El fiasco político de la salida a Bolsa de Bankia marca el juicio

Vista general de los acusados en el juicio. /Efe
Vista general de los acusados en el juicio. / Efe

Alcanzado su ecuador, muchas declaraciones se han centrado en el papel del Gobierno y del Banco de España más que en la gestión

José Antonio Bravo
JOSÉ ANTONIO BRAVOMadrid

Los cinco largos años por los que se extendió la instrucción del llamado 'caso Bankia' valen ahora para poco. Desde enero ha llegado la hora de la verdad para las 34 personas acusadas, incluidas la propia entidad, su matriz BFA (Banco Financiero y de Ahorros) y la auditora Deloitte. Para condenarlas o declarar inocentes solo valdrá lo que se pueda demostrar durante el juicio o, no lo olvidemos, también lo que no se pueda desacreditar.

En el procedimiento existen miles de folios centrados en las aparentemente más que deficientes cuentas de Bankia de 2010 a 2012 - «había la sensación de que eran poco creíbles y alejadas de la realidad», confesaba esta semana el entonces presidente de BBVA, Francisco González-. Pero de esos papeles y sus números, que durante la prolija práctica de la prueba documental cobrarán toda su importancia, poco se ha hablado hasta ahora pese a que pueden ser la clave para una condena.

Tanto gran parte del interrogatorio de los acusados, sobre todo de la antigua cúpula del banco, como los testimonios de los personajes más mediáticos que intervinieron en aquellos hechos se han centrado en las responsabilidades más políticas. Y la conclusión que puede estar sacando el tribunal de la Audiencia Nacional que preside la veterana magistrada Ángela Murillo es que fue todo un fiasco, del que incluso alguno pareció darse cuenta en aquel momento, aunque ello pueda no tener trascendencia delictiva a priori.

«Yo quise parar la salida a Bolsa porque pensaba que aquello no valía nada o muy poco, al no haber un gran inversor institucional extranjero». Así lo declaró Francisco González, quien dio a entender que vino a ser la 'voz de la conciencia' del sector financiero español en aquella época ante el caso de Bankia, el que «despertaba más temor» entre todas las entidades pese a que la crisis que estalló en 2008 se había generalizado e incluso agravado. «Pero desgraciadamente no se hizo caso».

Sin «muchas más opciones»

«Había la sensación de que si Bankia fracasaba lo hacía España», dijo el expresidente de BBVA, muy crítico con el papel del Banco de España dirigido por Miguel Ángel Fernández Ordóñez. Primero, por haber permitido la fusión 'fría' (SIP) de «cajas buenas y malas para obtener cajas peores», como definió el nacimiento del banco que encabezaba Rodrigo Rato, quien responsabilizó de ello al propio supervisor y al Gobierno de la época, dirigido por José Luis Rodríguez Zapatero. «No recuerdo que tuviéramos muchas más opciones», señaló, porque era «un proceso que nos venía dado para poder acceder a capital». De hecho, el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) les inyectó a cambio 4.465 millones de euros.

Pero, ¿quién o quiénes les indicaban «esos pasos»? «Tendrá que preguntarle al Banco de España», insistió Rato a preguntas de la Fiscalía Anticorrupción. No fue el único, según él. La entonces vicepresidenta económica del Ejecutivo, Elena Salgado, «nos empujó a salir a Bolsa antes de septiembre (de 2011)», e incluso dijo recordar «perfectamente» haber recibido varias llamadas suyas al respecto. Quien tuviera el mismo cargo con el Gobierno anterior de Mariano Rajoy, antes de dirigir el FMI y pasarse luego a la banca, llegó incluso a señalar que en última instancia fue «una estrategia del Congreso de los Diputados».

A tanto no han llegado otras declaraciones, ni de acusados ni de testigos. Algunos de estos últimos, no obstante, sí han incidido en que «tanto su constitución como la salida a Bolsa fueron un error, ya nadie lo pone en duda». Así lo dijo Luis de Guindos, el ministro que afrontó «el mayor rescate bancario con fondos públicos en la historia del país» -terminó sumando 22.424 millones en ayudas públicas-, como lo ha definido el propio tribunal.

Para el hoy 'número dos' del Banco Central Europeo (BCE), la tardanza en actuar de aquel Gobierno socialista y del supervisor agravaron la crisis de Bankia, porque «dar una patada hacia delante no suele ser la solución» y «más cara te acaba costando». En la misma línea, González dijo que parecía que «se quería ganar tiempo sin que entrara el Estado (un rescate)», mientras que del Banco de España apuntó que es «la entidad natural que debe regir estas cosas» pero «no estaba»: no adoptó medidas a tiempo. Que «cada uno haga su juicio de valor», apostilló.

El supervisor se 'defiende'

En esta tesitura, el exgobernador Fernández Ordóñez que venía como testigo parecía por momentos un acusado más, aunque la Audiencia Nacional ya salvó al supervisor del banquillo, al igual que a la CNMV. «Ha acabado bastante bien», fue el sorprendente balance que hizo de aquella salida a Bolsa, donde -insistió- «la iniciativa fue de la entidad». «No autorizamos, lo que hicimos fue no oponernos», precisó después sus palabras para despejar responsabilidades. «Las cuentas (de Bankia) son cosas de gestores y del auditor», pese a que solo un día después De Guindos le recordaría que ellos eran «la autoridad contable».

Pero ese cruce de reproches poco le aporta el tribunal para dirimir si hubo delito, al igual que tampoco si el Gobierno aceleró o no la publicación de un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) que pudo dar la puntilla a Bankia. «No creo que hubiera dolo», dijo González en su único guiño a Rato y su equipo. En todo caso, matizó, «un conjunto de circunstancias y errores propiciadas, sobre todo, por el poder político». «No fue culpa sólo de los gestores», abundó en su idea eximente.

La crisis sería el otro atenuante de lo que ocurrió, según el exministro y el hoy presidente de Bankia, José Ignacio Goirigolzarri. Pero eso no lo explica todo y aún faltan los testigos más técnicos por declarar, cuando se abundará en si las provisiones se hicieron bien y si eran suficientes, si el auditor dejó hacer sin más o realmente se 'bloqueó' su trabajo retrasando la información y si el 'agujero' del banco se dejó pudrir.

Una «omisión de decisiones» que no fue delito

Hasta ahora ha habido durante el juicio varias referencias al papel de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) en la salida a Bolsa de Bankia. Al fin y al cabo, era el regulador y, como argumentó ante el tribunal quien fuera 'mano derecha' de Rodrigo Rato en la cúpula del banco, José Manuel Fernández Norniella, «si el folleto fue revisado y autorizado por la CNMV qué íbamos a corregir».

Un mensaje parecido lanzaron otros acusados en sus interrogatorios. Incluso entre los testigos, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, exgobernador de Banco de España, refirió que el control de ese polémico estreno bursátil competía expresamente a la Comisión, si bien matizó que a su juicio lo hizo «muy bien». No piensan igual, sin embargo, los jueces de la Audiencia Nacional, y mucho menos las acusaciones.

Aunque la Sala de lo Penal les excluyó en septiembre de 2017 del juicio porque su conducta no fue «atípica penalmente», sí la censuraron dando a entender que pudo haber «ausencia de diligencia». Pero «la ley penal no castiga la ausencia de actividad de la autoridad económica», por mucho que esa posible «omisión de decisiones» hubiera coincidido con unas supuestas cuentas «mendaces». Los entonces responsables de la CNMV, Julio Segura y Fernando Restoy, podrán dar su versión el próximo día 30.

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