El Instituto del Carbón busca soluciones al cambio climático y avanza hacia un futuro sostenible y renovable

Instituto Nacional del Carbón. /Alex Piña
Instituto Nacional del Carbón. / Alex Piña

Las investigaciones con grafeno, con la captura del dióxido de carbono o con la quema de biomasa son algunos de sus focos de actuación más importantes

ALBERTO ARCE
ALBERTO ARCELeón

No son buenos tiempos para el carbón. Tampoco lo son, en términos más generales, para un modelo productivo basado en la quema de combustibles fósiles. Por eso, en la ciudad de Oviedo, los investigadores del Instituto Nacional del Carbón (Incar), uno de los muchos centros dependientes del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), llevan varios años preparándose para un futuro «renovable y sostenible», en palabras de su director, Fernando Rubiera.

El centro de investigación, adscrito a su vez al Ministerio de Educación y Ciencia, tiene su sede, desde 1960, en la calle Francisco Pintado Fe, en La Corredoria. Allí, un total de 104 personas, entre científicos, contratados por servicio, investigadores en formación, grupos de apoyo a la investigación y el cuerpo administrativo, desarrollan el grueso de la actividad científica, que se divide en dos grandes ejes fundamentales: el desarrollo de materiales de carbono e inorgánicos para aplicaciones estructurales, energéticas y medioambientales, y el de tecnologías limpias para la conversión y el uso del carbón. También tiene un papel importante en sus investigaciones la biomasa y su coutilización con el carbón para la generación de energía y de hidrógeno.

Para ello, la organización es fundamental. El Incar tiene tres departamentos principales (Carbón, energía y medio ambiente; Procesos químicos en energía y medio ambiente; y Química de materiales) de los que salen quince grupos de trabajo, cada uno con sus líneas de investigación.

Según el director del centro y responsable del grupo de Procesos Energéticos y Reducción de Emisiones (PREM), «el Instituto es pionero a nivel mundial en la lucha contra el cambio climático en aspectos como los procesos de captura del C02 o la utilización de biomasa». Añade, además, que «gracias a tratamientos térmicos como el de la torrefacción (consistente en aplicar bajas temperaturas para la degradación de las fibras contenidas en la biomasa), ésta puede ser quemada en los mismos lugares que el carbón». Una ventaja si se tiene en cuenta que su impacto es neutro en cuanto a emisiones de CO2 siempre y cuando se replanten los materiales que se han utilizado para elaborarla.

El diario El Comercio ha tenido la oportunidad de charlar con Ana Arenillas, responsable del laboratorio de microondas y carbonos para aplicaciones tecnológicas; Marlén Diego de Paz, investigadora al cargo de los procesos de captura de CO2; e Ignacio Paredes, responsable del grupo de materiales carbonosos, son algunos de ellos.

Instituto Nacional del Carbón.
Instituto Nacional del Carbón. / Alex Piña

Los especialistas

«En las industrias cementeras, por ejemplo, podrían reducirse mucho las emisiones de dióxido de carbono a través de la tecnología de captura de carbono 'calcium-looping', que transforma el CO2 en carbonato de calcio al quedar absorbido ese gas en el óxido de calcio», explica De Paz.

Por su parte, Arenillas comenta que «gracias a las microondas, cualquier proceso de calentamiento es más rápido y seguro», y que «se pueden utilizar, entre otras muchas cosas, para sintetizar y curar polímeros de carbono como el xerogel». Los xerogeles de carbono pueden utilizarse para almacenar energía eléctrica en supercondensadores, es decir, baterías muy potentes. Este método novedoso llevó a Arenillas y a José Ángel Menéndez a crear la empresa 'spin-off' Xerolutions en 2011, que comercializa estos materiales.

Otro de los campos más novedosos es el del grafeno, una sustancia compuesta por carbono puro resultante de la deslaminación del grafito capaz de, entre otras utilidades, utilizarse para crear pantallas digitales flexibles. «Nosotros nos dedicamos a desarrollar metodologías de preparación que sean potencialmente escalables con el grafeno para comercializarlo», argumenta Paredes. «A esta línea hemos añadido el estudio de carbonos porosos nanoestructurales», introdujo Fabián Suárez, vicedirector del centro.

Con un presupuesto anual que se mide en millones, es la segunda entidad que más químicos e ingenieros contrata de Asturias, solo por detrás de la Universidad, y debe cumplir cada año los objetivos del CSIC, tanto de investigaciones como de publicaciones e ingresos de fondos europeos, planes nacionales o contratos con empresas. Durante el transcurso de este año 2018, los ingresos del Incar ascienden a los dos dos millones de euros (sin contar los planes nacionales). Cerca de un millón y medio en proyectos europeos y 680.000 en contratos con empresas y entidades.

 

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