La UE asume que Westminster tumbará otra vez el Acuerdo y toma las riendas del calendario

Juncker y Tusk. /AFP
Juncker y Tusk. / AFP

Los jefes de Estado y de Gobierno reunidos en Bruselas advierten de que la prórroga pactada será la última concesión a Londres

Salvador Arroyo
SALVADOR ARROYOCorresponsal en Bruselas (Bélgica)

Ese 'at the eleventh hour' con el que los británicos definen el último momento posible, ha cobrado más fuerza que nunca en las negociaciones del 'brexit'. Los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete cerraron este viernes la cumbre de primavera con señales contradictorias. Por un lado, destilan satisfacción porque vuelven a asumir el control de los tiempos. Pero tampoco ocultan que todo sigue fiado al último minuto del último día (el 12 de abril) y que entonces se encontrarán de nuevo en la tesitura de entregarse a una desconexión caótica. Han dado más aire a May sabedores de que lo más probable es que solo hayan retrasado el problema.

Esa tesis la trasladó este viernes de forma cristalina el líder europeo que se ha mostrado más crítico con la deriva de Londres. Con un «Europa no puede seguir siendo prisionera del 'brexit'», Emmanuel Macron enfatizó la idea del 'ya no habrá más'. El francés apenas daba el jueves un 10% de probabilidades a que el Acuerdo de Retirada consiga superar la próxima semana el tercer envite en Westminster. Y bajando.

Porque tras escuchar durante hora y media a una Theresa May errática, sus expectativas se desplomaron a la nada, al 5%, según fuentes diplomáticas. Sin un 'plan B' y deslizando que la ruptura por las bravas podría ser irremediable, la británica desencadenó las seis horas de debate en formato Veintisiete que sirvieron para fijar la nueva hoja de ruta. Con el 'sí' de la Cámara de los Comunes, el 22 de mayo será la fecha definitiva de un desenganche ordenado. Con el 'no', antes del 12 de abril Londres debe presentar un plan alternativo y decidir si acepta participar en las elecciones europeas (hoy también harto improbable). Los mandatarios tendrán que volver a juntarse en cumbre extraordinaria.

Preparados «para lo peor»

Si la nueva estrategia de Reino Unido convence, y entra en el proceso electoral (se le tendrían que restablecer los 73 escaños de la Eurocámara, entre ellos los cinco de más que se le han asignado a España), podría optar a una prórroga más extensa. «Todo es posible: un acuerdo, una prórroga larga o revertir el artículo 50», sintetizaba hoy Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo. En caso contrario, «se está preparado para lo peor»; para ese final traumático cuya idea sigue causando agobio en la Europa comunitaria

Llegar a ese trazado de fechas no fue nada fácil. Sobre la mesa se pusieron otras como alternativa al próximo viernes 29 de marzo que durante dos años ha sido referencia de la escisión británica y que ya no vale. Se habló, por ejemplo, del 7 de mayo (frente al 22), para no condicionar la cumbre informal de Sibui (Rumanía) que se celebrará el día 9.

Una imagen colgada en Twitter por el embajador de Bulgaria, en la que aparecen una veintena de funcionarios de la máxima confianza de presidentes y jefes de Estado, de pie o en cuclillas, amontonados en el pasillo, con la mirada puesta en el ordenador que portaba el representante de Bélgica, es la que mejor define la intensidad de la noche del jueves. En el grupo aparecen la alemana Sabine Weyand, mano derecha del negociador de la UE, Michele Barnier, y Clara Martínez, la responsable del gabinete del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Jucnker. Perfilan hasta la última coma de lo que pudo ser la propuesta final.

Vuelta adelantada

May no se quedó en Bruselas para tratar con sus colegas el resto de asuntos de la agenda de esta cumbre (China, que se cayó la víspera por el Artículo 50; mercado de capitales; cambio climático, o los mecanismos para combatir la desinformación). Se apresuró a regresar a Londres. El luxemburgués Xavier Bettel utilizó ese movimiento imprevisto para juzgar que la 'premier' seguía «trabajando» para lograr la mejor solución. Cuestionado por las probabilidades que daba a la votación de Westminster, se movió en un diplomático «50-50».

Pedro Sánchez insistió en «la nueva oportunidad» que se ha dado al acuerdo, que España está preparada para una salida caótica y en que «ya no depende» de ellos. Y precisamente por eso, porque las cartas se juegan en Londres, su colega belga, Charles Michel, optaba por mirar hacia el cielo. «Una cosa es que haya un acuerdo la próxima semana y otra es que ocurra un milagro. No es que no crea en los milagros, pero sé que son poco frecuentes». Todos, en realidad, miran hacia arriba.

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