Netanyahu busca una reelección que mitigue sus problemas con la justicia

El primer ministro israelí y presidente del partido Likud, Benjamin Netanyahu, se dirige a simpatizantes mientras recorre el mercado Mahane Yehuda. /Efe
El primer ministro israelí y presidente del partido Likud, Benjamin Netanyahu, se dirige a simpatizantes mientras recorre el mercado Mahane Yehuda. / Efe

Más de seis millones de israelíes decidirán con su voto si seguirá en su puesto en un quinto mandato

MIKEL AYESTARANCorresponsal en Jerusalén (Israel)

Un Benyamin Netanyahu cercado por los problemas de corrupción ha convertido las elecciones en Israel en un plebiscito nacional sobre su persona. Más de seis millones de israelíes decidirán con su voto si seguirá en su puesto en un quinto mandato con el que superaría al mítico David Ben Gurion como primer ministro más veterano en el cargo, pero sobre todo le reforzarán o no ante el fiscal general, Avichai Mandelblit, que tiene la intención de imputarle por corrupción tras los comicios. Netanyahu, de 69 años, se enfrenta al fantasma del procesamiento, pero también al ex jefe del Ejército, Benny Gantz, de 59 años, que ha colgado el uniforme para dar el salto a la política y liderar la coalición Azul y Blanco que, según las últimas encuestas, será la lista más votada. Pero los posibles 30 escaños que podrían obtener como máximo cada uno les dejan muy lejos de la mayoría absoluta (61 de 120) y tendrían que aliarse con otras formaciones y es aquí donde la proximidad de Netanyahu con partidos ultranacionalistas y religiosos le abren las puertas de un nuevo mandato.

En Israel no hay jornada de reflexión y el primer ministro eligió el mercado de Mahane Yehuda, en Jerusalén, para cerrar campaña y repetir el mensaje de que «el Gobierno de derechas está en peligro». Esta es la idea central de un dirigente conservador que insistió en la idea que anunció durante el fin de semana sobre su intención de comenzar la anexión de Cisjordania, territorio palestino ocupado desde hace más de 50 años. Este tema, prioritario en la agenda de los partidos ultranacionalistas y que entierra de forma definitiva el proceso de paz y la llamada «solución de los dos Estados», eclipsó al resto de debates abiertos en la recta final de campaña. En su intento de apelar al voto ultra, Netanyahu también anunció hace unos días que no descarta una nueva ocupación militar de Gaza. Pero por encima de los temas domésticos, la campaña del primer ministro ha estado marcada por las visitas a Tierra Santa del secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo y el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, y sus viajes para reunirse con Donald Trump, quien reconoció la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, y Vladímir Putin. Un apoyo internacional que ninguna otra figura política del país es capaz de acaparar.

Izquierdistas y derechistas

Si en anteriores ocasiones Netanyahu, a quien se conoce también como 'Mister Security', apeló a la «seguridad nacional» como principal argumento a su favor, esta vez lo ha tenido complicado porque tiene delante a Gantz, quien ha sido jefe del Estado Mayor del Ejército y dirigió la 'Operación Pilar Defensivo' en la Franja de Gaza en 2012, así como en la 'operación Margen Protector', lanzada en 2014 y en la que al menos 2.500 palestinos perdieron la vida, la mayoría civiles, según Naciones Unidas.

Azul y Blanco se presenta como una alianza «libre de corrupción» y Gantz replicó a los mensajes de su adversario, que les considera «izquierdistas», asegurando que «la gente lo sabe bien. No es la derecha la que está en peligro. Es Netanyahu quien está en peligro», según declaraciones efectuadas a la radio del Ejército. El general, que busca seguir los pasos de otros ex militares reconvertidos en políticos como Isaac Rabin y Ehud Barak, piensa que «hay una necesidad de cambio, y hay una posibilidad de cambio» y aspira a liderarlo de la mano del periodista Yair Lapid, la gran sorpresa de las elecciones de 2015, con quien alternará la jefatura de gobierno en caso de victoria. El mensaje anti Netanyahu ha sido el principal argumento de esta coalición con un lenguaje difuso a la hora de referirse a la cuestión palestina.

«La diferencia ideológica entre los dos grandes bloques es mínima, incluso no se puede descartar que lleguen a formar una coalición de unidad nacional. Se trata más de una cuestión de egos, de choque entre personalidades», opina un diplomático israelí que pide mantener el anonimato y explica que el debate entre derecha e izquierda en Israel «no tiene nada que ver con el que hay en Europa«. »Aquí se reduce a que todo el que no esté con Bibi (sobrenombre de Netanyahu) es de izquierdas y no es leal al país», añadió. En su columna de opinión en el diario Haaretz, la periodista Hagar Zhezaf calificó las elecciones de «orwellianas» y lamentó que «el resurgir de la ultra derecha ha matado a la política en este país, silenciado a la izquierda y nos ha empujado a la autocracia o teocracia».