La opción militar en Venezuela sigue en la recámara

Un manifestante en Cúcuta. /AFP
Un manifestante en Cúcuta. / AFP

Guaidó sólo obtiene de EE UU y el Grupo de Lima la promesa de una más firme presión diplomática contra Maduro para forzar una transición

DAGOBERTO ESCORCIABogotá (Colombia)

Las palabras suenan a paz pero en el fondo se escucha un murmullo que pide acciones contra el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela. La vía diplomática, sobre el papel, se impuso, de momento, a una inmediata intervención militar en la reunión que el Grupo de Lima (GL) mantuvo en Bogotá. Pero, aunque suena a simple amenaza, no está descartada, según se desprende de la declaración del vicepresidente de EE UU, Mike Pence: «A medida que seguimos ejerciendo presión diplomática sobre el régimen de Maduro esperamos una transición pacífica a la democracia, pero como ha dicho claramente el presidente Trump todas las opciones están sobre la mesa».

El número dos de Trump también quiso tranquilizar al Gobierno de Iván Duque: «Colombia es nuestro socio más importante en la región y si cualquier país ataca a Colombia se las tendrá que ver con EE UU». Estas declaraciones no ocultan lo que en el fondo piensan muchos de los países que siguen sin reconocer a Juan Guaidó como presidente legítimo, porque entre otras cosas observan el deseo estadounidense de intervenir militarmente en este país sudamericano.

De buena mañana, Dignora Hernández, diputada de la Asamblea Nacional, lanzó una consigna: «El tiempo de la diplomacia se agotó. Es tiempo de acciones». Era un mensaje nada pacífico de una de las colaboradoras directas de Guaidó, presente en la reunión del Grupo de Lima, en la que se debían definirse las siguientes acciones contra Maduro después del fracaso de la ayuda alimentaria el 23-F.

Sin embargo, la cordura prevaleció oficialmente sobre los miembros del GL y todas las manifestaciones abrazaron mantener la presión diplomática sobre Maduro y se distanciaron del empleo inmediato de la fuerza militar. El presidente de Colombia señaló: «La situación que vive Venezuela no se puede ver como un dilema entre guerra y paz. El verdadero dilema es la continuación de la tiranía o el triunfo contundente de la democracia». Duque subrayó que «el aislamiento del dictador es el primer paso para que se reinicie la institucionalidad y se abra el camino a la democracia». «Es irreversible, el dictador no puede ganar legitimidad. Todos estamos de acuerdo en que el dictador debe salir».

Guaidó, que comenzó su discurso ante el Grupo de Lima pidiendo un minuto de silencio por los fallecidos en las fronteras en las últimas horas, fue también claro apostando por la diplomacia: «Nuestro país está esperando oír todas las acciones en el marco de la diplomacia para avanzar y recuperar una democracia. Pedimos ayuda y cooperación. Hoy el coste lo pone un régimen que decidió utilizar su última línea de defensa, porque ya no tiene la lealtad de muchos de sus miembros».

Guaidó anunció que esta semana regresará a Venezuela. No explicó de qué manera. Solo dijo que lo haría «venciendo la dictadura». Todo el mundo sabe que el autoproclamado presidente interino arriesgó su vuelta cuando decidió violar la prohibición de salir del país para hacer acto de presencia en el concierto en la frontera de Cúcuta el sábado.

«La pesadilla está a punto de finalizar», animó el dirigente opositor a un centenar de venezolanos que se encontraban a unos pocos metros de la cancillería donde se reunió el Grupo de Lima. «Estamos con ustedes», fueron las palabras del enviado de Trump a este grupo en el que al final se produjo un encontronazo entre los partidarios de una intervención militar y los que protestaban para la presencia de Pence.

Desertores y resistencia

La situación de los venezolanos que se encuentran en la frontera colombiana cada vez es más delicada, y los que quieren traspasarla solo lo pueden por trochas bordeando el rio Táchira. Según un informe de Migración Colombia ya son 167 los militares que desertaron del Ejército de Maduro; una cifra ínfima teniendo en cuenta que las Fuerzas Armadas incluyen 2.000 generales y un total de 95.000 miembros. Uno de los desertores confesó al traspasar la frontera que Maduro ha enviado a colectivos chavistas que, fuertemente armados, intentan acabar con la resistencia que siguen ofreciendo jóvenes encapuchados en la población de Ureña, escenario de los choques más fuertes desde el viernes.

Maduro, por su parte, continúa sirviéndose de las redes sociales para enviar mensajes a sus incondicionales y a los países que él considera agresores: «Deben entender el imperio y sus lacayos que en Venezuela reina la autodeterminación de nuestro pueblo. Los problemas los resolveremos en unión nacional, con el Gobierno bolivariano que presido. ¡Juntos por Venezuela!».