«Podemos vivir sin Francia, no sin los franceses»

El ministro italiano de Interior, Matteo Salvini. /Efe
El ministro italiano de Interior, Matteo Salvini. / Efe

El choque entre los Gobiernos de Roma y París, el más grave desde la Segunda Guerra Mundial, se agrava con las palabras de Salvini, que vuelve a cargar contra Macron

DARÍO MENORCorresponsal en Roma (Italia)

Entre las pocas cosas que tienen en común el Movimiento 5 Estrellas (M5E) y la Liga, los socios del Gobierno de coalición italiano, está el odio al presidente francés, Emanuel Macron, del que no soportan su europeísmo convencido. Ya cuando estaban en la oposición los dos partidos le dedicaban críticas que se han acentuado tras su llegada al poder el pasado junio. Luigi Di Maio y Matteo Salvini, respectivos líderes del M5E y la Liga, compiten entre ellos para ver quién consigue tocarle más las narices al máximo dirigente galo. Este viernes le tocó el turno a Salvini: «Podemos vivir sin Francia, no sin los franceses, que son un pueblo estupendo. Evidentemente, quien está gobernando tiene las ideas un poco confusas». Sus palabras llegaron un día después de que París llamara a consultas a su embajador en Roma como respuesta al último feo que le había hecho Di Maio a Macron: reunirse en Francia con un grupo de representantes de los 'chalecos amarillos' entre quienes estaba el exaltado Christophe Chalençon, quien augura una «guerra civil» en su nación.

Para empeorar aún más la relación, Salvini, que ocupa el cargo de ministro del Interior en el Gobierno italiano, anunció que «convocaba» a su homólogo francés, Christophe Castener, a que le visitara en Roma para tratar de «resolver la situación». Pretendía hablar con él de dos temas calientes. El primero era la negativa que ahora da Francia a acoger a los inmigrantes desembarcados en Italia a finales de enero del buque de la ONG Sea Watch, que ante del estallido de la crisis entre ambos países se había comprometido a recibir. Para Salvini supone la gota que colma el vaso, pues París «ha rechazado en los últimos dos años a 60.000 inmigrantes». El otro asunto era aún más delicado: la entrega a Italia de 15 nacionales residentes en Francia a los que las autoridades de Roma consideran terroristas. Por el momento parece que Salvini se va a quedar con las ganas de hablar en persona de estos temas con Castener, a quien no se le escapó el tono chulesco de su homólogo y respondió ante los medios que él «no se hace convocar por nadie».

Di Maio trató de echarle la culpa de la situación a París y aseguró que los miembros de su Gobierno son «zen», por lo que siempre han tenido «la mano tendida». Incluso envió un artículo al diario 'Le Monde' en el que subrayó el aprecio por un «país amigo», aunque cometió a continuación otra más de sus habituales metidas de pata. Habló de la «milenaria tradición democrática» gala pese a que son sólo 230 los años que se cumplirán el próximo julio desde la Revolución Francesa con la que se puso fin al absolutismo y echó a andar la democracia. El error fue objeto de burla por el Partido Democrático, principal formación de la oposición en Italia, cuyos miembros exhiben estos días banderas francesas en las redes sociales en solidaridad con Macron.

El pique entre Roma y París, el más grave desde la Segunda Guerra Mundial, ha superado el terreno de lo político para saltar a la economía, lo que puede ser aún más peligroso para los intereses italianos, como advirtió Vincenzo Boccia, presidente de Confindustria. «Hay que bajar el tono. Al Gobierno le falta el sentido del límite», comentó el jefe de la patronal italiana, quien teme que el cruce de declaraciones haga que los franceses comiencen a consumir menos productos italianos o reduzcan sus inversiones en el país vecino. Ya hay un posible ejemplo. La retirada de Air France en la puja por hacerse con Alitalia respondería a la situación de choque político e institucional, según informó el diario económico 'Il Sole 24 Ore'.

Bruselas se coloca de perfil y califica la crisis de «problema bilateral»

S. Arroyo.- Bruselas no se moja. El pico de tensión que han alcanzado las relaciones entre Francia e Italia, el más alto desde 1940, no merece más análisis de la Comisión Europea que el de «una cuestión bilateral». Ésa fue la respuesta que rebotó ayer, una y otra vez, un portavoz de la institución comunitaria al ser cuestionado por la crisis diplomática.

La situación, sin embargo, sí ha merecido la reflexión de Antonio Tajani, presidente de Parlamento Europeo. Calificó de «un gran error italiano» lo sucedido, en declaraciones a la cadena Euronews, que también se hizo eco de las críticas del líder del Partido Popular Europeo, Manfred Weber. El alemán emplazó al ejecutivo de Roma (sostenido por la formación populista y por la Liga, de extrema derecha, de Mateo Salvini) a dejar «de quejarse a París, a Bruselas o a Berlín de sus problemas económicos. Asuma su responsabilidad».

La polémica marcará la comparecencia de la próxima semana en la Eurocámara de Estrasburgo del primer ministro italiano, Giuseppe Conte. El martes ofrecerá el discurso sobre su visión del futuro de Europa (al que seguirá un debate) como ya han hecho otros jefes de Estado y de Gobierno. Pero el máximo responsable del Ejecutivo comunitario, Jean-Claude Juncker, no estará allí.

 

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