Trump empieza a perder leales en el Senado

El director en funciones de la Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Joseph Maguire (c), testifica este jueves ante el comité de Inteligencia del Congreso, en Washington (Estados Unidos)./
El director en funciones de la Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Joseph Maguire (c), testifica este jueves ante el comité de Inteligencia del Congreso, en Washington (Estados Unidos).

Los 45 demócratas y dos independientes de la Cámara Alta necesitarían 20 votos republicanos para echar al presidente

MERCEDES GALLEGOCorresponsal. Nueva York

En 1998 cinco senadores republicanos se unieron a los demócratas para exonerar a Clinton de la acusación de abuso de poder en el 'impeachment' que se le abrió por su romance con la becaria Monica Lewinski. ¿Cuántos cruzarán filas si el juicio político contra Donald Trump llega a producirse?

El senador Jeff Flake asegura que si la votación fuera secreta 35 de sus antiguos correligionarios votarían por retirarle del cargo, pero las reglas obligan a hacerlo de viva voz. Los 45 demócratas y dos independientes necesitarían veinte votos republicanos para acabar con la presidencia de Trump, una posibilidad que se antoja remota incluso para los que defienden el proceso. Con todo, la transcripción de la llamada a Ucrania que hiciera el presidente y la acusación del informante anónimo resultan tan aplastantes que el apoyo al mandatario empieza a sufrir sus primeras fracturas.

El liderazgo lo tomó el senador Mitt Romney, que a pesar estrenar el asiento en enero goza de peso moral por haber representado a los republicanos en las elecciones de 2012 frente a Barack Obama. Romney dice estar «profundamente perturbado» por lo que ha leído.

Le secundó el senador de Nebraska Ben Sasse, que con metáforas del salvaje Oeste urgió a sus colegas a «no rodear a los carromatos» antes de que se produzca la investigación. Su colega de Wisconsin Ron Johnson dejó claro que la presión que Trump ejerció sobre su homólogo ucraniano para que investigase a su enemigo político «no es aceptable». El silencio de los otros deja claro que no quieren dar la cara por el mandatario. «Tengo un simple mensaje para los legisladores de mi partido», se preguntó por Twitter el ex candidato presidencial John Kasich: «¿Dónde estáis?». A lo que después añadió: «Esto no es político, lo que está en juego es nuestra seguridad nacional».

En esa línea, fuera del círculo legislativo, los gobernadores republicanos de dos estados progresistas como Vermont y Massachusetts se han desmarcado al declararse en favor de que se investiguen las acusaciones. Lo que está en juego no es ya ética presidencial, sino la credibilidad del proceso electoral estadounidense que Trump habría minado al pedir ayuda a un país extranjero para socavar a su potencial rival Joe Biden.

Tan convincente empieza a ser el caso, que el apoyo al 'impeachment' en las encuestas crece con cada revelación. Del rechazo inicial que desataba entre la mayoría a principios de semana se ha pasado a un empate de 43% a 43%, lo que supone un aumento de siete puntos entre el público en general y de 14 puntos entre los demócratas.

La portavoz del Congreso Nancy Pelosi no tiene dudas de que obtendrá los votos que necesita en la Cámara Baja para aprobar el proceso de 'impeachment', que en el caso de Clinton duró cinco semanas. Aunque ha dado libertad a los seis comités que investigan al presidente por distintos delitos, la líder demócrata se inclina en favor de juzgarle por el abuso de poder que se desprende de las presiones a Ucrania. Así de claro lo ve tras leer la denuncia del informante anónimo, que ha proporcionado al Congreso numerosas pistas para avanzar en la investigación.

No pondrá plazos al trabajo de los comités investigadores, pero quiere que sea un trabajo «expedito», dijo este viernes en televisión. Nadie quiere arrastrar este proceso a la campaña electoral, que entrará en plena actividad a principios de año. Hasta entonces al Congreso le quedan solo 28 días de trabajo legislativo, por lo que muchos de los implicados han decidido no tomarse el receso de dos semanas que comenzaba mañana.

En plena pataleta, que comenzó con una traca de tuits sin sentido, el mandatario ha amenazado con «parar» un proceso sobre el que no tiene control. La víspera sugirió que a los informantes habría que tratarlos como a los espías «en los viejos tiempos». O sea, colgarlos. El que horas después 'The New York Times' publicase datos que ayudarían a identificar al denunciante -un agente de la CIA con experiencia en Europa del Este que estuvo destacado en la Casa Blanca y ahora está de vuelta al cuerpo-, ha provocado un debate público sobre la responsabilidad periodística, que el rotativo justifica en aras de establecer la credibilidad de la fuente.

Para el Congreso, las cosas se ponen más difíciles. Si quienes conocen los intrínsecos de la Casa Blanca tienen miedo, no habrá más chivatazos y será más difícil llevar la investigación a buen puerto. No hay mucho tiempo, el tiempo de hablar es ahora. A partir de febrero lo harán los ciudadanos en las urnas.

Ganar el proceso aunque se pierda el voto en el Senado

Los republicanos se vanaglorian de que al final de la investigación para la destitución de Trump en la Cámara de Representantes, a los demócratas les espera un «Senado a prueba de balas», en el que la mayoría conservadora librará al presidente. Pero algunas voces aclaran que el proceso de 'impeachment' puede ser también un éxito político para sus impulsores aunque choquen contra el muro final de los senadores. «Si la Cámara de Representantes vota destituir a Trump, ya está destituido», sostiene Adam Jentleson, antiguo colaborador del senador demócrata Harry Reid en tiempos de Obama. «El Artículo 1, sección 2, de la Constitución establece que la Cámara 'tendrá el único poder de impeachment'. Ninguno de los dos presidentes en la historia de EE UU sometidos a este proceso tuvo que dejar el cargo por decisión del Senado, pero la historia los recuerda como 'destituidos'. Fijar este principio cuanto antes es importante», recomienda Jentleson en un artículo en gq.com. «No teman al voto del Senado. Bien gestionado, no exonerará (al presidente) y puede dar dividendos a los demócratas en las elecciones de 2020».

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