de comunicación para evitar así que el PSOE volviera a usar el documento en su propio beneficio.

Pero las diferencias personales van más allá. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias tendrán que volver a verse en algún momento de aquí al 23 de septiembre. Será una reunión de alto voltaje después de su encontronazo en la sesión de investidura y de que, sobre todo, el secretario general socialista vetase la entrada de su homólogo podemista en el Gobierno. «Tanto insistía Pablo Iglesias en que no confiaba en el PSOE, que somos nosotros quienes hemos acabado desconfiando de él», resumió Sánchez el pasado 7 de agosto tras su despacho veraniego con el Rey en Palma de Mallorca. Si unos y otros quieren que haya gobierno, deberán aparcar sus diferencias para sentarse de nuevo en una misma mesa.

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