Los hogares que más recurren al crédito, en riesgo ante los nubarrones económicos

Los hogares que más recurren al crédito, en riesgo ante los nubarrones económicos

El Banco de España alerta del peligro que supone la excesiva financiación al consumo por el impacto que tendrá la subida de tipos o el frenazo del PIB

José María Camarero
JOSÉ MARÍA CAMAREROMadrid

La dinámica en la que han entrado parte de los consumidores al recurrir de forma continua a las tarjetas bancarias, los créditos al consumo y los préstamos para financiar cualquier tipo de compra, desde un teléfono hasta un vehículo, supone una espiral peligrosa que puede afectarles si cambian las condiciones económicas, como parece que va a ocurrir a medio plazo. Esa es la última advertencia que ha lanzado el Banco de España al indicar que existen «riesgos futuros» tanto para los titulares de esos créditos como para los bancos que les han financiado.

No es la primera vez que el supervisor se hace eco de estos avisos; la Comisión Europea y el BCE ya alertaban en verano de la necesidad de establecer «una vigilancia estrecha» por la expansión de estos créditos. Pero sí es la primera alarma que enciende el supervisor ante la «vulnerabilidad» que están asumiendo los «agentes» implicados -entidades y sus clientes- «frente a las perturbaciones adversas». No las menciona expresamente, pero del análisis del Banco de España se derivan algunos de los peligros que afectarán al conjunto de la economía, más allá de la moderación de la actividad económica. La subida de tipos de interés, que entraría en vigor a partir del próximo año, es el principal riesgo asociado a tener un patrimonio demasiado endeudado a base de todo tipo de líneas de financiación al consumo, adquiridas durante los últimos años de recuperación. Porque hasta ahora, el crecimiento del sector se ha producido gracias a «un entorno de márgenes y tipos bajos», una circunstancia que puede cambiar.

A estas circunstancias se une también el hecho de que se ha registrado «una moderación» en la tasa de ahorro de las familias. Es decir, se guarda menos dinero para afrontar imprevistos de cara al futuro y se gasta más en el día a día, y se hace a costa de endeudarse, como ocurría en los años del 'boom' inmobiliario, aunque los registros aún se encuentran muy lejanos a los máximos de aquellos años de crecimiento.

Cambio en las condiciones

Lo peor es que muchos hogares lo están haciendo sigilosamente, casi sin darse cuenta de que cualquier cambio en las condiciones del sistema financiero impactaría directamente en sus bolsillos. Por eso, el Banco de España advierte de que «la ausencia de garantías en este tipo de préstamos eleva el riesgo» al que se enfrentan tanto las familias como, sobre todo, las entidades. Los bancos podrían encontrarse ante una nueva etapa de impagos por este tipo de créditos domésticos si las condiciones económicas cambian a peor en los próximos meses. Por eso, les aconseja concederlos «en base a una expectativas prudentes sobre la capacidad de repago de esta deuda». Bruselas ya expuso en su último informe que «la morosidad se ha incrementado levemente, en paralelo con el rápido crecimiento del crédito al consumo».

El uso recurrente de estas líneas de financiación ha evolucionado de forma inherente a la propia recuperación. A medida que España salía de la crisis, la petición de todo tipo de préstamos ha ido aumentando hasta tal punto que el incremento acumulado ha sido del 47% desde el año 2014, muy superior al del mercado hipotecario, donde todavía se realizan más amortizaciones de deuda que nuevas peticiones.

El crecimiento experimentado se ha situado, de media, en el 14% hasta mediados de este año, aunque en el caso de los préstamos destinados a la adquisición de bienes duraderos ­-muebles, electrodomésticos, etc.- ha sido superior al 21%. El análisis del Banco de España refleja que el repunte de estas modalidades se explica «en gran medida por el comportamiento de las ventas de automóviles a particulares». Este mercado ha sido el que más ha tirado en los últimos años. Hasta el año pasado, de los más de 31.000 millones concedidos en todo tipo de préstamos, los destinados a la compra de coches representaron casi un tercio del total, con un crecimiento medio del 17%, según Asnef.

 

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