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Dos religiosas mártires concepcionistas de León serán beatificadas el sábado en la Catedral de la Almudena

Imagen parcial del cartel./
Imagen parcial del cartel.

El obispo Julián López, un grupo de fieles de la Unidad Pastoral de Gradefes y hermanas del Convento de las Concepcionistas participarán en la celebración

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La catedral de la Almudena de Madrid acogerá este sábado, 22 de junio, la beatificación de dos religiosas oriundas de la Diócesis de León, junto con otras doce hermanas pertenecientes a la Orden de la Inmaculada Concepción, cuya causa culminaba el pasado mes de enero con la firma del decreto de martirio por parte del Papa Francisco tras un proceso iniciado en el año 2002.

Una ceremonia de beatificación que estará presidida por el prefecto de la Congregación para la Causas de los Santos, cardenal Angelo Becciu, concelebrada por varios cardenales, arzobispos y obispos, entre los que se encontrará el prelado legionense, Julián López, en el primer templo de la Archidiócesis de Madrid, y que contará con la presencia de un grupo de cuarenta fieles diocesanos de la Unidad Pastoral de Gradefes, de donde eran oriundas las dos nuevas beatas leonesas, y de una representación de hermanas de la comunidad del Convento de las Madres Concepcionistas de la ciudad de León.

La Orden de la Inmaculada Concepción manifestó que con esta beatificación de catorce integrantes «se siente particularmente honrada por este grupo de mujeres religiosas que hoy brillan en la Iglesia como testimonio de fe y de vida cristiana puesto que supieron vivir el Evangelio, que es fuente de santidad para todos, e hicieron del seguimiento de Jesús el horizonte de ilusión de sus vidas. Estas catorce monjas sufrieron todas las formas de bajezas y, al fin, murieron asesinadas por odio a la Fe y la Iglesia, perdonando a sus enemigos».

Por su parte, el obispo de León afirmó que «para nuestra Iglesia diocesana es un motivo de sereno gozo y de esperanza el reconocimiento de la santidad por martirio de dos hijas que serán incorporadas también a nuestro propio Santoral y que aparecerán también en el Calendario litúrgico diocesano con la finalidad de que se guarde y celebre la memoria de su testimonio martirial como corresponde a los testigos de la fe».

Como se acredita en la causa de beatificación, diez de las religiosas que serán elevadas a los altares pertenecían a la comunidad madrileña del monasterio de San José, dos a la comunidad de Escalona (Toledo), y las otras dos a la de El Pardo (Madrid). En 1936, las monjas del monasterio de San José fueron expulsadas del mismo. La comunidad se dispersó, y algunas hermanas se refugiaron en un piso de la calle Francisco Silvela, 19. El 7 de noviembre de 1936, cuando bajaban a refugiarse en el entresuelo, un grupo de milicianos entró preguntando por las religiosas, la retuvo y las trasladó a un camión. Desde entonces nunca más se supo de su destino. El 14 de junio de 1946, en homenaje a las religiosas martirizadas, la calle situada entre las de Ortega y Gasset y Alcalá de Madrid sustituyó su nombre de calle Luis Sagasti por el de calle de las Mártires Concepcionistas.

En la comunidad de San José había dos religiosas leonesas. Al hacer la profesión religiosa tomaron el nombre de María Clotilde del Pilar y María Beatriz de Sta. Teresa, respectivamente. La primera, María Clotilde del Pilar, bautizada Pilar Campos Urdiales, había nacido el 4 de junio de 1897 en Valdealcón, localidad del municipio de Gradefes (León). Cuando tomó la decisión de consagrarse al Señor, su familia se opuso, pero ella luchó hasta obtener el permiso y la bendición de sus padres. Ingresó en el Monasterio de San José en abril de 1923 tomando el hábito el 5 de octubre del mismo año. Tenía un amor profundo a la Santísima Virgen María. Recibió la palma del martirio a los 39 años de edad y 13 de vida consagrada.

La segunda, María Beatriz de Santa. Teresa, cuyo nombre de pila era Narcisa García Villa, había nacido en Nava de los Caballeros (León) el 18 de marzo de 1908. Ingresó en el mismo convento que María Clotilde el 17 de junio de 1924. Fue responsable de la Iglesia y de la sacristía, secretaria de la comunidad y tornera. De ella se ha dicho que era un «alma de vida musical», de gran intimidad con Dios, amante de la penitencia y amiga de sus hermanas. Cuando recibió la palma del martirio tenía 28 años de edad y doce de vida religiosa.