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León continúa con la merma de diputados siendo pionera en este fenómeno en favor del Mediterráneo

Un señor acude a votar a un colegio electoral de Oviedo en las generales de 2015. / P. LORENZANA
Un señor acude a votar a un colegio electoral de Oviedo en las generales de 2015. / P. LORENZANA

La sangría demográfica le costó a Asturias, Galicia y Castilla y León once escaños desde las primeras elecciones generales de 1977

LAURA CASTRO

Apenas hay niños, no existe el AVE, la conexión a internet no llega a la totalidad del territorio y viajar fuera de él en coche, en tren o en avión se convierte, cada vez más, en una hazaña. Esta es la imagen, más propia de antaño, que todavía se da en Asturias, Galicia y Castilla y León. No están solas. Pertenecen a la España vacía -integrada también por Aragón y Castilla-La Mancha-. Hacen frente sin éxito alguno a una sangría demográfica voraz y siente la indiferencia del resto del país. Solo en los recuentos electorales parecen entrar en el juego, pero hasta en esto empiezan a perder importancia.

El peso político de Asturias, Galicia y Castilla y León no ha dejado de reducirse desde las primeras elecciones generales de 1977. Entonces partían con 72 escaños y suponían el 20,5% de la representación del Congreso. Las primeras provincias en perder un diputado cada una fueron Asturias y León, en 1986. A partir de ahí la resta fue la tónica habitual en prácticamente todas las convocatorias electorales -a excepción de las de 2000, 2011 y 2015-. Para las de este año, del 28 de abril, Asturias se vuelve a dejar otro escaño y en total, la pérdida de diputados en el noroeste ha sido de 11, el 15,27% de los que tenía en las primeras generales.

Se da la circunstancia de que los representantes que se restaron en estas tres comunidades autónomas del noroeste -Cantabria mantiene sus cinco diputados desde 1977- se ganaron en la zona mediterránea, que ha visto cómo aumentaban sus representantes parlamentarios. Concretamente, ganaron doce escaños en democracia, uno más de los que perdieron Asturias, Galicia y Castilla y León. Las provincias que encabezan este crecimiento en la Cámara Baja son Alicante y Málaga, con tres diputados más cada una. No obstante, a excepción de Barcelona que perdió uno respecto a 1977, todas las provincias de la zona han mantenido o incrementado su peso político en el Congreso.

La explicación reside únicamente en las demografías que se dan en una y otra área. La ley del Régimen Electoral General establece una distribución de diputados en función de la población oficial que haya en cada provincia en el momento de la convocatoria electoral. De los 350 diputados que integran la Cámara Baja, 102 se distribuyen de manera fija -dos de mínimo a cada provincia y Ceuta y Melilla cogen otro cada una- y los otros 248 se asignan en proporción al número de habitantes de cada territorio y varían de unos comicios a otros.

Por eso no extraña que las comunidades del noroeste que han perdido diputados estos últimos años sean también las que sufran una mayor sangría demográfica. En la última década, Asturias perdió 49.638 habitantes, Galicia, 60.689 y Castilla y León 135.586. De nuevo, en la otra cara de la moneda está la zona mediterránea. Las Islas Baleares, por ejemplo, ganaron en estos últimos diez años 119.187 habitantes y Cataluña, 139.437.

Menos influencia

Perder representación en el Congreso significa perder influencia en el devenir de la política española. Y justamente disminuye el peso político de las comunidades que más lo necesitan, por ejemplo para modernizar sus infraestructuras ferroviarias y conectarse con el resto de España y de Europa. El noroeste trata de ponerse de acuerdo y presionar al Gobierno central para impulsar el Corredor Atlántico antes de las próximas generales. Así próximo martes los presidentes de Galicia, Asturias y Castilla y León reivindicarán, en un acto conjunto en Madrid, la necesidad de avanzar en esta línea de transporte.

Y mientras el noroeste intenta poner sobre la mesa una cifra con la que iniciar la mejora de sus conexiones ferroviarias, el área mediterránea, que ya está construyendo su corredor, debate sobre la baja ejecución del presupuesto al comprobar que Adif sólo gastó 147 millones de los 300 asignados en las cuentas.

La realidad dibuja un futuro muy diferente para las comunidades que sean capaces de mejorar su conectividad con el resto de España y, sobre todo, con Europa y para las que no. Sin una red de infraestructuras de calidad y sin servicios tan básicos como la conexión a internet es prácticamente imposible atraer y fijar población y, por tanto, seguirá la sangría demográfica y se continuará perdiendo peso en el Congreso.