Casado bendice a Aznar y vuelve a pedir el voto para el PP

El expresidente del Gobierno, José María Aznar, saluda a Pablo Casado. / EFE/Europa Press

El expresidente se reconcilia con el partido dos años después de su ruptura y lo reivindica como la «casa común» del centro derecha ante la competencia de Vox y Ciudadanos

Nuria Vega
NURIA VEGAMadrid

Este es el PP en el que José María Aznar se siente plenamente cómodo. El expresidente del Gobierno volvió este sábado a casa para encumbrar a Pablo Casado y reconciliarse con el proyecto de los populares tras años de desavenencias con la gestión de Mariano Rajoy. Su discurso, vendido por la dirección como el plato fuerte de este sábado en la convención del partido, sirvió a la cúpula de los conservadores para impulsar la imagen presidencialista de su jefe de filas en tiempos en los que se cuestiona si la suya es la mejor estrategia para combatir a Ciudadanos y Vox en el centro derecha. «No sólo tenemos un gran presidente del PP, tenemos un gran líder sin tutelas ni 'tutías', un líder como un castillo», despertó el entusiasmo del auditorio en la Feria de Madrid.

Fue en 1990 cuando, en la clausura del congreso del PP en Sevilla, Manuel Fraga pronunció por primera vez lo de aquí no hay «tutelas ni 'tutías'» para aclamar a Aznar como líder de la formación. Tres décadas después, el expresidente del Gobierno la ha hecho suya para ensalzar a Casado. Este sábado se deshizo en elogios, aplaudió que la renovación no se haya construido sobre la «derrota» de otros en las primarias e incluso vio similitudes entre el joven que hoy dirige el partido y él mismo 30 años atrás. Los dos, dijo, decidieron tomar la responsabilidad con la misma edad y los dos procedían de Ávila, aunque a su heredero le reconoce ser «mucho más listo» y saber más de política. Nada que ver con el trato dispensado en los últimos tiempos a Rajoy.

En la convención política que los populares celebraron en 2015, el tono fue bien distinto. Entonces, Aznar tomó la palabra y, ante la mirada atónita de los ministros de Rajoy, preguntó al auditorio: «¿Dónde está el PP?». Ahora parece haber encontrado el proyecto que echaba en falta. Pero augura que la coyuntura no se lo pondrá fácil a Casado. Al líder de los conservadores le encomendó hoy la tarea de hacer frente al «desafío existencialista» que, a su juicio, tiene planteado España. Y para lograr el objetivo considera necesario convocar a todos los votantes del centro derecha, incluso a aquellos que han decidido abandonar y probar con Ciudadanos o Vox, para engrosar los resultados electorales y llegar al poder.

En este sentido, Aznar llama al PP a no dar por perdido su espacio tradicional, el que aglutinaba a diversas familias ideológicas, tras la aparición de nuevos competidores. «No renunciemos a la pluralidad, al contrario, afirmémosla, abramos aún más las puertas de esta casa común, porque esa es la identidad del PP, eso es lo que quisimos que fuera y lo que tiene que seguir siendo: la casa común de los que quieren sacar las cosas adelante por España», exhortó a los populares.

Eso exige marcar distancias con Ciudadanos y, sobre todo, Vox. «Estamos lejos de las modas políticas estridentes, del griterío de los alborotadores y la arrogancia de los simplistas», proclamó hoy. Y, en nítida referencia al partido de Santiago Abascal, recordó que el PP defiende la Constitución de principio a fin, «entera». «Los votos que España necesita para responder con éxito al desafío contra nuestra continuidad histórica y futuro son los votos que deben ir al PP y que desde ahora pido para el PP», zanjó ovacionado por los populares.

El regalo

Aun siendo lógico pedir el voto para el PP en un acto del PP, hubo un tiempo en el que no estuvo tan claro que Aznar se sintiera más cercano a los populares que a Ciudadanos. Era la época de Rajoy en el poder, cuando el ala más conservadora del partido afeaba al entonces presidente del Gobierno el no saber «hacer política» ni defender las esencias del partido.

Algunos cargos conservadores aún evocaban ayer los «coqueteos» de Aznar con Albert Rivera y, sin reducir a una las razones de que hoy la derecha esté fracturada en tres, se preguntaban si la ruptura del expresidente con el PP en 2016 y sus rapapolvos públicos no legitimaron también la decepción y las ganas de abandonar el barco de muchos votantes.

También reprocharon al exjefe del Ejecutivo su tendencia a «impartir doctrina», un estilo bien distinto al de Rajoy el viernes en la convención. «Os han puesto a dieta -bromeó Aznar-, sólo un expresidente al día». Pero en todo caso, los asistentes compartieron el fondo del discurso y confiaron en que sirva para atraer a los electores que se fugaron.

Desde Génova se evitó interpretar el apoyo de Aznar como una forma de «tutelar» a Casado y agradecieron la dosis de «energía». El expresidente sigue teniendo, desde luego, la capacidad de electrizar al PP. Cuando lo espolea o cuando lo eleva. Y fuentes territoriales apuntaron el «regalo» que su intervención supuso hoy para el líder de los populares, a quien recomiendan marcarse como meta los diez millones de votantes y no pensar en los pactos si aspira a conquistar la Moncloa.

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