Sánchez entra de lleno en un cuerpo a cuerpo con Rivera

El candidato del PSOE, Pedro Sánchez, durante el debate./EFE
El candidato del PSOE, Pedro Sánchez, durante el debate. / EFE

El líder del PSOE intenta amarrar al votante indeciso de Podemos, dividir a la derecha y asimilar a Cs a Vox

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERASMadrid

El equipo con el que Pedro Sánchez ha preparado los dos debates electorales que han marcado la recta final de la campaña lo tenía claro. «El de RTVE será cómodo, el de Atresmedia -decían- la jungla». El líder del PSOE fue preparado ayer para una sesión mucho más agresiva que la de la jornada anterior y actuó en consecuencia. Esta vez no dejó sin respuesta los golpes de efecto de Albert Rivera y desde los primeros minutos del programa trató de taponar la vía de agua que había dejado abierta en la pública a favor de Pablo Iglesias.

Los indecisos de Ciudadanos y de Unidos Podemos son el principal objetivo de los socialistas en la recta final de la campaña. Iglesias fue capaz de sembrar dudas el día anterior sobre la orientación de un nuevo Gobierno socialista y se erigió en el único garante de que Sánchez no se escorará hacia la derecha. Ayer, el jefe del Ejecutivo respondió la pregunta que hasta tres veces había dejado en el aire sobre un eventual pacto (de investidura o legislatura) entre el PSOE y Ciudadanos. «No está en mis planes pactar con quien quiere poner un cordón sanitario a mi partido», dijo.

Lo mejor.
Arriesgó más que en el debate de TVE para avivar las dudas de los indecisos moderados sobre Rivera, su principal objetivo.
Lo peor.
Su tono presidencial se resintió por su necesidad de leer los logros de su Gobierno y las interrupciones.
La anécdota.
El libro de Vox. Entregó a Rivera un libro sobre Abascal para escenificar el giro de Cs a la derecha.

También jugó mejor la baza que siempre utiliza en sus mítines pero que el lunes había dejado pasar, el temor a que una división del voto de la izquierda favorezca a PP, Cs y Vox. «Estamos hablando del día 29 pero se nos olvida el 28. Y hay una certeza: si suman las derechas van a hacer lo que han hecho en Andalucía. Por lo tanto va a ser muy importante concentrar el voto en el único partido que puede frenarlo», arguyó.

Hacia el otro lado del espectro político, Sánchez también modificó la estrategia. Esta vez entró en el cuerpo a cuerpo con Albert Rivera y lo hizo en mucha mayor medida que con Pablo Casado. Le interesaba por dos motivos: porque se disputa el apoyo de un electorado que aún tiene un pie entre ambas formaciones y porque dar al presidente de Ciudadanos la consideración de líder de la oposición puede ayudar a dividir el voto de la derecha. El candidato del PSOE no permitió ayer que Rivera le pusiera sobre el atril su polémica tesis doctoral sin devolver el golpe (la víspera le entregó una foto de Miquel Iceta, el lider del PSC, defendiendo indultos a los líders del 'procés'). Él colocó, a cambio, en el del político liberal un ejemplar del libro de Santiago Abascal escrito por Fernando Sánchez Dragó. Y no dejó pasar la ocasión de vincularle con Vox. «Usted habla de rojos y azules pero dibuja una España azul, azul oscuro, casi negro. Necesita a la ultraderecha para gobernar», reprochó.

Sánchez negó además una y otra vez cualquier pacto con los independentistas e interrumpió de forma continua a sus adversarios acusándoles de mentir sobre esta y otras cuestiones. Fue una actitud que rompió el tono institucional por el que lleva apostando toda la campaña. Pero, por lo demás, el candidato socialista supo colocar su mensaje sin grandes resbalones y los suyos creen que a estas alturas basta con eso. Su papel presidencial se resintió, en todo caso, de su falta de memoria. Varias veces tuvo que tirar de los papeles para defender sus logros.

Más información