Ortega califica a los obispos de Nicaragua de satánicos y los descalifica para el diálogo

El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega. / EFE/ATLAS

Su mensaje es «que rectifiquen y exorcicen esa secta satánica de asesinos» que ve en los manifestantes

MERCEDES GALLEGOEnviada especial. Managua

Hacía mucho que se temía que la Mesa del Diálogo Nacional fuera un táctica dilatoria de Daniel Ortega para organizar la Operación Limpieza que llevó a cabo en los últimos diez días en Nicaragua. Y ahora que ya está concluida, pocos esperaban que mantuviera ese compromiso negociador, ni en apariencia. Ayer, mientras celebraba la victoria de «puro amor», lo confirmó. Para él la Alianza Cívica con la que dialogaba es «la cara falsa de los golpistas».

El comandante que llegó al poder en 1979 con la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional hace justamente 39 años calificó a los obispos de «satánicos» y aseguró que «ellos mismos se han descalificado para el diálogo al comprometerse con los golpistas». Su mensaje es «que rectifiquen y exorcicen esa secta satánica de asesinos» que ve en los manifestantes. Lo decía, según él, con mucha pena. El líder del «cristianismo socialista y solidario» mantiene un discurso mesiánico para sus bases a las que ha convencido de que es el único que puede dirigirlos en la lucha por salvar la revolución.

Ayer las llevó en autobús uniformadas con camisetas de «Puro Amor ¡Viva Daniel!». En la Plaza de la Fe Juan Pablo II se dio el acostumbrado baño de masas que tuvieron que retransmitir por decreto todas las televisiones «desde la señal original íntegra» y «sin poner ni quitar nada», decía la carta. Con todo, fueron menos que otros años porque «les dijimos que celebrara cada uno en sus departamentos, por su seguridad», indicó el presidente que ha gobernado el país ininterrumpidamente durante los último once años.

El obispo auxiliar de Managua Silvio Baez respondió por Twitter que la Iglesia «no sufre por ser calumniada sino por quienes han sido asesinados» en estos tres meses de represión. Van ya más de 400, sin contar a los desaparecidos y a los más de 2.000 heridos. Ortega y su esposa, la vicepresidenta, prometieron seguir «consolidando la paz» y encargaron a su bases que «la defiendan».

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