La furia calienta Hong Kong para el 70 aniversario de China

Imagen de agentes durante las protestas. / Foto: Afp | Vídeo: Atlas

La jornada más violenta en los tres meses y medio de protestas deja decenas de heridos y más de cien detenidos

ZIGOR ALDAMAHong Kong

Gas lacrimógeno, espray de pimienta, cañón de agua, balas de goma, e incluso una bala de fuego real. Este domingo, Hong Kong se llevó todo el menú de la Policía antidisturbios en la jornada más violenta de los tres meses y medio de protestas que han sacudido el centro financiero más importante de Asia. Decenas de heridos, algunos en estado grave, como una periodista indonesia que podría perder el ojo por un disparo, y más de cien detenidos, fueron la consecuencia de los actos vandálicos generalizados en el centro de la metrópoli.

Al menos tres estaciones de metro fueron parcialmente destrozadas, el mobiliario urbano acabó hecho añicos un fin de semana más, e incluso hubo episodios de palizas contra prochinos que increparon a los manifestantes. En uno de los casos más graves, un taxista logró huir antes de que su vehículo fuese reducido a chatarra por una marabunta: los manifestantes le acusaron de haber arremetido contra la prensa, a la que muchos sienten afín a las protestas.

LA CLAVE:

Respuesta policial.
Una periodista indonesia se encuentra en estado grave y podría perder un ojo por un disparo

En vísperas del 70 aniversario de la fundación de la República Popular China, que se celebrará mañana con un faraónico desfile militar en Pekín, los manifestantes de la excolonia británica habían convocado una marcha contra el totalitarismo y a favor de las protestas de Hong Kong en diferentes partes del mundo. Ciudades como Sídney comenzaron el día de forma pacífica con números discretos de participantes, y se fueron sumando otras localidades en Europa y América.

Pero en Hong Kong la violencia no tardó en estallar: la marcha, no autorizada por la Policía, iba a comenzar en Causeway Bay a las 14.30 horas; cinco minutos más tarde, los antidisturbios cargaron por primera vez y dispararon los primeros proyectiles de gas lacrimógeno. Los cócteles molotov llegaron pronto como respuesta. Los manifestantes más radicales, que han ido cambiando de táctica siguiendo los consejos de Bruce Lee -'be water', sé adaptable como el agua-, jugaron al gato y al ratón con la Policía, cambiando el itinerario de la marcha y abriendo diferentes focos a la vez.

A su paso, las calles quedaban llenas de pintadas contra China -con el recién acuñado término 'Chinazi'-, llamadas a la intervención de Donald Trump en el conflicto, y retratos de los principales líderes chinos y de Hong Kong pegados en el suelo para que la gente los patee. Así, cuando los manifestantes llegaron a la sede del Gobierno autonómico, principal diana de la ira de quienes exigen sufragio universal para elegir a sus líderes, el centro de Hong Kong ya estaba sumido en el caos.

Derecho a manifestarse

La situación empeoró cuando la Policía decidió sumar el cañón de agua -que tiene pimienta o un tinte azul disuelto- y balas de goma. «No entiendo por qué nos impiden salir a manifestarnos, un derecho que en Hong Kong sí tenemos reconocido en la Ley Básica. Por cosas como esta protestamos: para evitar acabar siendo una ciudad cualquiera de China, en la que la única ley sea la que imponga el Partido Comunista», comentó a este periódico una joven manifestante que se identificó únicamente como Cathy Law. «La Policía incita a la violencia con estas prohibiciones. Además, cada vez nos dispara gases lacrimógenos antes», añadió su acompañante, John Chan.

No obstante, ya de noche, los manifestantes provocaron las actuaciones policiales prendiendo fuego a diferentes barricadas utilizadas para cortar la calle Hennesy, una de las principales arterias de la isla. También atacaron a los agentes con los potentes láseres que se han convertido en una de las 'armas' que los manifestantes utilizan en combinación con escudos caseros hechos con señales de tráfico o maletas.

Pero nada supera a los paraguas, el símbolo del movimiento prodemocracia homónimo de hace un lustro, que siguen siendo uno de los elementos clave de estas protestas que escalan tanto en violencia como en sofisticación: las inútiles mascarillas quirúrgicas del principio son ya máscaras de gas, y no faltan quienes se montan sus propias armas. «La incógnita está en saber cómo reaccionará China, que ha adoptado una actitud pasiva, cuando pasen las celebraciones por el 70 aniversario», comenta preocupado un hostelero que ha perdido casi el 70% del negocio desde que comenzaron las protestas, el pasado 9 de junio.