Los últimos extranjeros del Estado Islámico combaten a muerte en Siria

Soldados de las Fuerzas de Siria Democrática, en Baghuz. /Afp
Soldados de las Fuerzas de Siria Democrática, en Baghuz. / Afp

La ofensiva sobre Baghuz parece una orden directa de Donald Trump, quien el miércoles adelantó que «en una semana» anunciaría el final del EI

MIKEL AYESTARANJerusalén

Baghuz se ha convertido desde el sábado en el último frente abierto contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI). En esta ciudad remota, situada en la provincia de Deir Ezzor, al este de Siria y en plena frontera con Irak, cientos de yihadistas combaten a muerte contra las Fuerzas de Siria Democrática (FSD), una alianza armada liderada por kurdos y que cuenta con el respaldo de Estados Unidos. Los kurdos elevan a 600 el número de yihadistas y en las últimas horas más de 1.500 civiles han logrado escapar del fuego cruzado. «El bombardeo es inimaginable, corríamos de un lugar a otro», declaró Hala Hassan a la cadena Al Jazeera. Esta superviviente aseguró que «quedan combatientes de todas las nacionalidades. No hay comida, nos alimentábamos de hierba, como las ovejas». Desde las FSD afirman que «los yihadistas son en su mayoría extranjeros. Iraquíes, europeos y muchos turcos… escuchamos sus conversaciones por radio y ofrecen una resistencia feroz».

La ofensiva sobre Baghuz parece una orden directa del presidente estadounidense, Donald Trump, quien el miércoles adelantó que «en una semana» anunciaría el final del EI. Los días pasan y Trump tiene prisa por sacar sus tropas cuanto antes, pero «el avance es lento y metódico porque el enemigo está totalmente atrincherado», señaló Sean Ryan, portavoz de la coalición internacional que lidera Estados Unidos. Los aviones de la coalición «golpean en todos los lugares posibles» y uno de los últimos objetivos ha sido la mezquita central de la ciudad ya que «perdió su estatus de lugar protegido en cuanto el EI la comenzó a usar como centro de mando para dirigir sus ataques suicidas», matizó el número dos de la coalición, general Christopher Ghika.

Prisa por anunciar la victoria

Al llegar a la presidencia, Trump prometió «empezar a ganar guerras de nuevo» tras la era de Barack Obama, marcada por la retirada total de fuerzas de Irak y parcial de Afganistán, y parece tener prisa por hacerlo. El magnate metido a político quiere proclamar el final de EI y salir de Siria, pero no ha podido dar con un califa que, debido a la clandestinidad casi absoluta en la que vive, se ha ganado el sobrenombre de «califa invisible». Esto le ha permitido no terminar, hasta ahora, como otros grandes líderes yihadistas como Abu Musab Zarqawi u Osama Bin Laden, abatidos por Estados Unidos.

 

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