«Estar atrapados en la cueva nos ha enseñado a ser más fuertes»

Los 'jabalíes salvajes' durante la rueda de prensa tras su salida del hospital. / AFP

Nada más ser dados de alta, los niños rescatados de Tailandia aparecen en televisión para contar cómo sobrevivieron 17 días dentro de la caverna de Tham Luang

PABLO M. DÍEZEnviado especial a Chiang Rai. Tailandia

De la cueva a la tele. Nada más ser dados del alta tras recuperarse de los 17 días que pasaron atrapados en la caverna de Tham Luang, los doce niños y su entrenador de fútbol han aparecido este miércoles en un programa de la televisión tailandesa que ha servido como rueda de prensa para explicar su milagroso rescate. Ataviados con camisetas de su equipo de fútbol, los «Jabalíes Salvajes», los trece han entrado sonrientes, en aparente buena forma y jugando al balón en el pabellón del gobierno provincial de Chiang Rai donde se ha grabado el programa, que se llama «Tailandia avanza» y emite la cadena pública NBT. En un escenario decorado con un minicampo de fútbol con dos pequeñas porterías y un altar budista con el retrato del venerado rey de Tailandia, los niños y el monitor han respondido a las preguntas del presentador. Supervisadas por los psicólogos para no alterar la recuperación de los muchachos, algunas de estas cuestiones habían sido enviadas por los periodistas, que componían el público del programa junto a un grupo de amigos de los chavales y los médicos y enfermeras que los han atendido en el hospital.

«Cuando nos quedamos atrapados en la cueva porque la lluvia había inundado algunas grutas, traté de concentrarme y no asustarme, pero no podíamos ver nada porque todo estaba a oscuras», relató el entrenador, Ekkapol Chantawong, de 25 años. Con el fin de buscar una salida, aseguró que «tratamos de cavar hoyos, pero paramos porque estábamos muy cansados». Tal y como recordó Ek, como se conoce al monitor, «no teníamos ninguna energía porque no teníamos comida y estábamos hambrientos».

Para llenarse el estómago, los niños bebieron el agua de la lluvia que se colaba en la cueva porque, como contó uno de ellos, Tee, de 16 años, «no teníamos nada de comer». Junto a él, Titan, el más pequeño del grupo con solo once años, confesó que «tratamos de no pensar en la comida para olvidarnos del hambre».

Así se pasaron diez días hasta que los encontraron dos buzos británicos. «Fue un milagro», como lo calificó el niño que habló con ellos en inglés, Adul Sam-on, de 14 años. «Cuando los oímos en la oscuridad, pensábamos que eran tailandeses, pero luego, cuando se acercaron, vimos que eran extranjeros», rememoró el muchacho, un refugiado que nació en un estado de la vecina Birmania no controlado por el Gobierno central y es uno de los cuatro apátridas del grupo junto al entrenador.

Honrar al buzo caído

«Estar atrapados en la cueva nos ha enseñado a ser más fuertes», aseguró Nick, de 15 años, mientras todos los demás prometían que se tomarían la vida más en serio después de esta angustiosa experiencia. Aunque su rescate de la cueva acabó con final feliz, no olvidan que uno de los buzos del dispositivo de salvamento, Saman Gunan, falleció durante la operación, una de las más complejas y arriesgadas que se recuerdan. Para honrar su memoria, que homenajearon con un retrato, todos ellos juraron que se ordenarán monjes budistas durante una temporada, como manda la tradición en Tailandia.

De igual modo, casi todos pidieron perdón a sus padres por no haberles dicho que iban a entrar en la cueva aquel fatídico 23 de junio. Casi un mes después, y tras tener a todo el planeta en vilo, los «Jabalíes Salvajes», vuelven por fin a casa.

 

Fotos