El nuevo fiscal de Trump promete no interferir en la investigación de la trama rusa

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump/Reuters
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump / Reuters

William Bar ya ejerció el cargo con Bush padre y cree que el presidente no debe ser acusado de obstrucción a la justicia

MERCEDES GALLEGOCorresponsal en Nueva York

En 2017, una vez quedó claro que la investigación del fiscal Robert Mueller sobre la trama rusa pondría en aprietos al presidente Donald Trump, su equipo empezó a armarse de abogados. El embajador de EEUU en Israel intentó reclutar al ex fiscal general de Bush padre, William Barr, que conocía bien a Mueller desde hacía décadas, cuando éste le asistía con la División Criminal del Departamento de Justicia. Después de entrevistarse con Trump, Barr, de 68 años, rechazó la oferta.

«Le dije que prefería clientes corporativos», contó este martes a los senadores. «Mi mujer y yo buscábamos un respiro en nuestras vidas y no quise meter la cabeza en una trituradora de carne». Eso es precisamente lo que ha hecho al aceptar el cargo al frente del Departamento de Justicia que ya ejerció hace 27 años. Entre sus labores estará supervisar al fiscal especial, cuyo informe se espera con impaciencia.

Tras recordar los abusos que sufrió su predecesor Jeff Sessions en las redes sociales por parte del presidente, que le culpaba de haber desencadenado el nombramiento de Mueller al inhibirse de la investigación, el senador Dick Durbin sólo tenía una pregunta: «¿Por qué querría usted este trabajo?», le cuestionó. «Porque creo que estoy en un momento de mi vida en el que puedo hacer lo correcto sin preocuparme de nada más», atajó él.

Barr se presentó como un hombre de honor que ha decidido aparcar su cómoda vida para cumplir con su deber de ayudar al país, pero sobre todo como alguien independiente que no se dejará influir por nadie. En cuyo caso la pregunta es, ¿por qué le querría Trump para ese cargo del que depende la investigación que le acorrala a él y a su familia?

Tal vez porque Barr envió hace un año de motu propio una carta de 20 páginas al Departamento de Justicia criticando a Mueller por investigar al presidente por un posible delito de obstrucción. Este martes entró en la sala dispuesto a enfrentarse a las críticas frontalmente. En su presentación adelantó a los senadores que el presidente no le ha pedido lealtad, como hiciera con el exdirector del FBI James Comey, «ni garantías, promesas o compromisos de ningún tipo, expresos o implícitos», deletreó. «Y no le he dado ninguna, aparte de que dirigiré el departamento con profesionalismo e integridad».

Viejos amigos

Como viejo amigo de Mueller le tiene en alta estima y difiere con el presidente en que no ve su investigación como una caza de brujas, sino una pesquisa seria y concienzuda que no interrumpirá bajo ningún concepto que pueda imaginarse. A Comey también le respeta, pero cree que cometió un grave error al criticar públicamente a Hillary Clinton por el uso de un servidor privado para sus correos oficiales. «Si no vas a imputar a alguien no te pones delante de la gente a descargar información negativa sobre esa persona», le criticó.

Los demócratas podrían pedirle que, una vez confirmado en el cargo, se inhiba de la investigación para evitar cualquier conflicto de intereses, algo que él decidirá cuando llegue el momento, tras consultar con los expertos éticos del Departamento de Justicia, como hizo su predecesor.

 

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